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viernes, 19 de agosto de 2011

Hechos pequeños que cambian el mundo



En plena temporada vacacional, la ong catalana Ayuda Directa fue la protagonista de un nuevo acto solidario




Fátima Ibsihyama, una joven viuda de treinta años, a cargo de su padre (un hombre mayor con graves problemas de visión) y de tres niños, a la vez que una de las familias que se encuentran bajo el programa de Ayuda Directa para la cooperación al desarrollo en algunas zonas de Sri Lanka fue la autora de una solicitud, definida por miembros de la agrupación como «anodina».
Y es que el plan de esta mujer para procurar el futuro de su familia (al menos a corto plazo) residía, tan sólo, en la compra de seis únicas gallinas.




Cuando el pasado julio algunos representantes de la ong fueron a Sri Lanka, entre su apretada agenda figuraba una visita obligada a casa de Fátima. Huelga decir en las condiciones pésimas en que se encontraban la vivienda y sus integrantes. Una familia pobre que se ha adaptado como ha podido a su situación precaria, enfrentándose a su incierto destino literalmente sin nada:

 
«[...] Cuando conversábamos en su humilde casa, nos dimos cuenta de que nos enfrentábamos a una situación de precariedad absoluta y de extrema pobreza, además de que su vivienda no reunía las condiciones mínimas de higiene, ya que se encontraba infestada de ratas, escorpiones, arañas de gran tamaño y de todo tipo de insectos [...]».
(Marcial Peralejo, presidente de Ayuda Directa)

Al margen de los negocios de subsistencia (basados principalmente en el comercio del intercambio de alimentos), que, familias como la de Fátima desempeñan cada día gracias a las ayudas que reciben de diversas personas y entidades como la que lidera Marcial; Ayuda Directa ha proyectado, para este año, una inversión de 20.000 € que se destinará para mejorar la calidad de vida de más de mil personas en esta zona de Asia.

Después de realizar tareas de limpieza y una ligera reforma de la vivienda de Fátima, Ayuda Directa realizó unas charlas sobre higiene doméstica a muchas de las mujeres beneficiadas con sus programas de desarrollo.
Pero fue Fátima, una de esas caras «sin rostro» de ese tan ufano mundo de la pobreza, quien nos ha enseñado que la humildad no sólo habita en aquéllos que carecen de recursos, sino en la simplicidad de aquellos hechos pequeños que devienen grandes, gracias a la complicidad entre las personas.






Imágenes: ©Ayuda Directa
 
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