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lunes, 28 de diciembre de 2009

Nancy Reyes: “embajadora del arte cubano”



En la fotografía: Nancy Reyes en su estudio de La Habana.


«Yo recuerdo que Wilfredo Lam, en contacto con la naturaleza de Cuba, al volver a contemplar los árboles que había visto en su infancia, al ver las plantas que crecían a su alrededor sintió una especie de choque. Hubo, de repente, un cambio diametral en su pintura y en su manera de ver la superficie por cubrir colores. Y un día, hallándose en La Habana, el gran marchand francés Pierre Loeb […], fue a verme y me dijo […]: “Vaya usted a casa de Wilfredo Lam y verá usted que allí se está pintando un cuadro absolutamente extraordinario”. Llegué, efectivamente, y me encontré ante un cuadro titulado La silla, que representaba eso: representaba una silla colocada en un jardín, y sobre esa silla había un búcaro con flores. Pero la interpretación de todo aquello , que al parecer podría ser una naturaleza muerta, más o menos trivial, era de una novedad tan grande, de una fuerza plástica tan extraordinaria, que en el acto, al igual que Pierre Loeb, me di cuenta que estaba naciendo algo nuevo en la pintura de Lam. Lam estaba realizando, poco a poco, una especie de simbiosis; estaba hallando en los elementos de la flora tropical, de la flora de Cuba, una serie de factores plásticos, que iban a transformarse en las figuras imaginarias de sus lienzos». Alejo Carpentier



Para entender el arte de Nancy Reyes tenemos que remontarnos directamente a los orígenes de las, entonces, nuevas expresiones pictóricas que surgieron a finales del s. XIX tanto en América como en Europa. En esa época, las principales potencias coloniales (España, Francia, Inglaterra), habían surcado ya los mares de medio Planeta en rápidas embarcaciones y buques alquitranados, llevando consigo a intelectuales (pintores, escritores, científicos...) que, en contra de lo que el colonizador hacía gala en sus ampulosos discursos y su retórica capitalista, ayudaban a difundir la cultura europea de una forma muy particular. Sin hacerse eco de la retórica y el pragmatismo cristiano, esos eruditos se enzarzaron en el estudio de las costumbres isleñas que, seguidos de un gran foco migratorio (muchas de las islas antillanas se repoblaron con esclavos venidos del continente africano), que importaron también sus ritos y costumbres que, junto con los nuevos conceptos artísticos europeos nacientes se mezclaron con ellos en una singular simbiosis, hecho que propiciaría un némesis en un corto plazo de tiempo, de la contracultura que los colonizadores lucharon tanto por implantar, cosa que se materializaría en los primeros conatos de resistencia como el alzamiento de los esclavos haitianos a mediados del s. XIX, y que tan solo unos decenios más tarde sería seguido por la independencia de muchas de las colonias francesas, holandesas, portuguesas, británicas y españolas de las islas del Mar de las Antillas.



Imagen: Pintura de Nancy Reyes



«[…] Así, en muchos viejos palacios habaneros, en algunas ricas mansiones que aún han conservado su traza original, la columna es elemento de decoración interior, lujo y adorno, antes de los días del siglo XIX, en que la columna se lanzara a la calle y creara […] una de las más singulares constantes del estilo habanero: esa constante es la increíble profusión de columnas, en una ciudad que es emporio de columnas, selvas de columnas, columnata infinita, última urbe en tener columnas en tal demasía, columnas que, por lo demás, al haber salido de los patios originales, han ido trazando una historia de la decadencia de las columnas a través de las edades».
Alejo Carpentier




Imagen: Una de las ilustraciones que podemos encontrar en el libro “Noa Noa”, de Paul Gauguin.
Del mismo modo que representa un beso sincero para un par de enamorados, Gauguin logró localizar a miles de millas de distancia de su país natal, el atisbo de ese amor virginal que le permitió reivindicar los motivos y principios de ese Arte Moderno que con tanto énfasis buscaba
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Pero, vayamos por partes. ¿Quién es Nancy Reyes? Antes de hacernos esta pregunta tendríamos que indagar acerca de los principios más elementales por los que se cimenta el arte cubano. Si bien es cierto que la pintura cubana ha trascendido de forma especial, en cuanto a su relevancia internacional se refiere, a partir del nacimiento de la nueva Vanguardia Cubana, o lo que es lo mismo, lo que algunos críticos denominan como postmodernismo cubano; algunos de las bases de partida de un arte tan variopinto, tanto por sus similitudes con el europeo occidental como por el arraigo de su mística y atributos que andan a tientas entre el folclore y los ritos isleños, se remontan a artistas haitianos, como Numa Desroches (1802-1880). El arte haitiano, admirado en todo el mundo desde hace lustros, se destaca por una mezcla de lo que Gérald Mouial describió en su libro "Arte mágico" y las nuevas tendencias pictóricas venidas de europa que importaron artistas como Zayda del Río o Wifredo Lam. No obstante, a diferencia de los artistas europeos, como Gauguin, que se apartaban del bullicio de las ciudades para indagar acerca de nuevas formas de expresión pictórica, los artistas cubanos siempre se destacaron por un especial celo patriótico que mostraban en todos sus lienzos, retratando las costumbres tradicionales y escenas costumbristas de toda índole; algo que se ve perfectamente en el surrealismo languideciente de Wifredo Lam que, tras viajar repetidas veces a Haití, se acercó cada vez más a esa cultura afroamericana que, combinada con pautas estéticas occidentales como vemos en los rasgos cubistas de "La Jungla", siempre se apoyó en una síntesis artística entre ambas, insinuando aquello que se podría denominar como inconsciente colectivo del pueblo, y que no representa más que la iconografía ancestral cubana, con sus búcaros (o girasoles dorados). Elementos que podemos encontrar en la cosmogonía de los "hougán" y que no son más que algunas de las consecuencias de la inmigración haitiana hacia Cuba entre el siglo XVIII y el XIX, fruto de la revolución indigenista y otros cambios sociopolíticos que la afectaron. Los haitianos, descendientes directos de esclavos africanos, importaron las creencias religiosas y ritos paganos que existían en sus territorios de origen como el Reino de los Achantis y el Dahomey, la actual Guinea y Costa de Marfil. Eso explica el gusto por los colores Rojo, Blanco, Negro y Amarillo que podamos apreciar en La "Catedral en Amarillo" (1961), de René Portocarrero.




Imagen: Pintura de Nancy Reyes



Pero yendo de nuevo al objeto de nuestras exploraciones en las bases del Arte Naïf cubano, de la que Nancy Reyes es una de sus principales exponentes en la actualidad, nos tendremos que remontar de nuevo al entorno haitiano. Allí empezaron a tomar forma aquello que más tarde los críticos de arte de todo el mundo hemos denominado como arte ingenuo, ya que aquél fue una rara mezcla entre el grafitti de expresión social que más tarde haría Basquiat con un método de expresión afrancesada, producto del impacto que había provocado en los isleños el colonizador galo. Y aunque dicha pintura ostentaba unas notables connotaciones con la antes mencionada cultura indigenista africana, fruto de los nuevos focos de pensamiento liberal que impactaron directamente en la población esclava y criolla, fuera más tarde el detonante de ese sentimiento patrio del que esa pintura nunca quedó ausente. Asimismo, aún sin dejar de lado los conceptos europeizantes de esa pintura originaria que se centraba en paisajes y cuadros de costumbres cotidianos, el mecenazgo de grandes figuras de la independencia haitiana en favor de intelectuales y artistas como Alexandre Petion o Henri Christophe, consiguieron llevar esa pintura más allá de una mera expresión social hasta configurarlo como una herencia "propia", patrimonio de la isla, cuyos ejemplos se hacen notar a día de hoy en lugares como el Palacio Sans Souci.
Años más tarde, en pleno auge del movimiento cubista en Europa, Pablo Picasso pinta "Las Señoritas de Avignon", el cual, con sus volúmenes geométricos y figuras cúbicas sencillas carentes de cualquier tipo de recargamiento, atisban un enfoque paupérrimo que los pintores naïf ya extrapolaban en una medida parecida en el otro extremo del Atlántico, con formas semióticas de edificios y personajes de la vida cotidiana que, a diferencia de sus contemporáneos europeos, éstos carecían de una graciosa falta de conocimientos técnico-teóricos, cosa que se traducía en una falta de perspectivas y una línea de fuga, lo que atenuó a una imprecisión pictórica como sujeto de la falta de un método que no tenían, provocando por ello la exageración y el desajuste de las proporciones, algo que todavía podemos vislumbrar a día de hoy en artistas como Luís Manuel Torres Viamonte con su obra "El saludo y Procesión". Ya en su trabajo "El Caribe como protagonista de la Vanguardia", María Virtudes Nuñez Fidalgo nos habla de las conexiones entre el vanguardismo europeo con el arte naïf haitiano en la Expo Surrealista de París en 1947, hecho que, como argumentaba la "Revue du Monde Noir": "el hombre negro ganó su respeto a occidente al plantar su bandera".


A partir del 1950, el arte naïf se centró en paisajes y edificios, huyendo de los cuadros de costumbres, convirtiéndose en una pintura claramente materialista, donde lo comercial orientado en público o "target" era su objetivo predominante. En esa época, la pintura naïf ya se había expandido por todo el mundo, gracias a la resonancia que obtuvo a nivel internacional, en Francia con Henri Rosseau, Grandma Mose en los Estados Unidos, Alfred Wallis en Reino Unido o Cándido López en Argentina, entre otros.



Imagen: Pintura de Nancy Reyes




Sería imposible entender el fenómeno pictórico sin atendernos a las circunstancias sociales y culturales de una época, y de allí tiene un punto de vista muy importante la concepción que la literatura da del mundo que nos rodea, hecho por el que el pintor, como artista que es, no le resulta indiferente y que afianza como idea propia de las creaciones que pueda proyectar. Asimismo, en el prólogo de "El viento de este mundo", Alejo Carpentier nos contaba de forma sucinta lo que para él representaba la teoría de "lo real maravilloso" o lo maravilloso en lo real, que no es más que la interpretación personal de ese realismo tropical que le rodeaba y que resultaba ser la esencia del mestizaje fruto del legado cultural que Cuba, su país, poseía. Precursor, según algunos críticos, del realismo mágico latinoamericano, fue ejemplarizado en obras de Lam y otros autores que Lezama describió como Barrocos surrealistas. Lo fueren o no, lo cierto es que dicha corriente propició el auge de un nuevo concepto "naïf" que añadió simbologías e iconogramas con la representación más bien "impresionista" de pintores como Eduardo Roca, Kcho, Fabelo o Mendive, entre otros, que satinaron con su pintura de vanguardia las tradiciones populares, como puede verse en el pavo real de "El gran hipnotizador" de Zayda del Río. Y es que los trasuntos cubanos poseían parte de esa naturaleza e historia amerindia, con cosmogonías diversas, como Las Molas de los Kunas de Panamá, las cosmogonías andinas ancladas en los mitos de los Cristos negros, los ponchos Quechuas y Aymaras, los motivos textiles mayas y las artesanías mágicas, conformando por ello la expresión antropológica o Abakuá que origenistas y estudiosos calificarían como "sincretismo religioso caribeño"; gozando por fin de ese vestigio histórico independiente que los hacía tan cercanos y tan diferentes al mismo tiempo, del viejo colonizador. Supongo que sería por eso que gente como Louis Aragón viesen el arte naïf como un cúmulo de ideas y conceptos marginales, espontáneos y modernos, que yacían en esos anarquistas del pincel, llegando a la conclusión, diciendo que "sería ingenuo creer esra pintura ingenua".
Pero no fue hasta la década que fue desde mediados de los cuarenta hasta mediados de los cincuenta, con el nacimiento de una nueva revista en el seno de la sociedad y cultura cubanas cuyo nombre fue Orígenes cuando el arte cubano alcanzó su máximo explendor. Esa revista, que se nutrió de los intelectuales más relevantes de la vida bohemia cubana de aquél entonces, con personas como René Portocarrero, Wifredo Lam o el filósofo y poeta del origenismo, J. Lezama, calificaron la pintura de la época como "la imagen surgiendo de las libertades de un paisaje propio".
J.L.Lima, uno de los colaboradores eventuales de la revista, junto con Cintio Vitier, que en esos momentos se hallaba enfrascado en un manifiesto de salvación nacional y artística que intentaba huir de todos los "ismos" propios de las corrientes artísticas europeas, al profundizar en la crítica de la poesía de José Martí dicen: "José Martí fue para todos nosotros el único que logró penetrar en la casa de alibi. El estado místico, el alibi, donde la imaginación puede engendrar el sucedido y cada hecho se transfigura en el espejo de los enigmas". Bien podría ello acentuarse en lienzos como "Paisaje de la Habana en rojo" (1972) o "Ciudad"(1948), ambas de R. Portocarrero. Hablamos de esas pinturas porque tienen una clara semblanza en los originarios vestigios pictóricos naïf de algunos años antes, y que más tarde, ya en la segunda mitad del s. XX, pintores de Europa oriental, e incluso soviéticos como Filonov, experimentaron en algunas de sus obras. De entre ellos podríamos destacar a Radi Nedelchev, galardonado con el Premio Cirilio y Metodio, el más importante en materia cultural en su país y que fue potencial exponente del naïf bulgaro con obras como Wings (1979) o Mosque in Razgrad (1972).
Mientras, en la isla caribeña nada cambia. Sus columnas y catedrales aguardan impertérritas en un espacio de ensoñación que sólo es apreciado en su total contenido por esos artistas que hacen de este arte ingenuo algo vivo, donde el impacto que sufrió "la revolución" no fue más que una vuelta a esos orígenes indigenistas de lo que Lezama atribuía con frases como "el barroco americano tiene via propia, aún errante, es arraigadísimo en sus esencias", lo que le confería "punta fina para el habla y la distinción de donde viene la independencia". He aquí los preceptos fundamentales del Arte Moderno Cubano. Un arte que, aún anclado en un rigor patriótico que está fuera de toda duda, investiga nuevas fórmulas de desarrollo para un arte que se ha concebido más como un souvenir que una disciplina artística en su estado más puro. A lo que por ello nos encontramos con artistas actuales como Nancy Reyes, los cuales quieren regenerar estas primitivas tendencias para conseguir rehacerlas con un lenguaje nuevo y directo.
Y para ello, Reyes mezcla colores chillones con otros más convencionales como el negro o el marrón, creando esa superficialidad tan propia del naïf pero que ella nos muestra de un modo esquematizado, donde un perfil sujeto a un lirismo presente en todo momento recrea los edificios y ambientes cubanos, como otrora lo hiciera Gauguin en su álbum Noa Noa, con sus acuarelas que dibujaban los símbolos maoríes que el pintor francés vio en las Marquesas. Por desgracia, la ingenuidad de Gauguin no le permitió ver que aquello que pintaba no era más que una regresión inmaterial de aquello que nunca le había pertenecido y que fue en su busca a miles de millas de distancia de su país de origen. Algo por lo que artistas como Reyes no tienen porque preocuparse, dado que el paraíso que necesitan para encontarse con ese infantilismo tan ansiado, lo tienen a cuatro pasos de sus casas. Ellos no necesitan ni siquiera buscarlo ya que ese "primitivismo" del que hablaba Paul les ha sido obsequiado desde su nacimiento, por lo que, en cierto modo, son libres de ese "pecado original" que hizo mella en la creatividad de cuantos pintores europeos existieron.

"Fui seducido una vez por esa tierra virgen y por su raza primitiva y simple; he vuelto y voy a volver para hacer algo nuevo, hay que remontarse a las fuentes de la humanidad y en su infancia"
Paul Gauguin



¿Podría ser eso el núcleo y base misma del arte que los pintores de hoy buscan todavía? Resulta difícil decirse sino fuera porque cuando vemos la naturalidad con la que pinta Nancy se nos van todas las dudas. De la misma forma que en los diseños más vanguardistas de la arquitectura actual, en los que por rara mezcla de un neominimalismo y un estilizado modelo que inició hace más de veinte años N. Van der Rohe, difunde unos conceptos supradimensionales, combinando un cromatismo impactante para dar vida a unas construcciones inexpresivas, Nancy recrea toda su ingente creativo en los edificios y tópicos Habaneros, sin inventarse nada más de lo que ven sus ojos y su rapaz imaginación.

La arquitectura, a diferencia del arte de Reyes, sólo se deja ver desde fuera, desde el exterior, mientras que es imposible discernir desde la fachada por el espectaor qué vivienda es más grande que otra. En cambio, la irregularidad en el trazo del Naïf permite al espectador descubrir sus impurezas, hecho por el que puede diferenciar un edificio de otro, a diferencia de la arquitectura, la cual sólo ofrece una perspectiva aérea, objetiva. En ella, el cliente final siempre condicionará el estilo que el arquitecto deberá llevar en la obra, siempre ajustándose a tres principios fundamentales (costo de la obra, topografía y parámetros de edificación). Hasta que un día, Reyes descubrió en la pintura la posibilidad de llevar a término el sueño de cualquier arquitecto, dibujar desde la nada, sin normas de conducta, sin trabas, donde la ausencia de ese perfeccionismo que tanto arrecia en cualquier arquitecto le permita crear sin miedo, descubriendo por ello en la pintura, el canal necesario para realizarse a sí misma, polarizando esa parte creativa en ella, que ruge por salir a la luz y, que durante tanto tiempo, estuvo encarcelada en paredes de ladrillo y hormigón. Por fin, el sueño de cualquier arquitecto de dibujar aleatoriamente, descargando franqueza y altas dosis de imaginación, han encontrado para Reyes refugio en ese concepto de ingenuidad que le corresponde a todo dibujante en la pintura. Ahora, ya dueña de su "lay out" particular, será la dueña de sus actos. Ahora le toca regir su destino, sola.



Imagen: Pintura de Nancy Reyes



Nancy, integra sus nociones arquitectónicas en la modelización de una pintura que deviene una ilustración del paisaje urbano de Cuba y de las inmediaciones de La Habana; un paisaje que puede representarse como algo somero e incluso infantil en su planteamiento artístico más básico pero que consigue ir más allá de lo que Martin Handford, autor de Wally, quería representar en sus dibujos, ya que la pintora no dibuja contenidos, como si de un caricaturista de calle se tratara, ella dibuja en base de lo que ve. Y si lo que ve es irregular, ella lo pinta, ya que antes, a diferencia de las pinturas Naïf de finales de s. XIX y principios de s.XX, en las que sus autores pintaban a tientas, ella representa la figuración de lo que su intelecto y las fotografías que ha tomado antes de crear la obra le dictan, uniendo por una parte sus cualidades de fotógrafa profesional que es con esa perspectiva acientífica captada por intuición, con colores brillantes y contrastados, donde la artista busca su espontaneidad.

Harta conocida es esa faceta innombrable, ampliamente arraigada en el cubano de nuestros días que se representa en su lasitud, mas eso no ocurre en el caso de Nancy, la cual se alza como una mujer provista de una gran templanza y voluntad de superación, poseedora de una humildad que la caracteriza tanto como madre como arista, deviniendo en esa sujetividad que busca todo lo interior de uno mismo, cosa que infiere directamente en sus obras, creando ese "toque" personal por el que cada artista se caracteriza, con sus pinturas de edificios, gallos, búcaros y otros elementos de la esencia religiosa e iconográfica cubana, para interpretar aquello que ella define como un acto de fe: la pintura. Con un total de treinta exposiciones en Cuba y otras en Europa, esta arquitecta graduada en el Instituto Politécnico "José Antonio Echevarría" une los motivos tradicionales sujetos en el campo, la ciudad y el color a una expresión social mediante la sobriedad del delinente y objetividad del fotógrafo profesional que entre la ciudad de las columnas de Alejo Carpentier encuentra todo aquello que necesita para dar rienda suelta a su imaginación y creatividad. Una creatividad que no huye, sin embargo del mismo modo que sus antecesores, de la naturaleza insular que se acentúa en las raíces multiétnicas de la cultura caribeña, hecho que ejemplifica en cuadros como los que se pueden ver en la Galería Diago, en la Plaza Vieja Muralla, 107 de La Habana Vieja.


«[…] Así, en muchos viejos palacios habaneros, en algunas ricas mansiones que aún han conservado su traza original, la columna es elemento de decoración interior, lujo y adorno, antes de los días del siglo XIX, en que la columna se lanzara a la calle y creara […] una de las más singulares constantes del estilo habanero: esa constante es la increíble profusión de columnas, en una ciudad que es emporio de columnas, selvas de columnas, columnata infinita, última urbe en tener columnas en tal demasía, columnas que, por lo demás, al haber salido de los patios originales, han ido trazando una historia de la decadencia de las columnas a través de las edades».
Alejo Carpentier


Por estos motivos, Nancy Reyes se presenta como una perfecta embajadora del arte cubano allá donde vaya, sumiendo esa pintura que fue el origen del sentimiento patriótico y caldo de cultivo de los primeros hitos independentistas americanos, en un arte sencillo, embotellado, en el que no existe método previo y que prima por su simplicidad. Arte que, de todas todas, deviene como una expresión del pueblo y en un grado más íntimo, del proletariado, medio un concepto africano que surgió como un revulsivo al colonizador.


Sobre la Autora...


Nacida en La Habana, Cuba (1953), Nancy Reyes se graduó en el Instituto Superior Politécnico de Arquitectura (1978). Ya desde muy joven se vinculó a las Artes Plásticas y a la fotografía, de forma autodidacta, por lo que aprovechándose de sus conocimientos como arquitecta, inunda sus obras con vitrales, rejas, arcos y columnas, como una constante en los que el color, la línea negra y el trazo, seran inconfundibles.
Es miembro de la Asociación Cubana de Artesanos y Artistas desde 1988, de la Asociación de los Hermanos Saiz en la especialidad de artes plásticas, del Fondo Cubano de la Imagen Fotográfica y del Fondo Iberoamericano de Fotografía.

Se desempeñó como fotógrafo independiente desde 1993, trabajando fundamentalmente la fotografía de ballet, teatro, danza, arquitectura, de temas sociales y publicitaria. Sus imágenes han sido publicadas en importantes medios de prensa impresa y digital. Ha colaborado en las revistas "Cuba en el ballet", "Sol y Son", "Bohemia", "Revolución y Cultura" o la revista de la Asociación de directores de escena de España (ADE), entre otras nacionales y extranjeras.

Algunas de las exposiciones más destacadas que ha realizado fueron en "Salón de la Ciudad.Centro Provincial Ciudad Habana (1983), Galería Habana (1984), Feria Nacional Isla de la Juventud (1987), Salón ExpoCuba (1988), "Expo De todo un poco" (1991), Expo "El arte hecho Arte" Gran Teartro de la Habana (1998), Expo "Los mil Rostros de la Habana".Varadero .Matanzas (2001), Expo "Influencia de Cuba". Londres. Inglaterra (2002), entre otras. También tiene exposiciones permanentes en países como España, Inglaterra, Italia, Checoslovaquia, Portugal, Estados Unidos, México, Panamá y Chile, entre otros.



Copyright:

De la fuente para la biografía e imágenes:
Nancy Reyes©


Introducción y artículo:
LITERATURA DEL MAÑANA©

con la ayuda de:

Ángel Brichs©

Escritor y Crítico de Arte


Publicado en este blog bajo el consentimiento de la autora:
www.literaturadart.blogspot.com




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