¿Qué lecturas os seducen más?

miércoles, 11 de noviembre de 2009

¡Hasta siempre!





"Todas las edades tienen sus límites; la vejez, en cambio carece de ellos. Bien se vive en la ancianidad, mientras uno puede cumplir con dignidad las obligaciones del propio oficio; sin preocuparse de la muerte."

Marco Tulio Cicerón





A veces nos resulta una ardua y difícil tarea programarnos nuestra agenda diaria, haciendo coincidir nuestro trabajo con una visita al dentista o disponerlo todo para llegar a tiempo en una cita con nuestra pareja pero, todavía lo es más que en una misma semana o en pocos días de distancia fallezcan personalidades del mundo de las artes como Francisco Ayala o Humberto Rivas. Desgraciadamante, este año, del mismo modo que ocurrió en algunos meses del anterior, hemos visto ejemplos muy parecidos. Pero eso no es una circunstancia atenuante para dichos sucesos. No se trata de estadística sino de hechos. No debemos tener miedo. La muerte nos llega a todos, tarde o temprano. Por lo contrario, y del mismo modo que antaño se prometían los antiguos griegos, padres de nuestra cultura, ¡alabemos a los muertos! Loemos sus glorias pasadas y alimentémonos de sus experiencias, creciendo con y junto a ellas. Es por esto y por muchas otras razones que, humildemente, la redacción de este blog realiza este homenaje a estos dos hombres, cuyos nombres, han pasado a la posteridad como dos de las grandes figuras de nuestro tiempo.



Por un lado, Francisco Ayala, natural de Granada, último miembro de la Generación del 27, un movimiento literario-artístico que se ha considerado como la "generación perdida", o sea, de todos aquellos republicanos que, como consecuencia de la guerra civil, tuvieron que exiliarse. Galardonado con premios de la talla del Cervantes o el Príncipe de Asturias de las Letras, siempre primó su cuantiosa antología narrativa (tanto en novela como en cuento) en las descripciones y la psicología del personaje, propia de los existencialistas, de los que en especial, a consideración de algunos críticos, estiman su notable parecido con Kafka, dividiendo eso sí su obra, aunque no su estilo, en un antes y después de la Guerra Civil Española. Dicho, podemos apreciarlo en Historia de un amanecer (1926), Los usurpadores (1949) o en La cabeza del cordero (1949).
Como es habitual en un buen narrador, su obra ensayística resultó tan o más vasta que la narrativa. Asimismo, Una doble experiencia política: España e Italia (1944), Ensayo sobre la libertad (1945) o Jovellanos (1945) fueron unas pocas de sus muchas aportaciones a este género. Como letrado y profesor de Derecho, dio clases en numerosas facultades, como en la Universidad de Puerto Rico, Rutgers, Nueva York, Chicago y por último, Madrid. A la avanzada edad de 77 años fue nombrado miembro de la Real Academia Española, después de un largo recorrido que le condujo por diversas partes de latinoamérica como colaborador y propulsor de revistas literarias y numerosos diarios, colaborador de prensa y conferenciante. Aún con edad avanzada continuó escribiendo con gran lucidez, logrando una carrera vital por la que cosechó bnmm títulos y nombre, pero, ante todo, una sencillez estoica carente del pragmatismo típico de sus contemporáneos, para realizar un retrato excepcional de las cualidades del individuo y temores del ser humano en cuantas novelas y cuentos escribió.




Algo que podría tener una extraña coincidencia con nuestro otro artista, "el fotógrafo del silencio", como era llamado también el tristemente fallecido Humberto Rivas, el cual, en una categoría diferente (la fotografía), creó un extraño reflejo entre los pensamientos internos de la persona y nuestra fachada exterior, recreando un "mentalismo escénico" entre el espectador y sus fotografías, las que, casi siempre, reproducían imágenes de caras de hombres y mujeres. Fotografías cargadas de un extremo realismo que no dejaron nunca de sorprender a nadie, y que algunos críticos se han atrevido a comparar con el gusto por la pintura de bustos de Modigliani, ya que la variante más próxima dentro del legado fotográfico existente era el fotorrealismo, algo que, sin lugar a dudas, este fotógrafo de Buenos Aires lo traspasaba, yendo más allá.




A los dos abrazamos desde aquí; y aunque eso no signifique mucho para ellos, esperamos que sí lo signifique para todos aquellos autores nacidos o por nacer, los cuales pueden hacer que prevalezca su legado. Y es que el mundo no es algo singular sino una laboriosa tarea plural en la que todos ponemos nuestro pequeño grano de arena. El ingente vitalismo que nos impregna en ésta, nuestra etapa moderna y globalizada es algo útil para seguir vivendo, pero vivir no lo es todo; así que, vivamos y vivimos, pero creemos también, ya que lo que hagamos hoy tendrá su eco en la eternidad.







1 comentario:

Pluma Roja dijo...

Lindo pensamiento el inicial. Me quedo allí. Un saludo cordial desde Guatemala. Felicitaciones.

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