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domingo, 30 de mayo de 2010

El vestido de seda (relato)



Victor y Eva habían estado charlando toda la tarde. La conversación había sido fluida, amistosa, abierta y amable, hasta que una salida fuera de tono lo propició todo. Ya era tarde cuando el doctor apareció, para contemplar el escenario donde se había producido el incidente. La chica, tumbada en la alfombra, víctima de un choc. Encima de la cama, un charco de sangre de grandes dimensiones tapando, parcialmente, el torso blanquecino del ex cónyuge. Y entre ambos: un hilillo enroscado, quizás más de la cuenta, que daba vueltas para señalar un teléfono retro que sujetaba Eva como a su vida. Se aferraba a él, entre las piernas, muy cerca del sexo. Una imagen tortuosa que recordaba a otra, muy común, de los tiempos que vivimos.
Sin pensárselo dos veces, el doctor se la llevó. Al llegar al piso, ella no dijo nada. Sin embargo, una cierta mejoría se adivinaba bajo el revoltijo de miembros agarrotados y sábanas mojadas que se había encontrado el galeno, tiritando, en la habitación.
Recién despertada del tránsito, y con el vestido ligeramente empapado, se levantaba, lentamente, para echar un vistazo a su alrededor, al mismo tiempo que exorcizaba su mente, intentando buscar el por qué y el cómo de lo sucedido. Nada. Ninguna imagen que le diera una pista.
-Es la amnesia.-Clamó, suavemente, una voz que venía del baño, y a la que no podía ver pero que la había estado observando por medio de un espejo colocado de forma que podía ver todos los movimientos de su huésped, sin moverse.
-Se llama 'choc postraumático'. Es un método, que tiene el cerebro, para negarlo todo. A lo que añade el pervertido, mientras ella se da cuenta, para su desgracia, de unas esposas que la mantienen sujeta al lecho orgiástico: -y al mismo tiempo, creer que no te acuerdas de nada-. El doctor salió del baño, vestido para matar.

En la terraza de un ático del centro, unos leves, pero intensos gemidos, indican la insistencia erógena del 'doctor placer', un asesino en serie que hace más de diez años que es perseguido por la Interpol. Sólo un convidado de piedra mantiene un tono risueño, agitado hacia un y otro lado, por una brisa que, poco a poco, se va convirtiendo en viento: un vestido de seda rojo.



Copyright:


Del relato:
Ángel Brichs©


Imagen:
Abi Pap, 2010©


Publicado en este blog bajo el consentimiento del autor:
www.literaturadart.blogspot.com

2 comentarios:

Pluma Roja dijo...

Un cuento muy bien hilvanado, ¿entrará dentro del genero psicológico? Muy interesante. Me gustó mucho. Me dejó pensativa.

Placer pasar por su espacio.

Saludos cordiales,

Aída

Anónimo dijo...

Sí, en efecto. Me ha llamado siempre la atención todo lo referido al suspense. Cuando era pequeño, ya a los catorce años, escribí más de diez cuentos en una mezcla de estilos, siempre influenciado por los que, creía, eran los genios del relato, más que de terror, podríamos decir, de intriga, tales como E. A. Poe,H.P. Lovecraft, y los guiones no menos acertados de la serie 'Twilight zone', de Rod Serling -el creador de la saga de 'El planeta de los simios'-, y los cómics 'Creepy'.

Unos antecedentes que, de algún modo, nunca he desterradode mi prosa.Quizá sea lo único que me ha quedado de esa joven etapa literaria.

Gracias por sus comentarios.

Atentamente,

Ángel Brichs

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