¿Qué lecturas os seducen más?

domingo, 19 de diciembre de 2010

Prosas escogidas (VI): Gemma Solsona Peñarroya


Cada día lo detestaba más. La pasión que le condujo hacia él se había desvanecido como el humo se difumina en la atmósfera. Las cuatro paredes de su alcoba eran su prisión. Tumbada en la cama, cerró los ojos y simuló dormir para no llorar de rabia. Su cuerpo, a su lado, desprendía ese olor a sudor agrio que le repugnaba desde hacía años. Noche tras noche, muriendo en silencio. Su aliento a alcohol y a tabaco le hacía sentir arcadas. Su rostro, sin afeitar durante varios días, y sus dientes amarillentos, le daban náuseas.
Siempre igual, pensando en él mismo y en satisfacer sus necesidades básicas primarias: comer, dormir, y practicar sexo. Un sexo de autocomplacencia, sin cariño, sin ternura, y con pereza para hacerla gozar e impregnarla de placer. A ella le molestaba hasta oírle toser por la mañana, porque le recordaba que aún seguía ahí. Hubiera deseado que se borrara para siempre.

Cada vez que Hugo articulaba una palabra, ella lo aborrecía más y más. Sus treinta años de matrimonio le avalaban que escasas veces saldría de su boca algún cumplido o algún elogio para ella. Sólo un yate o un lujoso coche lo complacían, momentáneamente. El único regalo que le podía ofrecer a ella, como respuesta a sus preguntas, era algún mohín o un buen regaño, sin fundamento alguno.
Sólo se sentía satisfecho si recalcaba a su esposa que él era un genio, y que ella no había hecho nada en la vida. Ella hubiera anhelado que su pequeño nido de amor, de antaño, hubiera sido para siempre. Que se hubiera sentido arropada en el manto de la comprensión y de la complicidad. Y que cada noche le hubiera susurrado al oído sensuales palabras de amor para que se acunaran sus sueños. Quizás así, a ella no le habría acechado el desencanto que hacía tantos años que soportaba.









El seudónimo que utilizó para el pasado Concurso de relatos breves Diari de Terrassa 2010, fue la no menos erógena fruta silvestre del arándano, palabra que oculta el verdadero nombre de una ex colaboradora de ese periódico egarense en el que otros miembros que pasaron por este blog (Jordi Oller, Ángel Brichs, Domènec Povill, Albert Sisteró, Ramón Pierrá, Antoni Padrós...) han sido entrevistados o participado con sus artículos y opiniones.
Licenciada en Derecho por la UAB (1992), socia de la Gestoría Solsona, empresa familiar en la que trabajó durante años, hoy madre, hija y, si ello cuenta, doblemente experta en el sacramento vital del matrimonio y el mundano del divorcio, como mediadora familiar y abogada de familia, y en sus propias carnes, ella misma, cifra las experiencias necesarias para suscribir testimonios literarios a la altura del relato que acabamos de leer. Un suceso que si bien nos puede dejar indiferentes, al contar algo tan obvio como triste en nuestros días; prosa que podría, a sí misma, identificarse como de la experiencia, término al que llegamos en el momento en que nuestras vidas alcanzan su plenitud, pasadas ya las correrías de la infancia y los sinsabores de la juventud y la madurez, hecho del que, la misma autora nos hará partícipes en su próximo libro El sentit d'una vida, un relato autobiográfico que hace un recorrido no sólo por la vida de la protagonista sino por los cambios sociológicos a los que está afecta toda persona en su carrera por la vida, ungida allí en el correlato de pasiones y ambientes que encierran al individuo del XXI, eso sí, siempre adornado con la nueva ética nacida con este milenio: la autoayuda.









Copyright:

Relato e imagen:
©Gemma Solsona Peñarroya



Reseña:
©LITERATURA DEL MAÑANA



Publicado en este blog con el consentimiento de la autora:





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