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lunes, 11 de octubre de 2010

Prosas escogidas (III): Julián Melero






EL VIAJE



Sentada en el sofá se encontraba Sofía. La joven vivía sola en un apartamento pequeño. Soñaba despierta, su música preferida sonaba con suavidad.
Sofía era una chica de 25 años, repleta de juventud, lozana y sana. Soñaba y soñaba con encontrar su príncipe azul. Cada día se levantaba a las 6 de la mañana, para llegar a su trabajo a las 8. Su trabajo consistía en la preparar cajas de cartón. Un trabajo monótono, sin expectativas de promoción. Hablaba poco con sus compañeros de trabajo, apenas tenía amigos. Su vida
era sencilla y algo ermitaña.
Siempre seguía la misma rutina, de casa al trabajo y del trabajo a casa. Los días festivos, los pasaba la mayor parte en su pequeño apartamento. Allí solo soñaba con el día de poder salir, aunque fuera tan solo a pasear.
Aquella mañana estaba segura de sí misma. Quería salir a pasear con firmeza e ilusión. Lo había planificado todo durante 15 días. Pero.........., llegó el instante y siguió sumergida en sus sueños, tumbada en el sofá, escuchando su melódica música.
Una llamada repentina en su móvil, le hizo despertar perezosa de su entrañable sueño.
Una voz agria, escuchó por el móvil. Entre lágrimas y lamentos le estaba hablando su padre, comunicándole el fallecimiento de su madre.
Sofía reaccionó sin emoción, sin sentimiento. El llanto amargo de su padre solo provocó en ella, una leve inquietud en su estomago. Le respondió:
Me visto y vengo inmediatamente papá.
− Gracias hija.
Cogió su automóvil, empezó a dirigirse a Lugo. Lugar dónde vivían sus padres.
Le quedaba por medio más de 10 h. de viaje sin pausas. No se lo pensó ni un segundo.
Al pasar por Zaragoza, paró en un área de servicio, a la entrada de la ciudad. Llenó el depósito de carburante, se dirigió al bar-restaurante. Pidió un bocadillo y una botella de agua. Se sentó en una mesa. Volvió a soñar despierta. El tiempo se le fue de las manos, pasaron 2 h. Al mirar el reloj, salió precipitada, pero justo antes de salir del área de servicio, vio a un joven cargado con una mochila, con un cartel que se leía, a Lugo.
Sin saber el cómo, ni el por qué, paró y le dijo:
Voy a Lugo, ¿quieres que te lleve?
− Sí, encantado. - respondió veloz aquél joven.
Sofía salió del automóvil, abrió el maletero, el joven dejó la mochila, quedándose con una bolsa en sus manos.
El joven se presentó diciéndole que se llamaba Aurelio, se dieron un leve apretón de manos, continuando el viaje por la autopista del norte, sin apenas hablarse. Sofía, persistía en conducir y soñando a la vez, ignorando la presencia de Aurelio.

Una señal en la autopista cerca de Navarra, indicaba un área de servicio a 1000 metros, Aurelio dijo:
Por favor, sino es molestia para ti, ¿puedes parar en esta estación de servicio?
− Sí, claro, ningún problema.
− Gracias. - Le respondió Aurelio.
Un cierto aire de alivio penetró de repente en el interior del automóvil. Sofía paró en el surtidor para repostar de nuevo. Aurelio le dijo con amabilidad y cariño:
Gracias por llevarme hasta aquí. Yo me voy a quedar, espero que esto no te cause ningún problema.
Sofía se quedó aturdida con esas palabras y solo atinó a decir:
− Ah........., ¡Vale!, ningún problema, entonces hasta otra.
Cogió la manguera del surtidor, llenó de nuevo el depósito. Fue a pagar y cuando regresó Aurelio estaba aún esperando paciente al lado del maletero.
Sofía al verle le preguntó:
¿No te quedabas aquí?
− Sí - respondió Aurelio.
− ¿Entonces?
− Estoy esperando a que me abras el maletero para coger la mochila.
− Aisss......, sí, perdona, pero… ¿tú no vas a Lugo?
− Sí.
− Entonces ¿cómo es que te quieres quedar aquí?
− Te voy a ser franco. Verás…, voy a Lugo, pero prefiero ir andando antes que continuar contigo y tu melancólico sueño.
− ¿Cómo?
− Lo que escuchas, qué prefiero ir andando antes que estar aguantando tu melancólico sueño.
− Pero........
Aurelio la interrumpió diciéndole:
− Verás tengo la sensación que me llevas sin saber que lo haces, además estas como soñadora y encima eres la que juega con mi vida. De momento no ha ocurrido nada, pero de seguir así, puede que no llegues y yo quiero llegar.
Sofía se quedó muda, aunque atinó a responder:
Pues no sé yo. Bueno…, tú mismo.
Aurelio la miró con ternura y le dijo:
− Mira, continuaré contigo si me dices que vas a intentar dejar de soñar despierta.
− De acuerdo.
– Respondió con inusual alegría.
Reiniciaron el viaje.
Aurelio hablaba de sus viajes, cargado siempre con su mochila. Sofía le escuchaba atenta, sin perder la atención en la carretera.
Algo dijo Aurelio, que hizo que Sofía se estremeciese. Al instante, una señal indicaba el desvío a un área de descanso. Pararon en ella, bajándose precipitada del automóvil, Sofía, se puso a andar despacio, Aurelio le acompañó en silencio.
Sofía se giró furiosa y se encaró con Aurelio mirándole a los ojos y le preguntó:
Haber, ¿Tú que sabrás de mi vida?
Aurelio, con la mirada tierna, brillante y dulce le respondió con una calma extrema:
− Tú eres libre de vivir cómo vives. No tengo ninguna intención de hacerte cambiar, es más té ánimo a que no cambies nunca.
− ¿Entonces?
− Nada, solo quiero comentarte que de verdad existe lo que sueñas. Ese sueño tuyo de querer amar a alguien es posible. Eres joven, atractiva, divertida, y muy sensible, tal vez, por ello te escudas de la vida y vives encerrada en tu hogar.

¿Y…, tú qué sabrás?− Le respondió de mala forma.
− De verdad…, nada. Solo puedo decirte, que te he esperado todo este tiempo para amarte. Soñé contigo, sabía el día y la hora que ibas a llegar a la gasolinera. Sabía que ibas a llevarme contigo. Por eso ahora te ofrezco mi corazón sin nada a cambio.
Sofía se quedó petrificada. La verdad era que Aurelio estaba muy bien físicamente. Era apetecible, como un bomboncito, además su forma de hablar, de expresarse, la sensación de calma y ternura, todo era genial, incluso mejor que el mismo sueño.


Sofía, sonrojada, solo atinó a decir que continuasen el viaje, aún les quedaban 3 h., para llegar.
Durante el camino, fueron hablando y riendo, contándose secretos escondidos. Esas 3 h., pasaron con una rapidez impresionante.
Al llegar a su destino cada uno prosiguió su camino por separado. Sofía se noto diferente y extrañamente feliz, algo que hacía mucho tiempo que no vivía.
Llegó a su hogar, el hogar en el que había vivido toda su infancia con alegría y felicidad, hasta el día que se fue a vivir sola.
Aún no había tocado el timbre de la puerta, cuándo sonó el móvil. Sobresaltada lo cogió y dijo:
Diga.
− Hola hija, ¿qué tal estás?
Era su madre que la llamaba.
Sofía despertó de su sueño, se encontraba de nuevo en su apartamento, recordó su sueño, respiró con nostalgia y respondió:
Bien.
− Mira hija, ha venido a visitarnos tu primo Aurelio, y dice que le encantaría venir a
verte y hablar largamente contigo.


Sofía estremecida por un escalofrío repentino, solo pudo responder que podía venir cuando quisiera, que allí estaría. Después de hablar largo y tendido con sus padres colgó el móvil, se notó radiante. Sin pensarlo, se acicaló, se puso su mejor ropa, y salió a disfrutar del radiante sol.













Algunas notas acerca del autor...



Julián Melero, natural de Lleida (1957), es uno de esos tantos letraheridos y bohemios cansados que han redescubierto en una de las etapas −como anunciara Cicerón− más prolíficas de la vida (la senectud) una vitalidad humanista que, desde el año 2002, persigue todos los movimientos literarios de este tardío, aunque creciente narrador.

Su primera novela, Encuentro con un extraño, fue publicada en 2002. Años más tarde, en el 2009, teniendo claros sus objetivos literarios, decide reemprender la marcha concibiendo su segunda obra, Susurros para el alma, esta vez un poemario muy introspectivo e intimista del que en el blog de este autor leridano, www.julianmelero.blogspot.com, se pueden leer algunos de los poemas y prosas rimadas que lo componen.
Finalmente, tras muchas andanzas, a finales de 2009 decidió sacar a la luz La cima , su tercer libro, también editado por Lulú, como el anterior. Después de recibir algunas críticas positivas, hasta hace poco ha estado trabajando en Reencuentro con Juan, novela que fue publicada por Ediciones Dédalo el pasado septiembre de 2010.
Actualmente está trabajando en un libro de relatos cortos y dos novelas, al tiempo que está acabando un nuevo poemario que llevará el título de Sentimientos.


Esta es la primera ocasión en que colabora con LITERATURA DEL MAÑANA, y para ello ha decidido de hacerlo con un relato breve que nos recuerda a esa prosa social habida en la transición, y de la que Delibes, Cela o Barral fueron algunos −por no citar a todos− de sus exponentes.







Copyright:


Relato y fotografía del autor:
©Julián Melero


Reseña:
©LITERATURA DEL MAÑANA



Imagen:
Perros Guirec,
(Oli sobre tela 60 x 65 cm).
Costa de Granit Rosa.
Autor: ©Jordi Galbán


Publicado en este blog bajo el consentimiento de los autores:
www.literaturadart.blogspot.com




1 comentario:

Julian Melero dijo...

Agradecido de poder contribuir a éste fantastico blog.
Gracias
arrechuchones

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