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lunes, 5 de abril de 2010

Al son de nuestra canción (relato)


"Nuestra colaboradora, la escritora Pilar Ana Tolosana, nos trae un nuevo relato en el que puja por valores tan cotidianos para todos nosotros -como para la literatura posexistencial que ella suele cultivar- como son la soledad, el tiempo, el destino, el amor o la vida."
LDM




“Al son de nuestra canción”



Cierto día escuché la canción de mi vida, y las palabras las pude registrar en mi cuaderno de notas; pero la melodía al no poderla descomponer en una partitura por no ser docto en solfeo… Comencé a silburrear las para mí, tan reveladoras notas de nuestra historia en este mundo del frío y el desamor entre las gentes.


Al salir de ese bar donde había hallado inconscientemente aquella tonadilla, que conmigo dejaba definitivamente aquel lugar hosco, y en donde nunca nadie llegaría a valorarla como yo lo hacía… Mientras estaba de espera en el aeropuerto de Madrid silbé de nuevo, dejando que las notas se impregnaran en un niño de unos cinco años, al que su familia acompañaba a unas islas de Australia. Todos oyeron la canción, pero sólo él guardó el recuerdo en su memoria.
Días después, aquel niño volvió a silbarle al oído la melodía de la canción a una niña enferma de leucemia, que conoció en un hospital al ser hospitalizado él con una neumonía. Seis meses después los padres de ésta, decidieron internarla en una clínica de Osaka; el viaje la cansó tanto, que agonizó a las pocas semanas de haber llegado… Sin embargo, antes de morir, la alegría y la paz la inundaron cuando sorprendió a su madre con mi canción.
La madre volvió destrozada a Atenas, donde había nacido y vivido su infancia. Estaba destrozada con la expiración de su hija. Entonces, quiso hacer algo bueno por los demás, y pasó la mitad de su vida en Angola ayudando siempre a todo aquel que lo necesitaba, y obsequiando con sus manos a quienes llegaban hasta ella. Se enamoró de ella un médico de Toronto, que había ido a realizar allí una labor humanitaria; su padre enfermó derepente cuando estaba de vacaciones en Brasil.
Coincidí con él en el aeropuerto de São Paulo.
Yo estaba triste y ojeroso; los años no me habían tratado muy bien y lloraba por el que yo creía mi último desengaño amoroso, en el que ya había apostado treinta y dos años. Entonces ese hombre me hizo olvidar todos mis problemas en ese preciso instante, cuando silbó de nuevo aquella canción perdida, que ni yo pensaba recordar nunca… La misma que su amada le chifló con suavidad antes de que se despidieran, la que fuera el mejor regalo para una madre desconsolada, la que fuera el beso entre dos niños que deseaban volver a verse, la que se compuso para desaparecer en una noche de primavera…
La misma melodía que ya había sido capaz de recorrer tantos lugares del mundo, se había convertido ya en la canción de la vida de muchos…


En la CANCIÓN de NUESTRA VIDA.




Copyright:


Del relato y de la imagen:

Pilar Ana Tolosana©


Introducción:

LITERATURA DEL MAÑANA©


Publicado en este blog bajo el consentimiento de la autora:



lunes, 22 de febrero de 2010

Juegos oscuros (microrrelato)



"Pilar Ana nos trae un relato que tiene visos de la película, El Rey del Juego"
Ángel Brichs
escritor y crítico literario




Juegos oscuros


Aquella era la última partida. No me quedaba más dinero para apostar, pero las cartas que me habían llegado no estaban del todo mal.

Cuando me levanté por la mañana, pensaba que iba a tener mejor suerte pero, seguramente esa era la misma impresión que habrían tenido el resto de los jugadores, aunque nuestras cuatro ideas serían desbancadas por las del mafioso con gafas de sol y traje de marca italiana, que nos estaba ganando las cuatro partidas que habíamos jugado.
Las dos primeras veces, nos ganó a todos mostrando su escalera de color y su póker de dieces respectivamente. En sucesivas partidas, las buenas manos no fueron para él; si bien decidió "subir" la apuesta, y hacernos pensar a todos que era mejor que nos rindiéramos.
En la penúltima, la señora pomposa y aristocrática de mi derecha se vio ya sin dinero como para igualar las pujas, y simplemente "no fue". Los otros dos, el chino y el vaquero cowboy se retiraron a media partida con un "full" y un trío de damas… tampoco aguanté yo con mi escalera sucia. Volvió a ganarnos el de las gafas, faroleando con un par de doses.
Sin embargo, esta vez no podía fallar. Me había subido un póker de ases. Todos se retiraron ante el aumento de la apuesta.
Seguro de mí mismo, enseñé mis cartas y todos me felicitaban cuando aquel corpulento fanfarrón de gafas oscuras puso sobre la mesa la mejor mano posible, la escalera real. Fui el último en abandonar el local; me daba miedo volver a casa.



Copyright:


Del relato:
Pilar Ana Tolosana©


De la imagen:
Abi Pap, 2010©


Publicado en este blog bajo el consentimiento de la autora:
http://www.literaturadart.blogspot.com/

sábado, 12 de diciembre de 2009

Una mirada hacia el suspense más cotidiano, por Pilar Ana Tolosana

El siguiente microrrelato que tenemos el gusto de presentarles, "En el sótano", cuya autora es una de nuestras habituales colaboradoras de este blog, la escritora vasca Pilar Ana Tolosana, se presenta como una alternativa a nuestros temores cotidianos, donde los sentimientos más pueriles se unen a la, a veces, extraña realidad del mundo en que vivimos, en donde conceptos tan absurdos como la existencia de un submundo en el que habitan todo tipo de seres esperpénticos (el vagabundo, el cocainómano, los inmigrantes ilegales, los okupas, los chaperos...), a los que hemos erróneamente idealizado como individuos de otra dimensión y con los que raramente queremos toparnos, tarde o temprano pueden invadir nuestro "espacio", rompiendo esa línea imaginaria que nos habíamos trazado. Un mundo fantástico que desaparece cuando comprendemos en nuestras propias carnes que, aquellos que yacen ahí fuera no son tan diferentes de nosotros y, aunque no queramos admitirlo o no nos guste demasiado, hemos de aprender a convivir con ellos bajo ese mismo techo en el que habitamos todos y que se llama Sociedad.






EN EL SÓTANO

Esa misma tarde llegué a casa desde el hospital; me había roto la pierna izquierda y me habían inmovilizado la extremidad con yeso… Así que me esperaban unos cuantos días de convalecencia.
Mi hermano se había hecho cargo de la situación, y ahora que estaba en paro, había prometido ayudarme en todo lo necesario. Sólo tenía que esperar unos minutos a que se presentara… cuando los ruidillos que provenían del sótano se hicieron más toscos y penetrantes.

En un principio lo atribuí a que las cañerías estaban mal, hasta que empezaron las voces y los murmullos. Quise comprobar si había alguien más en la casa; me levanté de mi silla de ruedas, y a saltos pequeños, logré llegar a abrir la puerta del sótano.
La luz estaba encendida, cosa que no me esperaba; al perder el equilibrio caí por las escaleras, sin poder levantar la cabeza del dolor punzante que me atacaba, pero al fin y al cabo no fue tan malo encontrar otra familia, que se hospedaba allí entre artilugios y trastos viejos, porque ellos me auxiliaron y vendaron mis heridas.



Copyright:

Del relato y fuente de la imagen:
Pilar Ana Tolosana©

Introducción:
LITERATURA DEL MAÑANA©

Publicado en este blog bajo el consentimiento de la autora:
www.literaturadart.blogspot.com

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