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miércoles, 9 de diciembre de 2009

Oleg Tsyganyuk: La mezcla del simbolismo y el surrealismo en la pintura ucraniana actual








“Artista, tú eres sacerdote: el arte es el gran misterio y si tu esfuerzo lleva a una obra maestra, entonces un rayo de lo divino desciende como un altar”
Manifiesto de los Rosacruces, 1892



En la imagen: Nuestro Crítico, Ángel Brichs, por Oleg Tsyganyuk






Para entender la pintura del periodo poscomunista hasta nuestros días, hay que analizar la historia de todos esos países eslavos que desde hace sólo escasos años gozan de la libertad que les otorgó el órgano central de gobierno del PCUS. Pero ese aún joven proceso de descolonización no fue un camino de rosas. Todavía podemos contemplar esas secuelas hereditarias en forma de infraestructuras insuficientes y otras carencias sociales, hecho que produjo que miles de ucranianos emigrasen masivamente desde los últimos días de la Perestroika a países como Austria, Alemania y Francia, entre otros, cosa que en literatura podemos apreciarlo de una forma más o menos veraz en algunas de las novelas de escritores de la talla de Vladimir Nabokov. Pero, pese a que la mayoría de las antiguas repúblicas de la Unión Soviética dejaron de recibir esa tan preciada ayuda de la que hoy día carecen, en cuanto a estados satélite que fueron, ya sea por constituir un enclave geoestratégico relevante o simplemente por la riqueza derivada de sus recursos energéticos, unas pocas recibieron un trato que podríamos considerar “especial”, hecho que se traduce a día de hoy en su renta por cápita. Una de esas excepciones fue Ucrania. Situada a orillas del Mar Negro y dominando gran parte de las estepas caucásicas y hallándose en lo que algún que otro historiador ha definido como el centro mismo entre Asia y Europa, siempre se ha considerado como uno de los puntales básicos del nacionalismo Ruso. Eso podría tener explicación en el hecho de que los primeros boyardos con Aleksander Nevski a la cabeza plantaron su primera bandera en su capital, Kiev. Una dimensión nacionalista que no obtuvo su más alto eco hasta el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Enclave crucial para hacerse con las explotaciones petrolíferas del Cáucaso y trazar un canal que les permitiera llegar hasta las fronteras del gobierno germanófilo del Sah Reza Khan, los alemanes protagonizaron los combates más feroces de la denominada Guerra Patriótica, cosa que realzó en los rusos y, como es obvio, al Komintern, una especial estima al recuperar dicho territorio. Con todo, después del desastre que supuso la Glasnost y el nuevo Gosplan ejercido por Gorbachev, la desbandada económica que siguió a la caída del imperio de Stalin, hizo que personas como Oleg Tsyganyuk, emigrasen a países tan lejanos como España.


Imagen: LOS SUEÑOS DE PENSADOR, de Oleg Tsyganyuk


Este pintor ucraniano es el vivo ejemplo de todo aquello que el comunismo infundió en sus súbditos, mostrando aquello que pintores como Filonov reivindicaron como suyo, o sea, la lucha contra el individualismo, contra esa cultura de invernadero de la que hablaba Vladímir Ilich. La Proletkult era la solución exigida por los comunistas; una cultura de la masa parecida -salvo algunas excepciones- a la que existe hoy en día en Cuba. Pero esa carencia de individualismo para con el artista, provoca, lejos de cultivarse y evolucionar, alienarse a sí mismo, creando todo tipo de obras con gran maestría, con esmero y tesón, pero eso sí, sin creatividad.





Pintura en Collage de Filonov. Más allá del precepto rural que entraña la obra, podemos apreciar una apabullante mezcla de conceptos pictóricos, pasando del cubismo al simbolismo e incluso a un impresionismo costumbrista que roza el arte naïf, lo que da pautas a ese exceso “teórico” que fomentó el comunismo en el modo de ver la pintura. Un punto de vista parcial que anunció una muerte, la del artista, para convertirse en un subproducto sociopolítico materialista, que se concebiría a la corta, como un arte aislacionista, en contraposición de aquello que deseaban sus fundadores.






El artista nunca puede ser manipulado ya que si éste se intenta dominar, encauzándolo a integrarse en el mundo como una herramienta de producción industrial, se pierde todo el arte que pudiera trascender del mismo, es decir, se convierte en una copia. No obstante, en el caso de Tsyganyuk no resultó ser así. Licenciado en Bellas Artes un poco después de la eclosión de libertad que provocó la independencia de la mayor parte de antiguos estados dependientes de Moscú y nacido en una población de los Cárpatos Ucranianos, donde aún en nuestros días ciertos ritos paganos, mezcla del folklore y restos de cultos aportados por todas esas tribus nómadas (escitas, sármatas...) que se instalaron en dichos territorios en el pasado, conviven con un cristianismo ortodoxo medievalizante que, en gran manera, aún depende del Patriarcado de Moscú. Artista polifacético, capaz de crear paisajes y bodegones de gran belleza, desde muy temprano ya se diferenció del arte soviético que promocionaban sus maestros, instalándose en un arte nuevo, fuertemente inspirado por los conceptos prerrafaelistas del simbolismo decadente de esos artistas europeos bebedores de absenta y fumadores de opio, cuyas pinturas metafóricas en las que se personificaba la muerte como algo bello, los placeres prohibidos y mundos imaginarios como contraposición al Naturalismo existente en el que todo era científicamente explicable, fue tan admirado a la par que rechazado a finales del s. XIX, incluso por los mismos románticos. Pero, aunque podamos encontrarle ese contrasistema mágico al más puro estilo Oscar Wilde, hecho que podemos ver en algunas de sus creaciones como LABERINTO PERSONAL o MIRADA DESDE TU FUTURO, las cuales poseen cierto parecido con obras realizadas hace más de cien años, como “La Copa del Gigante” de Thomas Cole, (1833) o “Memoria” de Elihu Vedder, (1870), Tsyganyuk ha evolucionado de forma autodidacta y natural durante el último decenios. Hecho que le ha permitido mezclar ese concepto gótico de ver su pintura con el surrealismo más puritano y original, cosa que nos muestra claramente en ESFINJE o SUEÑOS DE PENSADOR, alcanzando un arte extremo que tiende a perfilarse como una variante del Suprarrealismo en su estado más puro palabra. Un incipiente suprarrealismo que navega a caballo de un surrealismo metafísico y un simbolismo más bien conceptual, con ciertos aires medievales y escenas campestres de todo tipo. Y es que nada viene de la nada. La historia, del mismo modo que la expresión artística, requiere una evolución constante, como nos intuye el Crítico Norbert Wolf, valorando al Simbolismo como un preámbulo -aún con serias excepciones- de lo que sería a posteriori el Surrealismo metafísico de Dalí o Magritte. Algo que, sin lugar a dudas, creo que se ha transfigurado de forma sobresaliente en Tsyganyuk, explotando un nuevo modelo de concebir el arte desde un formato más propio del futuro que del pasado. Un arte que, aún siendo joven, se va formando, poco a poco, como un arte nuevo, claramente diferente de sus próceres eslavos y sensiblemente locuaz respecto a los autores contemporáneos actuales, creando una sinergia entre la belleza y la estética en el plano más objetivo de la palabra.
Imagen: ESFINJE, de Oleg Tsyganyuk






Sobre el Autor...



Nacido en una remota población de los Cárpatos (Ucrania) en 1972, Oleg Tsyganyuk se licenció en Bellas Artes en la Universidad Subcarpática Stefanyuk (Ivano-Frankivsk, Ucrania) en el año 1995, especializándose en arte figurativo, dibujo técnico y trabajo artístico. De carácter riguroso y cerebral, sumándose su voluntad de trabajo y dedicación, cualidades que le han permitido evolucionar de una forma rápida y contundente en sus creaciones en los últimos años, logrando diversos premios y protagonizar diferentes exposiciones colectivas o en solitario, de las que destacan, entre otras, las realizadas en la Galería “Guerdon”. Exposición individual. Lviv, Ucrania (2000), Sparkasse. Exposición colectiva. Nuremberg, Alemania. Stadtmuseum y la Exposición colectiva- Erlangen, Alemania, (ambas en el 2001), la realizada en la Galería “Isartis”. Exposición individual. Erlangen, Alemania (2002) o la que hizo en la Galería “Interior”. Exposición colectiva. Kiev, Ucrania (2002). En el 2004, ya asentado semidefintivamente en Barcelona, hizo una breve escapada hacia Polonia, donde realizó una última exposición en el Este Europeo, en la ZPAZ Galería de artistas plásticos. Exposición colectiva. Wroclaw, Polonia. A partir el 2004, expone en diversas galerías y centros culturales, en Barcelona, Terrassa o Sant Cugat, ejerciendo al mismo tiempo, como profesor de pintura y dibujo en algunos Centros Cívicos y Casas de Cultura, cosa que combinó con la participación en alguna conferencia y alguna colaboración esporádica en alguna revista.
Actualmente, y después de haber realizado exposiciones en varias galerías de Barcelona y provincia, está preparando un concepto de pintura jamás visto, del cual me hizo un breve avance hace tan solo una semana, diciéndome que “es tangencialmente diferente de lo que he hecho hasta ahora, ya que he añadido un acicate nuevo al concepto pictórico que he llevado a cabo hasta ahora: la diagnosis clínica de la obra antes de trazarla”. He aquí un concepto científico que este paradigmático pintor establece en el arte que expresa que, conociéndolo, estoy seguro que dará mucho de qué hablar.




Copyright:

De la fuente para la biografía, pinturas e imágenes:
Oleg Tsyganyuk©


Introducción y artículo:
LITERATURA DEL MAÑANA©

con la colaboración de:
Ángel Brichs©
Escritor y crítico de arte



Publicado en este blog bajo el consentimiento del autor:
http://www.literaturadart.blogspot.com/



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