¿Qué lecturas os seducen más?

domingo, 11 de marzo de 2012

Poesía en blog, XLVII: Ruth Ana López

El umbral





En el umbral,
a la espera del designio: lo diabólico o lo divino,
lanza la última mirada, desanda pasos,
llega al principio.


¡Sí!, al preciso instante, al paso por el túnel primitivo,
donde la inocencia viste al cuerpo de blanco,
y las imágenes sobrepuestas, como fotografías,
una arriba de otra, lastiman los recuerdos,


y comienza la danza de sonrisas níveas,
y sonrisas oscuras, los latigazos
que van y que vienen, lacerando,
y los escombros se arrastran como gusanos.


El verdugo, a veces uno, a veces otro,
a veces ambos
las carcajadas, la dicha, como relámpagos esporádicos,
iluminan el rostro de la felicidad,
dejan aromas de nostalgia, incienso barato.




Todo un ritual engendrado en el vientre del destino.


Los suspiros pasan de largo
las mariposas grises, vuelan alrededor
animal enjaulado, devora los lamentos,
se pierde en el fondo del abismo,
preñado de pánico,
reducido a la sombra de lo abstracto:


¿quién escucha el grito?
el rumor del propio llanto?
el terror que mortaja, el leve aliento?

momento congelado,
inesperado rayo,
frío derrite, frío trae
los pasos temerosos,




y el olvido




y los fantasmas, visitan,
otra vez en el umbral,
bajo el alero,
donde un cuervo dice que la hora ha llegado.




El enigma tiembla
y la conciencia pregunta:
¿quién abrirá la puerta?


Rechinan las bisagras,
el alma destempla.


El cuervo se espanta, en afán del vuelo,
una pluma escapa,
y cae en sus manos, negra y sola,
como pluma negra de cuervo


(dos gotas de sudor, corren por la espalda,
una temerosa, otra resignada),


y los pasos escuchan
y los oídos sangran,
los ojos crispados
la presencia asoma la cara,
la luz de su mirada,
penetra,


despliega alas un brazo sombrío,
y el coro de ángeles canta.


Un tridente señala el camino.


¡Oh!, ¡no, no!, ¡no!
no puede creer lo que ve:
un ser mutado,
mezcla de dios y de diablo.

El cuervo vuela a lo lejos,
la pluma sigue en mi mano.















Ruth Ana López Calderón (Sucre, Bolivia, 1968) es secretaria, madre, viuda y, por si no le bastara, una poeta en ciernes enamorada de las letras y, casi a destiempo —como nos refiere ésta— escritora accidental que empezó su recorrido en una madrugada de insomnio de 2010. Todo un hallazgo.














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Algunas prosas escogidas, XXXVI: Mirta Bretaña

La sorpresa


Siempre me había gustado especular con el tiempo. Tenía la convicción de que los hechos inevitables, ocurrían tomándonos como instrumentos sin tener una participación consciente. Pero esta vez había decidido planear todo cuidadosamente, no iba a dejarme sorprender por nada. Estaba en juego aquello que hace que la vida tenga sentido y que podamos saber quiénes somos sin tener que esperar a morirnos.
Con Alejandra nos conocimos al ingresar en la escuela secundaria.
—¿Cómo te llamas?
—Liliana —le dije—, ¿y vos?
—Alejandra, ¿nos sentamos juntas? (así nos encontró el último día después de cinco años ricos en alianzas y diferencias que, sin embargo no pudieron separarnos).

 
Ella continó los estudios de Derecho y, yo, terminé la licenciatura en Matemáticas.
Pasábamos largos ratos discutiendo insondables ideas seudofilosóficas que nos dejaban con ganas de seguir.
La visión existencialista que siempre me atrajo e investigaba con fruición prendió en mi pensamiento sin abandonarme nunca. «Las personas son buenas en esencia pero sujetas a circunstancias que las controlan y que no son racionales». Mi modelo social yacía en el protagonista de La caída, y pensaba que Camus lo había retratado con certeza.
No coincidíamos, ya que Alejandra creía que había otras miradas para analizar la existencia. Nos casamos con cuatro años de diferencia, siendo yo la primera.
Cuando le presenté a Fernando me dijo que era el hombre ideal para neutralizar mis arrebatos de perfeccionista y aportar flexibilidad a mis ideas estructuradas.
Para él conocerla fue interesante porque nuestro noviazgo había sido breve y nuestras largas charlas compartidas hablaban de nosotras.
Alejandra se casó con Luis y formamos un grupo muy cercano planeando viajes y encuentros. Poco después de nacer Luisito, su único hijo, me comentó que no andaba bien su matrimonio. Traté de alentarla a continuar pensando en una crisis pasajera. Hubo momentos en los que me confiaba episodios de su vida en común que no dejaban de asombrarme por lo íntimos. Según ella había muerto la pasión y el vínculo agonizaba día tras día distorsionado por grises diálogos sin interés. Cuando se separaron no supimos más de él y las visitas de Alejandra a mi casa se hicieron más frecuentes. En la sobremesa se quedaba hablando con Fernando en quien era evidente, había encontrado el interlocutor que necesitaba.
En esos días pensé que esa relación ocultaba facetas desconocidas para mí y la sospecha fue invadiéndome sin que sintiera decepción de mí misma. Siendo los dos abogados a menudo hablaban de temas referidos a la profesión de los que me sentía excluída.
Mi atención a los detalles era vigilante, cenital.
Todo cobraba importancia, una palabra, las manos (tan elocuentes), las miradas, cierta expresiones solo comprensibles para quien sentía como yo que ellos compartían un secreto.
No podía decir nada, no tenía evidencias pero sutilmente mi relación con Fernando fue sufriendo insensibles cambios y se instaló en mí un frío que como una bruma me iba envolviendo.
Pensando en mi propio esfuerzo por fingir que no pasaba nada no entendía como él podía mostrarse tan natural a pesar de la doble vida que llevaba. Cada frase mía presuponía muchos análisis y ensayos acabando extenuada cada día.

Una tarde de regreso a mi casa me detuve frente al edificio donde vivía mi amiga. Miraba su ventana y algunos recuerdos se hicieron presentes: el abrazo interminable cuando recibió su título, las lágrimas cuando se quebró su matrimonio, la preocupación que nos encontraba desveladas en las noches cuando se complicó la neumonía de Luisito y más recientemente los días enteros a su lado cuando tres meses atrás tuvo un accidente con su auto. También recordé con nostálgica sonrisa nuestras disquisiciones literarias. A ella le encantaba Whitman, sus largos versos sálmicos.
—Los prefiero porque celebra el universo, aún lo malo —decía.
Yo en cambio prefería autores como Flaubert que pensaba y escudriñaba cada palabra analizándola obsesivamente.
¿Dónde estaba toda esa complicidad que había sido tan auténtica en nuestras vidas y que ahora me parecía tan falsa? ¿Pueden desintegrase los sentimientos hasta transportarnos a un tiempo sin memoria?
Todo había muerto. Me sentía estafada y no podía perdonar. En esto estaba cuando ví salir a mi marido de la casa de Alejandra.
Algo ardiente revitalizó mi humillación, no iba a permitir que subestimaran mi inteligencia. Necesitaba esclarecerlo todo.
Una situación fortuita me dio la oportunidad. Debía viajar a Buenos Aires para resolver un asunto administrativo relacionado con una propiedad. Resolví invitarla. Sería un viaje de cuarenta y ocho horas ya que saldríamos el jueves para regresar el sábado. Esa noche la llamé, dudó bastante antes de aceptar lo cual entendí, seguramente sería difícil compartir esas horas y mirarme cara a cara.
Por su parte Fernando se mostró reservado. Por momentos parecía querer explicarme algo, pero como yo sabía de que se trataba eludía toda posibilidad de diálogo.
Finalmente partimos. Una gran opresión me invadía y sentimientos encontrados luchaban por manifestarse.
Ella se mostraba animada como quien ha tomado una determinación largamente pensada.
¿Cuáles serían las palabras que usaría para decírmelo? La miraba inquisidora tratando de adivinar sus pensamientos y dirigía la conversación hacia los recuerdos más significativos de nuestra relación. Notaba como se turbaba y simulaba conmoverse, hasta me pareció ver cierta humedad en sus ojos.
¿Qué cara pondría cuando viera que no me sorprendía nada y que hasta había dejado todo arreglado? Él recibiría noticias de mi abogado para concretar nuestra separación. Le diría que mi estilo era simplificar, no iba a impedirles continuar con su historia. Irónicamente recordé que me encantaba dar sorpresas, me sentía dueña de la situación y cierto amargo placer recurrente se apoderaba de mí.
Paramos a comer algo en uno de los tantos lugares de la ruta.
Dos horas después, Alejandra estaba muerta.
Todo ocurrió como si yo no fuera parte de esa historia.
De pronto se sintió mal, llegamos al primer pueblo y fuimos al hospital donde escuchaba decir algo sobre paro respiratorio, denunciar a la policía. Me preguntaban insistentemente diferentes cosas. Me dijeron que habían llamado a mi casa y que me quedara tranquila.
No sé cuanto tiempo pasó. Pensaba en lo indescifrable del destino y una infinita sensación de angustia y confusión se adueñó de mí.
Alguien me anunció que había llegado mi esposo.
Cuando entró al cuarto yo estaba mirando por una ventana.
La soledad de la noche y algunas luces intensas iluminaban un cielo impaciente, cargado de sombras. Se acercaba una tormenta.
Su voz me llegó desde muy lejos y muy pausadamente bebía sus palabras mientras una mortal desolación me iba cubriendo.
—Imagino lo que esto es para vos —me dijo, mientras me abrazaba—, pero hay algo muy importante que debo decirte, Alejandra sabía que iba a morir. Hace tres meses cuando se accidentó con el auto fue porque había perdido el conocimiento por unos momentos, eso motivó la consulta y el posterior diagnóstico de un tumor cerebral inoperable. Lo primero que hizo fue llamarme. No quería que supieses nada hasta que fuese inevitable. Fuiste su apoyo incondicional, su amiga entrañable. Quería compartir este viaje como lo que seguramente sería su último viaje. Le preocupaba tu tristeza, sabía cuanto significaba para vos y cuanto la querías. Pero debes ser fuerte. La semana pasada me pidió que fuera a su casa para ponerme al tanto de la situación de Luisito, me dijo que era un consuelo enorme saber que contaba con nosotros para protegerlo. También desde hace tiempo fue derivándome sus casos del estudio para que me hiciese cargo, y jamás podré olvidar la expresión de su rostro cuando la escuché diciéndome que agradecía a la providencia haber gozado de una amistad como la tuya.
—Vamos... por favor, ¡no estés triste!






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Mirta Nilda Bretaña es una narradora argentina residente en Buenos Aires. Recientemente ha estrenado un blog dedicado al estudio de los relatos de J. L. Borges, autor que, sin duda, ha ejercido de espejo para formarse como autora. El relato que hoy publicamos aquí formó parte, el pasado 2011, de una antología de autores argentinos galardonados en sus respectivas trayectorias literarias.












Ayuda Directa con los niños de Haití



La ONG catalana, a la vez colaboradora de LITERATURA DEL MAÑANA, está llevando a cabo un proyecto de cooperación en Haití cuya finalidad es la construcción de una escuela infantil para los damnificados en la catástrofe de 2009. Las imágenes que siguen, que publicamos aquí por cortesía de Ayuda Directa (tomadas por los miembros de la agrupación en su último viaje a la isla hace poco más de un mes) son viva prueba de ello:









Para saber más: www.ayuda-directa.net



Galería de imágenes completa: https://picasaweb.google.com/lh/sredir?uname=117328727476845739482&target=ALBUM&id=5711184442892417345&authkey=Gv1sRgCI3R-pb7ts_hsAE&feat=email  







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Poesía en blog, XLVI: Üzeyir Lokman





SAVAŞ DANSLARI



Devir değişti babalık
adamlar savaş dansları yaparak
işgallerle para kazanıyorlar…
Görmüyor musun yağmalamaları
bombalamaları ?
Canın çıkıyor üç beş kuruş kazanacağım diye…
Senin alın terin şimdi ne işe yarar ?
Uzaklardan gelen
tanklar geçiyor sokaklarından
seni sorguya çekiyorlar niçin doğdun diye!
Bir şey diyemiyorsun...
Yakında bu gidişle hukuk dersleri de kaldırılacak
okullardan.


İnsan hakları deniliyordu ya sağda solda...
Sen söylenilenlere inanma!
Görüyorsun ya her şey yerinde değil şimdi?


Devir değişti babalık
silah tüccarları
inşaat sektörleri
idare ediyorlar ülkeleri
bunu anlamayacak ne var
savaşla satacaklar ürettiklerini!


Gel benim sözümü dinle!
İlerde çocuk acısı çekmemek için evlenme
onların işleri hayalî düşmanlar üretmekle
tehditle falan yürüyor...
Bu yolla küçük küçük ülkeleri “kurtarma” adı altında
birer birer ele geçiriyorlar.
Siz birbirinizle döğüşürken
onlar
yeraltı zenginliklerinizi tüketecekler.



Geçmiş acılarla yüreğinize otururken
ne desem ki size?
Artık biraz anlayışlı olun!
Adamların işlerini kolaylaştırmak için kendi halklarınızla
Kavgaları artırın!
Bir kaç gruba bölünün ki işleri kolaylaşsın onların!
Unutmayın ki çıkarlar sevgiyi yok eder
sevgisiz bir toplumun ferdi olmak
eğitimsiz bırakılmak onların tek isteği…
Aydınlıkta kalmak veya karanlıkta yaşamak
Sizin elinizde!
Biliyorsunuz güneş vaktinde doğar vaktinde batar...
Keserler sonra başını
vakitsiz öten horozların!



Devir değişti babalık
adamlar savaş dansları yaparak
işgallerle para kazanıyorlar…
Görmüyor musun yağmalamaları
bombalamaları ?
 
 
 
Poema e imagen: ©Üzeyir Lokman


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domingo, 4 de marzo de 2012

Algunas prosas escogidas, XXXV: Ronie von Rosa



O verbo suprimido

Foi em um dia normal. Qualquer dia de normalidade próxima ao abismo. Mas normal. Todo o dia é dia. E ponto. E acabou. O dia. No ponto. Exato ponto onde já não é mais dia... então ele parou. Opção pensada. Doença cruel e irremediável. Loucura advinda de genes moralmente abalados de um passado obscuro.
Obscuro era o motivo, a razão da ausência do verbo na boca de Ermiliano Girondino.
O silêncio, tal como demônio que possui corpo abandonado de alma, dominara todos os ecos e vibrações sonoras do corpo de Ermiliano. A língua estava morta. Já não havia sibilações, vibrações... como o demo, o som havia sido excomungado para infernos outros. As cordas já não vibravam nem tiniam.

E assim Ermiliano, vulgo seu Liano, continuava sua vida, agora balizada por um silêncio que era seu, mas que por onde passasse mais silêncio assim somava o dele e o do outro e o daquele que ao não ouvir a voz alheia, cansado de a sua ouvir calava o som exterior e falava no cérebro, pra dentro da cabeça e a voz dormia na língua que já não batia. Na rua, cumprimentava o povo com os olhos grandes e castanhos, e a intensidade e nuances determinava o humor de seu corpo e espírito.
A mulher, ainda longe da velhice, mas já bem distante da mocidade, nos primeiros tempos chorava e implorava para que ele falasse. Ele sorria. Mexia a cabeça afirmativamente ou negativamente. Afagava carinhosamente o rosto da esposa e dormia sorrindo. No seu silêncio ela foi. Com a filha e o filho. Táxi na porta. Malas e maletas. Desilusão e lágrima. Ainda na cama Ermiliano dormia. E no seu sono ela ia embora. A família emudecera. Já não havia mais. Então resolveu que o escritório não era adequado para o seu silêncio. Deitou na cama e fez a grande recusa. Desligou o rádio. A televisão.

Um dia, percebido na ausência que permitira a sua percepção, recebeu a visita de um colega de trabalho. O outro falou. Falou. Argumentou de todas as formas e maneiras que pôde. Nada conseguiu. No telefone chamou outro amigo, e outro. Em seguida uma emissora de TV local também estava. Todos falavam. Todos perguntavam. O verbo se enroscava entre as línguas ferinas, libidinosas. O verbo lambia o silêncio de forma imoral. O verbo possuía. Estuprava, violentava. Poluía. Ar, rio, matas e cérebros. O verbo se inscrevia nas árvores e as apodrecia, infiltrava-se nas intenções e tudo deturpava ao seu interesse.
Preso e de olhos esbugalhados diante daquele circo de horrores, Ermiliano pensava em chorar. Pensava em morte, suicídio. Seus olhos tentavam através de códigos vários, nuances infindáveis se comunicar com os outros. Mas ninguém ouvia os olhos de Ermiliano, ouviam só o que diziam. Comiam suas próprias palavras. Alimentavam-se da própria carne.

Fotos. Muitas fotos retratavam Ermiliano. A imagem. A imagem e o verbo infernal. Ambos em prol da representação de Ermiliano Girondino. Já não era ele. Seu Liano que estava ali. Mas sua representação. Resumido em pequenos textos, consumido em artigos pessimamente elaborados. Retorcido através de uma ótica doentia e perversa. Difamado em letras simplórias que construíam um Ermiliano bufão e engraçado. Um bobo? O verbo recortava o perfil. Definia o psicológico. A imagem, correndo atrás, focava o olho excludente de sua visão parcial nos objetos que poderiam significar algo além do que significavam. A mulher foi encontrada para dar entrevista, ficara famosa. “A mulher do homem sem voz. A mulher do homem mudo. A mulher do sem voz. A mulher do silêncio.” E agora já não chorava. Falava. Possuída pelo verbo. Proferia frente às câmaras fotográficas e aos gravadores sua triste história junto ao marido.

Rejuvenescera. Comprara roupas novas. De alma vendida. Como prêmio recebera as benesses da mídia. Dinheiro casa e alguns contratos. Sem o mérito da defesa e ausente de voz verbal, Seu Liano foi colocado em um manicômio. Louco.

No primeiro dia tímido. Já no segundo começou a grande revolução. Coisa nunca antes vista. Falava com os olhos. E os outros entendiam. E tudo começou a silenciar. Vasto e grandioso. Denso e poderoso. O silêncio começou a tomar conta de todos e de tudo. E o verbo começou a ser esquecido. A palavra abolida.

O manicômio era como um grande “buraco negro” na rua, espaço da anti-matéria, e logo em seguida toda a rua começou a emudecer. As pessoas já não queriam falar. Já não havia interesse. O verbo doía, soava estranho em bocas que se contorciam e gargantas que se espremiam em guturais sentidos.
Passado alguns anos um grande silêncio tomara conta de tudo, e o discurso agora era do silêncio. Os gestos eram mais bem entendidos, as expressões faciais estudadas e interpretadas, tratados sobre as nuances e significados do brilho dos olhos eram escritos. As proximidades eram mais pretendidas que as distâncias. Então os manicômios perderam sua importância e Ermiliano voltou para casa.

Foi em um dia normal. Qualquer dia de normalidade próxima ao abismo. Mas normal. Todo o dia é dia. E ponto. E acabou. O dia. No ponto. Exato ponto onde já não é mais dia... então ele parou. Opção pensada. Doença cruel e irremediável. Loucura advinda de genes moralmente abalados de um passado obscuro. Obscuro era o motivo, a razão da presença do verbo na boca de Ermiliano Girondino.
Então falou.





Relato e imagen: ©Ronie von Rosa Martins

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Agenda cultural de marzo de 2012. Exposiciones, conciertos y conferencias:






Conferencia. Maria Rosa Vives analizará los diez años de vida de su columna Jo dec ser d'una altra galàxia en el Diari de Terrassa. El próximo 1 de marzo en el Ateneu Terrassenc, Paseo del Vapor Gran, pasillo B, a las 19.30 h.







Concierto. La filarmónica de Puig-Reig amenizará la gala del 20º aniversario del Rotary Club de Terrassa. El próximo sábado 3 de marzo a las 21.00 h en el Auditorio de Terrassa.





Espectáculo. The three seasons, show alternativo que combinará pintura y música, como ya fue habitual en el pasado reciente del artista egarense Xavier González, tendrá lugar el próximo 22 de marzo en Londres. Una exposición un tanto especial que tendrá como objeto la presentación de la obra El paso del río Mara. Más información en: www.gonzalezdegara.com













Exposición Mirades. Cementerio de Pueblonuevo, del fotógrafo Juan Baillés. Inauguración: 15 de marzo a las 19.30 h en la nueva sala de Arte Aula Cultural, Avenida Barcelona, nº 84 (Rubí). El artista nos llevará en un extraño recorrido por uno de los cementerios más prolíficos, en cuanto a arte funerario, de toda Cataluña, ayudándonos a entender un arte sacro que, desde el XVIII ha ejercido también de espejo de las vanguardias artísticas del momento...






Conferencia Los retos de la crisis, a cargo del profesor Arcadi Oliveres. El próximo 20 de marzo a las 19.30 h en el Ateneu Terrassenc: Passeig del Vapor Gran, 39 pasillo B, Terrassa.









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