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sábado, 2 de julio de 2011

Algunas prosas escogidas, XVII: Araceli Otamendi

El Día de San Valentín
Ocurrió en la víspera del Día de San Valentín. El 14 de febrero de un año de otra década. Es la historia de Ana. Corría la década liberal y Ana estaba casada y tenía tres hijos. Una hija y dos varones, el último de meses. Entonces Ana trabajaba y el marido de Ana, Roberto, también. Pero apenas nació el más chico de los tres hijos de Ana y Roberto, Roberto se quedó sin trabajo porque la empresa donde trabajaba decidió cerrar porque le parecía que la rentabilidad no era suficiente. Entonces Ana, además del trabajo que tenía, tuvo que buscar otros dos trabajos más para poder pagar las cuentas y subsistir, hasta que Roberto se ubicara nuevamente. De más está decir que Ana era una mujer laboriosa, inteligente y tenía muchas otras virtudes. Y además era buena madre. Pero Roberto se había deprimido porque la empresa donde él trabajaba había cerrado y le costaba asumir que no era fácil poder ubicarse nuevamente.

Y así era como Ana iba pasando los días entre un trabajo y otro, entre la crianza de los niños y la depresión de Roberto, entre vivir cada día con optimismo y confianza en que todo iba a cambiar.
Pero Ana se daba cuenta que a este paso, o se hacía más fuerte o toda su vida, incluida su familia, se desplomaba. Entonces juntaba fuerzas desde la mañana, pensaba en su vida, en todo lo difícil que le había resultado todo, en que todo lo que había logrado en su vida le había costado mucho y resurgia como el Ave Fénix, de las cenizas. Y fue así como Ana, además del trabajo fijo que tenía en una revista, también daba clases particulares y había conseguido trabajar también en una revista para personas solas. Nunca lo había hecho, eso de tratar con personas solas o que se consideraban solas, pero la necesidad tenía cara de hereje y la habian contratado como redactora.

Y fue así, como un día, junto con la jefa de redacción conoció a un escritor, bastante viejo, que estaba solo y buscaba pareja. Y Ana se sorprendió, se lo dijo después a su jefa, de este proceder de las personas que estaban solas y buscaban pareja de esta manera, porque sus ocupaciones les llevaban todo el tiempo de su vida y no tenían tiempo de conocer gente.
Ana se reía porque ella, había nacido y se había criado en una provincia y en la provincia las personas tenían todo el tiempo del mundo para conocer a otras personas, hablar y el tiempo corría de otra manera. Y fue así que Ana conoció a este escritor bastante vivido, con mucha experiencia, que ya se había casado más de dos o tres veces y no quería estar solo y quería formar otra pareja. Y por eso se había contactado con la revista donde trabajaba Ana.
La jefa de Ana, que al parecer sabía tratar con las personas que estaban solas y no tenía muy buen concepto de ellas, le confesó a Ana que las solas y los solos estaban siempre enojados. Por eso mismo, porque estaban solos, decía. Y Ana se dio cuenta que ese era un mundo extraño para ella, porque nunca había pensado así, que estar sola o solo fuera una posibilidad y que no conocía nada de todas estas personas en esa situación. Y fue así que el escritor le dijo a la jefa de Ana que quería conocer a una mujer joven, muy joven, aunque él fuera demasiado viejo. Y Ana se sorprendió de las agallas del hombre. Que como quería seguir disfrutando de la vida, para no estar solo. Y ese mismo día Ana tomó la decisión, no volvería a trabajar en esa revista, porque no podía entender cómo las personas podían estar tan solas en su vida y cómo ese hombre, con todos los años que llevaba encima y todos los matrimonios que llevaba a cuestas quería nada más que una mujer muy joven. Y también pensaba en que no le interesaba conocer ese tipo de personas, ni enterarse de sus problemas, donde todo se medía por una edad, o una posición social, o por una conveniencia y todo eso le dio asco y por eso tomó la decisión de no volver más aunque necesitara el dinero que ganaba para pagar las cuentas. Entonces Ana se despidió de su jefa, le dijo hasta mañana, y se tomó el ómnibus desde un barrio alejado hasta su casa.

Y era el Día de San Valentín y cuando llegó eran más de las once de la noche, su marido se había dormido mirando la televisión y los dos hijos mayores la esperaban con los cuadernos de la escuela para que los ayudara con las tareas, y el bebé también dormía, porque su marido ya lo había bañado y le había dado de comer. Entonces, el hijo mayor de Ana le trajo una bandeja con la comida a Ana que para ese entonces había arrojado los zapatos por el aire y la hija de Ana le había llevado un vaso de gasesosa y los dos hijos esperaban que Ana terminara de comer y les ayudara con las tareas de la escuela. Y ese fue un Día de San Valentín, que según dicen, es el Día de los enamorados. Y Ana les ayudó con la tarea a sus hijos más grandes y después le dio de comer a su hijo más chico, le cambió los pañales y lo hizo dormir y se durmió sabiendo que al otro día le esperaba una vez más la lucha.



Relato:  ©Araceli Otamendi
Imagen: ©Wikimedia Commons
 
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1 comentario:

revista Archivos del Sur dijo...

¡gracias por publicar mi relato!
saludos cordiales desde Buenos Aires, Araceli Otamendi

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