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lunes, 12 de julio de 2010

El eterno aguafiestas ataca de nuevo


Nuestro colaborador misterioso, El eterno aguafiestas, nos trae un artículo muy calentito sobre la manifestación del pasado 10 de julio de 2010 en Barcelona. No dado a los eufemismos ni a relativizar jamás sobre los acontecimientos que relata, este personaje, nos trae las noticias más sonadas, a la par que destacadas, cuando empieza a pegar fuerte el calor. Esperamos que no se desmayen y aguanten la lectura de la crónica, que les vamos a ofrecer, de un tirón. ¡No tiene pérdida!:




Las vergüenzas de los políticos


El pasado 10 de julio de 2010, un millón doscientas mil personas se sumaron a la manifestación más importante vista en Catalunya en los últimos treinta años










Cuando hablamos de política, muchos nos sobrecogemos; nos entra un pánico sobrenatural y que, día tras día, se va convirtiendo en algo indescriptible, ignoto, sin límite ni control alguno.

Después de sucesos como el visto el sábado pasado en Barcelona, podemos entender por qué. Eran “algunos”, dirán unos; éramos “muchos”, dirán otros. ¿Y de qué sirve?-digo yo.

Fuesen pocos o muchos, de poco sirve si no se reivindica nada en ningún sentido ni dirección. Éso fue -más o menos- lo que ocurrió en Barcelona. La situación: caótica. El ambiente: magnífico. El resultado: ninguno que se conozca. Y éso se lo debemos a todos esos políticos que han hecho eco vacío de todo lo que allí se intentaba conseguir. El refrendo: el clamor del pueblo, “som el poble, som la capçalera” (“somos el pueblo, somos la cabecera”) como vociferaban, señalándose a sí mismos como los que debían encabezar la manifestación, en vez de los políticos que tenían que liderarla. Una manifestación clara de una revuelta silenciosa que ha copado el corazón de los catalanes, del pueblo catalán, el cual, es la víctima de una política ineficaz, armada por unos políticos que demostraron serlo menos todavía.
Funcionarios públicos que dejaron en evidencia una realidad que ha venido persiguiendo al pueblo de Catalunya desde hace más de treinta años: esa misma incapacidad política de plantar cara a la adversidad, haciendo algo que conocemos muy bien los que nos movemos en este entorno digital: “posicionarse”.




Decenas de pancartas a favor de la independencia de Catalunya se sumaron a una manifestación silenciosa, dotada -salvo excepciones- de buen civismo y frecuente auto-control






Los que tuvieron de hacerlo: una serie de artistas y personas del entorno cultural catalán, tales como Miquel Calçada “Mikimoto”, Albert Om, Joel Joan y otros tantos que apoyaron el manifiesto que deberían haber leído ésas máximas responsabilidades que fueron abucheadas durante toda la efeméride. Y digo éso porque sino, explíquenme como se puede concebir una marcha de manifestantes donde existen dos manifestaciones enfrentadas. ¡Suerte que no hubo batalla campal!



Como vínculo de retroceso, podemos decir que los que la convocaron, la manifestación, se fueron más rápido que Jordi Arcarons haciendo el París-Dakar. Los otros, entre vítores y aplausos, los que se quedaron: los actores, literalmente hablando.
Puede ser que, como predijo Platón, esta sociedad tan avanzada, necesite a esos hombres de letras más que a esos otros que, sólo de palabras, han dado fe de lo que nunca hicieron. Al final: lo de siempre, alguna bandera quemada y la gente disgregada: lo que le va bien a los otros: los políticos.
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By “El eterno aguafiestas”©
Enviado especial de LITERATURA DEL MAÑANA en Barcelona.






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