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domingo, 13 de junio de 2010

El graffiti, crónica de un arte urbano (Dossier)








"Como los bosques cambian las hojas en el transcurso de los año, y las primeras caen, así se extinguen las palabras vetustas, y a la manera de los jóvenes, florecen y están en boga las recién inventadas. Nosotros y nuestras obras nos debemos a la muerte."
Horacio (Epístola a los pisones, 60-63)








A menudo, cuando nos adentramos en el arte de nuestros días, es decir, el que se está cocinando mientras leemos este artículo, descubrimos toda una serie de fenómenos y tendencias que se caracterizaron por una base común que las une: su primitivismo. En los últimos diez años, una nueva forma de hacer arte ha ahondado en esfuerzos, frente a las variantes convencionales de cuantos vanguardismos hayan existido, para transportarnos hacia una retrospectiva histórica donde el artista se ha replanteado, después de décadas de ingente materialismo y fabricación de arte por encargo, la existencia de él en el mundo que le rodea.
Un sustrato cultural, producto de un arte cada vez más globalizado, donde todo vale, sobre todo si es provocativo, se adueñó durante los noventas del mercado; no obstante, con el cambio de milenio, un vacío existencial producido por la pérdida de las causas en las que luchar y los avances de las nuevas tecnologías, que han pervertido el proceso de creación del lay out, han sumido al artista en una profunda catarsis revisionista donde la misma existencia de todas las variantes artísticas conocidas son, a menudo, cuestionadas.




Fotografía: Obra "Tomorrow", de Josep Cárceles (1988).








Pero este artista moderno, habiendo superado ya, y dejando de lado las modas que lo eclipsaron durante el último lustro del siglo XX, se ha convertido en emblema de un nuevo estilo de arte social, ecológicamente sostenible, e inspirado en motivos minimalistas y maximalistas, donde el entorno en el que yace y, sobre todo, el espectador, ha de reflejarse en él. Esta aportación, nunca vista en arte, desborda una nueva visión en la que el artista debe conectar con la realidad que le rodea, dejando -en menor proporción- su talante individualista, para componer una imagen distorsionada, pero verídica, del entorno en el que vive, a menudo muy parecida a esa Amarcord, propia del neorrealismo felliniano de los 70 y 80.



"La verdadera historia del Arte Moderno no nace de la enunciación sumaria y subjetiva de algunas ideas generales, sino de un estudio de las técnicas y de una amplia descripción de la variedad de los grupos humanos, extraordinariamente fragmentarios y siempre en vía de disolverse y recomponerse, que participan en la producción e interpretación de todos los objetos estéticos incluidos aquéllos de carácter utilitario".
FRANCASTEL




No queremos decir por ello que hayamos vuelto sobre nuestros pasos pero, sería arriesgado el decir que entre el Art Noveau y el graffiti no existe tanta diferencia como creemos. El interés del hombre en dar la vuelta a todas las cosas y regenerarse en cuantas variantes artísticas hayan existido, ha marcado siempre su carácter, y por consecuencia, evolución. No es de extrañar por ello que el grafito, en cuanto a tendencia propia de fines de los sesentas, se haya venido influenciando de conceptos sociales -principalmente el cine, el cómic o la moda-, que nunca antes se vieron. Un cambio de enfoque que diagnosticó un fenómeno que iba a cambiar la misma esencia y estética del arte para siempre.

"Mientras que el fenómeno Dadá se nos viene concibiendo como una revolución del todo, el Pop Art se canalizó como un circuito artístico más compacto, personalizado, donde el peso conceptualista del autor y las metodologías, o líneas artísticas, jugaron un rol predominante".





Desde el paleolítico hasta nuestros días, el hombre siempre ha manifestado escenas sociales, pintando sobre paredes y muros hechos de su vida cotidiana, o escenas más complejas y/o subjetivas de la realidad que lo envuelven. El grafito es, por tanto, en su formato interno, algo más que un arte nuevo o un antiarte, como ven algunos; es ante todo un concepto social, público, expresivo, vital. Una imagen que nace -en parte- de la evolución que ha mantenido la estética del cartel y la publicidad a lo largo del tiempo. El único cambio: el wall (el muro), entendido como soporte de un canal de comunicación que contiene un mensaje y produce diferentes reacciones en el receptor (el espectador). De él, se entrevén dos significados, uno, semántico, y otro, estético, pero -ante todo- queda provisto de una imagen conocida como 'icono', la cual añade un principio de conexión indirecta con el público. Ejemplos que podemos ver ya en las obras de cartelería de Muckä, típicas del Modernismo, como 'Etoile du Nord', 1927, o el anuncio de la Expo de Weimar de 1923. Estas réplicas de lo que comentábamos recrean un concepto claro, por el que siempre se destacará ese formato público de concebir el arte: la expresión, entendida ésta como la unión -según Hjalursler- de la expresión, relación y contenido (ERC).



Foto: Jean-Michel Basquiat.






Con frecuencia identificamos, erróneamente con el grafito, al letrero y la pintada, las cuales se han sujeto siempre a una modalidad socializada y colectiva, muy diferente del ideal que el mural y el tag, en sí mismo, quieren dar a conocer.
Mientras que la pintura mural se realiza encima de un soporte duradero, normalmente una pared, la pintada, lejos de recargar en un peso excesivo de la imagen, confiere mayor interés en el diseño pop, en cuanto a fotografía a todo color, como entendió Françoise Enel, y el texto, el cual puede ser literario, o bien un acrónimo, y que a menudo refleja una actitud conativa, lejos del carácter 'gótico' que representa el grafito en sí mismo; muy diferentes de los eslóganes y pintadas aparecidas en el mayo del 68 parisino, 'L'imagination au pouvoir' (La imaginación al poder), o 'Sons le pavésil y a la plage' (Bajo los adoquines está la playa).






Foto: Pintura mural de Josep Minguell, en conmemoración de la XX Fira de Teatre al Carrer de Tárrega (2000).












"El arte es diseño y la misma estética del Pop Art jugó con desventaja. El collage resultó ser algo más que un Pin up de estética hollywoodiense. La misma fuseaction con el entorno ha encumbrado a la creación del artista hacia un estado práctico donde el diseño lo es todo".


Si echamos mano de cualquier diccionario y buscamos en él la palabra graffiti, podemos ver diferentes alusiones entre las que se define como subcategoría de la pintura, diferenciada de ella misma, movimiento artístico iniciado en 1960 en New Jersey y Filadelfia, y uno de los cuatro elementos básicos de la cultura HIP HOP, donde se llama 'grafo' o 'grafiti' a un tipo específico. Unos elementos que se dan cita en Kilroy, uno de los primeros mitos del grafito, del que cuyo nombre y eslógan 'Kilroy was here', se ha visto más que una expresión social, en un sinónimo de este arte.
En sus comienzos, el grafito existió como un lenguaje, en código, producido por firmas o tags, las cuales se encargaron de indicar mensajes o marcar territorios entre bandas. No fue hasta la 'época pionera', comprendida entre los años 1971 y 1975, que una sucesión de estilos diversos hizo mella en esta anodina mezcla de arte urbano y movimiento social. Lee 163, en 1971, fue el primer grafitero que creó un estilo rápido y fácil de leer. Primer rey de la línea de metro de Manhattan -firmaba en cada vagón de la línea del Bronx- le siguieron otros como Stay High 149, Goal Cliff 120, Dino Nod, Lazar o Wicked Gary. Sus estilos eran representados por las típicas 'Burbujas' (Bubbles), el Broadway o caligráfico y el masterpiece (obra maestra).
El graffiti se ha caracterizado siempre por un estilo plástico arriesgado y temerario, cuyos artistas han vivido siempre al margen de la ley, los cuales, hasta hace muy poco tiempo, no han empezado a ser respetados. Hugo Martínez fue uno de los primeros en crear un grupo de grafiteros de élite, los cuales más tarde, hicieron posible la fundación del United Graffiti Artists (UGA), hecho que, con la aparición de artículos como el de 'All city king' en 1975, de Richard Goldstein, lanzarían el mundo del graffiti y sus componentes, a la fama.
Si en esa época la destrucción del material urbano, fue la consecuencia de ese nuevo arte naciente, la siguiente, la 'DieHard' (1976-1988), por medio de instituciones como la MTA, propiciaron una mayor disensión entre ese submundo callejero, facultando la aparición de bandas marginales y asociaciones de vecinos contrapintadas, sumando a todo ello el apogeo del crack, hecho que impulsó un cambio brusco en la línea agresiva anterior para instalarse en la 'Era movimiento limpio' (1989-actualidad).



En la foto: Sin Título. Grafito sobre nevera, de Basquiat.












El caso español



Como suele pasar con ciertas tendencias venidas del continente americano, en España el graffiti no apareció hasta la década de los ochentas, en juego con un movimiento social denominado 'movida madrileña', de la mano de escritores como Juan Carlos Argüello (muelle) o Bleck (La rata).
Ya entre los años 1982-83, se importaron diferentes estilos procedentes de USA, introduciéndose en ciudades como Valencia, las cuales se convirtieron -con el tiempo- en las capitales del 'writing' por excelencia.




El grafito social y artístico. Los 'tags' que se enfrentan.

"A lo largo de la historia, todo principio de renovación no fue admitido, por el mismo hecho de verse la idea -en sí misma- como algo subversivo, negativo. Por suerte, aunque no ha desaparecido todavía, podríamos decir que una nueva forma de entender el arte ha propiciado la sucesiva eliminación de esa conciencia de rechazo, ese mazdeísmo artístico".


Una percepción de lo dual ha caracterizado siempre al mundo del graffiti. Dos visiones que van desde la esencia de un movimiento social hacia su definición -a menudo domesticada- para erigirse como una variante y estilo artístico independiente. Dos proyecciones del grafito que analizaremos aquí desde sus perspectivas estéticas, las cuales se interpretan en dos caras conocidas del grafito catalán: Kósmick y Anna Taratiel (Ovni).
Ambos de Terrassa, mientras en Kósmick se refleja el modelo del grafitero urbano por antonomasia, Taratiel -a antigua usanza y ejemplo de Basquiat- se instala en otra línea diferente, la cual ve el arte como única meta y objetivo. Dos caras, si bien de la misma moneda, y de la misma ciudad, Terrassa, ayuntamiento de la cual, en este año, ha firmado 'un pacto de no agresión' que ayudará a la conservación de un arte que se podría a bien calificar como del mañana.


Algunos datos...




Perteneciente a diferentes grupos grafiteros desde su temprana juventud, Kósmick combina trazos esquemáticos y bien definidos, en una variante de la firma (tag), que va desde los trow ups hasta el estilo de Broadway, siempre valiéndose de la herencia del grafito de los ochenta y noventa, a medio camino entre las tendencias que se proyectaban desde Barcelona y Madrid, influenciado, si cabe, por painters como Muelle y representante de otros como Flash, Belin, Posk o Kape, algunos miembros de su grupo 'Hawaii Computers'.
Claro ejemplo de ese 8º arte, en él podemos observar la esencia del grafito de calle o de barrio, a menudo eclipsado, en su creatividad, por la influencia de la música tecno, la disciplina del Hip Hop y del skate, o la filosofía del break dance y de algunos movimientos juveniles de ámbito social venidos, sobre todo, de EEUU.



A. B.: ¿Cuánto tiempo hace que te dedicas al mundo del graffiti?
K.:
Empecé a pintar en Terrassa a los doce años, junto con MAN 12 y KURA y otros amigos y grupos de aquél entonces. Pintábamos en las paredes de las fábricas y en las rieras.


A. B.: ¿Cómo fue? ¿Te uniste a una banda para luego acabar pintando en solitario?
K.:
Había grupos que hacían cosas muy chulas. Mayoritariamente estaban vinculados al hip hop. Era una época, los 80 y 90, de eclosión de este tipo de cultura.





Fotografía: Exposición de grafitos de Kósmick y su grupo.

















A. B.:¿Fue como un intento de rebelión que había quedado sustraída antes de la Constitución de 1979, que salía a la luz?
K.:
Sí. Era una época donde no había el Nodo ni los temitas así. Más libre.

A. B.:En Madrid, en esas fechas, tenían a Alaska y Almodóvar, que fueron el germen de esa 'movida madrileña'. ¿Crees que el grafito, en cuanto a arte alternativo, podría derivarse de esa tendencia?
K.:
También. En Madrid tienen una cosa que de la que aquí carecemos, que son los escritores autóctonos, que eran los 'flecheros'. Estaban 'Muelle', RMB y otros. Ellos no se influenciaban en el estilo americano, sino en los que creaban.



A. B.:¿Madrid o Barcelona?
K.:Las dos, pioneras.



A. B.:¿En qué piensas cuando pintas?
K.:
Libertad. En una posibilidad de expresarte libremente. Pensamos que somos libres pero, en realidad, estamos con las manos atadas, según lo que nos toca vivir.


A. B.:¿Cómo te gusta pintar, en grupo o solo?
K.:
Me gusta ir en grupo, por si hay 'problemas' o , simplemente, para hacer piña. Crear ambientillo.








En la foto: El crítico Ángel Brichs rodeado de Kósmick y Kape, miembros del grupo "Hawaii Computers".












A. B.:¿Te han detenido?
K.:
Alguna vez he tenido problemillas. Pequeños problemas. Mejor que sean pequeños que grandes, ¿no?


A. B.:¿Crees que, actualmente la sociedad está en sinfonía con el grafitero?
K.:
Hay de todo. Esta cultura global, de nuestros días, hace que haya personas que te respeten y otras, hasta intenten acercarse. A otras, en cambio, no les gusta nada, e incluso querrían erradicarlo.


A. B.:¿Ves el graffiti como una expresión social o como un arte en sí mismo?
K.:
Podrían ser las dos cosas. Como una expresión social y un arte efímero; hay gente que decía 'más allá del 7º arte'. Si el 7º arte es el cine, puede ser el octavo o no. Una pieza más que hay en este planeta, ¿no?


A. B.:¿Continúa teniendo ese carácter subversivo, o ya ha perdido toda la agresividad de antaño? K.:Quizá el graffiti actual se ha dado más de cara al show. Igualmente, siempre habrá personas que, yendo por libre, harán una 'pintada' o un tipo de rayajo que no está permitido. A otras, en cambio, les tocará limpiar.

A. B.:Explícanos el porqué de tu apodo, Kósmick.
K.:
Viene un poco del cosmos, de los planetas y el tema me gusta, y, a veces es porque también soy un poquito raro. "¡Más raro que un marciano!"-como dirían algunos amigos.


A. B.:En la actualidad, muchos de los envases de sprays que utilizáis están hechos con material reciclado. ¿Estas a favor de las reivindicaciones ecologistas?
K.:
Es lo que tenemos en cuenta muchos de nosotros. Salvemos al planeta Tierra, desde el punto que a cada 'personita' le toque. Poniendo los elementos.



A. B.:El graffiti se entiende como un arte urbano, el cual utiliza un elemento nuevo: el muro, para escenificar la obra del artista. ¿Crees que debe formar parte del conjunto arquitectónico de las ciudades o debe quedar relegado a su esencia marginal?
K.:
Lo tiene también; como dice un amigo mío: "¡A quien no le guste el grafito, que se vaya de la ciudad!". Y tiene razón.






Fotografía: Mural hiperrealista realizado por un amigo de Kósmick.






A. B.:Los cuerpos de seguridad del estado, entre ellos la policía. ¿Os dejan en paz más que antes?
K.:
Hay de todo. Hay que nos hacen la vista gorda porque ven que los que estamos realizando es una cosa 'chula' y bonita.





A. B.:De momento no hay impuestos para...
K.:
No te preocupes, que para el día que toque, tendremos que pagar. Habrá impuestos hasta por el oxígeno, me parece a mí.



A. B.:En algunos países de Europa ya se han destinado barrios enteros y polígonos industriales como zonas de ocio para que los painters puedan ejercer su arte sin ser molestados. ¿Crees que sería importante hacer lo mismo aquí? Y en ese caso, ¿sería suficiente?
K.:
Creo que sí; estaría bien. Reciclar la vieja industria y todo éso. Aprovechar la que no se rehabilite para fines así, un poco colectivos, de gente. También dejar unos 'campitos' de batalla allí para que la gente pinte... y todo y no hacer tantas pintadas dentro de las ciudades, en sitios que no sean los más adecuados. Pero creo, en sí, que una cosa no impediría hacer la otra.


A. B.:¿Cómo ves el futuro del grafito?
K.:
Un poco domesticado e industrializado también, porque se adapta a las nuevas tendencias y a mezclarse con el diseño y otros factores.






Algunos datos...



"Asemejándose con obras como Pow Wow, 1979 o Landscape with Red Roof, 1985, sendas de Miró; Taratiel contrapone el surrealismo irracional de Basquiat con la intersección de compilaciones de retratos y trípticos; realizando una abstracción evasiva hacia una pintura conceptual que yace entre la poesía visual y el minimalismo más etéreo".










A medio corte entre una seudoestética que une rasgos del cómic con la esencia de colores del minimalismo y del cubismo, Anna Taratiel engloba una línea artística, el grafito, que se ha caracterizado siempre por extrapolar hacia esa esencia dadá, siempre avezada a la visión ingenua del pintor. En ella, podemos apreciar reminiscencias de ese arte callejero del que procede, aduciendo con sus perfiles geométricos y rasgos de color, esquemas que van desde el collage, pasando por el diseño gráfico hasta el modelismo, como representan algunas de las obras que este invierno pasado expuso en la Sala d'art Arxiu Tobella de Terrassa. Una diversidad de estilos para una artista que nos ha demostrado ser polifacética, acuñándose -en ella misma- ese rol de los bajos fondos del que se vale para reflejar la esencia del tecno-pop, la ilustración y el ecoart más imaginativo y novedoso, incursionando en el reciclaje y el lenguaje de calle, con la siempre yuxtaposición de vanguardias pretéritas que la reconocen como un modelo de ejemplo de ese otro futuro que busca crear.


A. B.: Desde su nacimiento el graffiti fue considerado como un fenómeno de expresión social, cosa que ha caracterizado la figura del painter como un rebelde, alguien que quiere ir contra el sistema. ¿Cree que esa persona vive en libertad? Y, ¿se siente identificada con ese perfil?
A. T.:
Vivir en libertad es algo muy relativo, no creo ni que el graffitero ni nadie pueda vivir en libertad en nuestras sociedades. Por otro lado no creo que la rebeldía signifique exclusivamente ir en contra del sistema ni que este arte deba cumplir exclusivamente con la función de transgredir las normas impuestas por el sistema, al contrario, creo que el graffiti tiene muchas formas de uso y de interpretación. Personalmente no me identifico con ese tipo de grafitero, pinto para comunicar, para compartir mi forma de expresión y para romper el monocromismo impuesto por el estado en los espacios públicos; el único espacio compartido por todos los ciudadanos.


A. B.: Si bien el graffiti en la década de los ochenta se instaló en un lenguaje combativo, ¿como lo ve a día de hoy? ¿Cree que se han perdido esas reivindicaciones? ¿Por qué?
A. T.:
El graffiti nace de la necesidad de dar voz aquellos que no la tenían. Hoy en día creo que el graffiti responde más a una expresión artística dónde pesa más la forma que el contenido. Sin embargo no creo que las reivindicaciones se hayan perdido, pues sigue habiendo graffiteros que utilizan el graffiti como acción política. Con el paso del tiempo la influencia del “street art” ha provocado una revisión del significado del graffiti y la proliferación de nuevas maneras de uso e interpretación del mismo, sin llegar a excluir la “versión” más clásica de este arte.




Imagen: Exposición de Taratiel en la Sala d'art Arxiu Tobella de Terrassa. Allí pudimos apreciar extrañas figuras con cartones, maderos y otros materiales reciclados que coinciden con esa línea ecologista que el mundo del grafito ha recabado para sí en los últimos años. Ejemplo de ello es 'Keep planet clean', epígrafe que se puede leer en un envase reciclable de un paquete de Chesterfield, el cual es obra de un conocido de Kósmick: Raúl de Dios (Dios).






A. B.: En los últimos años el graffiti, según algunos críticos, ha evolucionado hacia una variante de un arte contemporáneo nuevo. ¿Lo ve así, como un arte? ¿Por qué?
A. T.:
Por supuesto y más concretamente lo veo como el arte del pueblo, el arte de la calle. Quizás es un arte alejado de la concepción clásica de arte, pero no por ello deja de ser arte. Para mí, es arte en cuanto su intención es la de transmitir emociones e ideas de una manera cercana, huyendo de la intelectualización característica del mundo del arte.




Fotografía: Grafito en pared de Anna Taratiel. Istambul (Turquía).





A. B.: Descríbanos su método de wall paint... ¿Qué técnica y materiales utiliza?
A. T.:
Me considero una artista bastante multidisciplinar y experimentativa. Me gusta interaccionar en muros de muchísimas formas diversas. Lo que más he usado para espacios exteriores es el spray y la pintura en rodillo . Pero disfruto innovando con collage de hilos y cinta adhesiva e instalaciones. Cualquier forma de expresión es buena. Cada espacio y cada rincón efímero te pide diferentes técnicas.


A. B.: El pasado 25 de noviembre de 2009, se celebró el día internacional en el que la mayoría de países del mundo se sumaron en contra de la violencia de género. ¿Como mujer, como valora la inserción de la mujer en el mundo del graffiti? ¿Cree que continúa éste siendo un arte exclusivamente de hombres, con una alta dosis de machismo entre sus filas?
A. T.:
La inserción de la mujer en el mundo del graffiti podría constituir en sí mismo un acto reivindicativo de colonización de un mundo históricamente masculino. Hoy en día no creo que ese mundo se haya colonizado ni que las oportunidades sean las mismas para ambos géneros. Sin embargo no creo que este arte sea exclusivamente masculino, pues igual que existe machismo entre sus filas también existen mujeres que están haciendo que ésto cambie, rompiendo estereotipos, haciéndose ver, en definitiva, luchando para compartir esos espacios artísticos.








Copyright:



Fuentes para la biografía e imágenes:
Kósmick, Anna Taratiel y archivo©

Entrevistas:
LITERATURA DEL MAÑANA©

Introducción y reseñas:
Ángel Brichs©
Escritor y Crítico de Arte

Publicado en este blog bajo el consentimiento de los autores:
www.literaturadart.blogspot.com







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