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domingo, 17 de octubre de 2010

La Cuba que no conocemos (Dossier)


Tras la muerte -hace escasos meses- del preso político Orlando Zapata, después de sus ayunas de más de ochenta días, múltiples protestas hicieron mella dentro de la sociedad cubana, por medio de manifestaciones, como las lideradas por la asociación "Damas de blanco", o la misma huelga de hambre y sed de Guillermo Fariñas, un periodista cubano que pedía la liberación de veintiséis prisioneros políticos en mal estado de salud.
Son hechos que nos recuerdan algunos -no muchos, por desgracia- de esos títulos que vieron la luz fuera de las fronteras de esa "particular" Cuba libre, la cual sólo es de nombre y no de hechos. Libros, novelas y poemarios que nos traen una cara nueva de esa realidad cubana, tan conocida y amada por muchos, como desconocida hasta hace pocas décadas. Años atrás, en la marginalidad y acusados de contubernio político con el gigante estadounidense, hoy día, rescatados ya del anonimato, ven la luz, descubriéndose como excelentes aportaciones literarias para ayudarnos -en profundidad- a conocer esa otra cara de la verdad, antes sin desvelar. "Última rumba en La Habana", la novela que reseñaremos aquí, es la viva prueba de ello. Escrita por Fernando Velázquez Medina, ex dirigente del grupo de pensamiento independiente "Criterio Alternativo" -hecho que le valió penas de cárcel y la expulsión de su Cuba natal-, fue finalista del Premio Mario LaCruz 2006.





Neorrealismo cubano para el siglo XXI

La prosa de "Última rumba en La Habana" puede entenderse de muchas maneras, de las que destacaríamos cuatro géneros novelescos que se baten y entremezclan en una narrativa que posee un léxico riquísimo y prima por un lenguaje donde el registro coloquial y el culto (literario), se unen en uno solo, mostrándonos una prosa de gran belleza tanto en forma como en contenido. Los géneros erótico, de intriga y de serie negra e incluso, otros más propios del cine -cosa que no es de extrañar siendo el autor un docto en esa materia- como el thriller, se dan cita en un soporte o base literaria donde el retrato de toda una sociedad es el centro y objetivo principal, del autor, en la novela.
Una obra, que, como vemos en el capítulo "Memorias del subsuelo", subraya una visión underground del paraíso habanero de Carpentier, por medio de la extrapolación de escenas y diálogos dispares, creando toda una serie de bosquejos y connotaciones simbólicas que se descubren como una tragedia griega que -poco a poco- irá tomando grandes proporciones.
Pero, ante todo, Medina pretende introducirnos en una realidad que va más allá de los paisajes de postal y lo cálido del carácter de la raza cubana, los cuales nos son mostrados -a los turistas- como moneda de cambio de una realidad muy distinta, la cual, Medina araña en toda su profundidad y magnitud, haciéndonos una síntesis muy evocadora acerca de los aspectos económicos, políticos y sociales que sacuden la vida del cubano. De todas las clases cubanas. Una réplica a un sistema caduco y pasado de moda que describe -a grandes líneas, pero bien trazadas- un esquema económico preocupante; algo que, en cierto modo, están haciendo –y con gran éxito- novelistas de otras latitudes, como puede ser el caso de Aravind Adiga, con su "The White Tiger".


Visiones, ideas, conceptos y realidades que se unen en un cóctel de pensamientos que buscan el juicio del lector, haciéndole -ante todo- pensar:




[Éste es de la tienda de dólares, traído de Panamá o Costa Rica, mientras en Oriente, me contó una reclusa de Mayarí, los cafetales de montaña atesoran tres o cuatro pies de granos caídos, decenas de cosechas perdidas por falta de mano de obra, de trabajadores acostumbrados a ordeñar las matas sin maltrato: todos han abandonado los montes durante los años ochenta, cuando la gran campaña de propaganda ensalzando las cooperativas, la luz eléctrica, los televisores, las escuelas urbanas. Ahora el café se trae del exterior, no hay luz, los televisores no pueen repararse y las escuelas gradúan alumnos sin futuro].
(Fragmento de "Última rumba en La Habana"; pág. 90).






De la misma forma que hizo el icono del neorrealismo italiano en el cine: Fellini, Medina recrea en figuras como "Abaddón el exterminador" -metáfora de Fidel- y otros apodos que salen a lo largo y ancho de la novela, un teatro de guiñol que describe, perfectamente, la psicología e inconsciente colectivo que yace en la mente de todos aquellos cubanos que no saludan al régimen, para descubrir a esa prostituta que se describe a sí misma: "Soy una delincuente patriótica".



Velázquez ha reinventado la novela social, proyectando un cúmulo de pensamientos hacia el lector, el cual los analiza y percibe, inyectándose la fuerza de voluntad necesaria para dejarse llevar por una prosa que traspúa sentimientos y pasiones de una pureza inusitada, vislumbrándose como una nube de ideas de un autor que escribe, como si pensara en voz alta.
Como una andanada de cañones directos al infinito pretendiendo rodear un todo, adentrarme en el primer capítulo de "Última rumba en La Habana" fue, para mí, una explosión de color; una vuelta al narcisismo retórico de Zorrilla y leer un libro de Paul Auster, bebiendo vodka ruso y fumando un cigarro "volado". En sí, adentrarte en la prosa enérgica y electrizante de Medina es todo un reto para el intelecto, ya que representa la historia de la lengua española en su estado más puro, cuya mezcla entre dos mundos: el tropical y el urbano (el real), se hace demoledora en todo momento, amenazando destruirlo todo a su paso, para verternos un cinismo moral del que todos formamos parte.






La novela que nos faltaba: "Última rumba en La Habana"

Editada en Nueva York y reeditada en 2009 por Ediciones Baile del Sol, "Última rumba en La Habana" representa una alternativa novelada de aquellas obras críticas con el régimen cubano, la mayor parte de las cuales se encuentran dentro del género cinematográfico -como "Fresa y chocolate"-; obras que, si bien mostraron un desencanto con los ideales primigenios de la Revolución, este autor, mediante una alegoría -valiéndose al mismo tiempo del personaje de la prostituta como su álter ego y chivo expiatorio de su discurso- nos descubre las sinrazones del sistema político cubano, donde el sexo y la violencia ejercen como disfraz de "esas mujeres de ampanga" que emulan, de algún modo, las vicisitudes en la vida de las diferentes clases sociales que conviven en la perla de las Antillas, describiendo un sistema social y económico anárquico, que evoluciona a merced de esa capacidad innata en los cubanos, que es el instinto de supervivencia.



Medina utiliza una técnica -poco vista- de narrar en presente, dado que la mayoría de hechos que se suceden en la obra han ocurrido en el pasado; con el que recrea esa casi "aventura cinematográfica", más parecida a un "Scarface sexual", para introducir unos diálogos novelados que son una metáfora de un biópic particular, o sea, de un viaje mental por la mente de su protagonista: una jinetera (prostituta) que, aun dotada de un buen culo y unas caderas que son la envidia de todos, puede ser -a la vez-, una intelectual, excelente amante y la más vulgar criminal, que, en contra de todo eso, no presume ser lista ni una excelente "compañera" ya que ambas cosas no son compatibles cuando se trata de sobrevivir; y todo ello hecho, a mi entender, de una forma brillante, culminando una novela de fácil y rapidísima lectura que, pese a no reunir las condiciones de Best Seller -por su limitado número de páginas- no deja de ser un excelente trabajo.





Dicen que en época de guerra, el ser humano es más proclive a la actividad sexual. Cuba, de un modo u otro, lleva más de cincuenta años en un conflicto, que, de una década a otra ha sido, cuanto menos, de mayor o menor escala. Es razón de más, por ello, que Velázquez haya recrudecido este comportamiento sexual en una fusión de conceptos que, sin lugar a dudas, han desembocado en su obra más significativa.












Curiosidades:


Entre la inmensa gama de escenas seudopornográficas que inundan la novela: la masturbación en la guagua, la felación en el piso de Delfín o la ruta en coche con "Manflorita", una lesbiana, emulando -de algún modo- algunos de los preceptos que se derivan del filme "Telma y Louise", Velázquez utiliza a Marguerite Yourcenar -por la boca de su jinetera: "la lesbiana escritora"-, para satirizar a los invertidos, de ambos sexos, convirtiéndola en una metáfora moral de una parte de la cultura sexual cubana, impregnado en la mala leche de una prostituta que, a menudo, se convierte en un macho, para mantenerse a flote.









El apunte:




Título: Última rumba en La Habana
Género: Novela (188 páginas).
Autor: Fernando Velázquez Medina
ISBN: 978-84-92528-25-7
Ediciones Baile del Sol
www.bailedelsol.org
Precio: 12 €





Copyright:



Del artículo:
©Ángel Brichs



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www.literaturadart.blogspot.com








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