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domingo, 20 de junio de 2010

Algunos pintores buenos... (Reportaje)


'Los pintores están locos; mientras nosotros -los escritores- contamos la historia, ellos juegan con ella'.
Anónimo



Ya no se trata de la herencia de nuestros clásicos. El arte de hoy prima por ser un arte desenfadado, con crisis espectaculares. El artista mejor pagado, el que la hace más gorda. Ya no se trata de apreciar lo simbólico o el abstracto, sino una simbiosis entre lo comercial y el estado catatónico del absurdo en su concepto más feo y menos bonito, más descarado y demoledor.





El creacionismo:
la sublimación en el arte contemporáneo


'Cuando hablamos de arte ideamos un libro, mas no es un valor científico el que queremos tratar sino del libre albedrío, de las gentes y sus pensamientos'.
Ángel Brichs



Hace algunas semanas, la revista 'Time Out Barcelona' nos trajo algunos de los artistas a los que denominaba 'Generación XXI', toda una serie de creadores que han utilizado las herramientas creativas que nos ofrece el nuevo milenio para crear una serie de conceptos y peculiaridades que intentan trastornar la misma esencia del arte, a la vez que regenerarlo. Oriol Vilanova, Mireia Sallarès o Daniel Jacoby son algunos de esos nuevos creadores, gente que navegan a dos aguas, entre lo digital y lo analógico. Pero vayamos un poco más atrás en el tiempo. Si lo hacemos, descubriremos que tendencias artísticas como el grafito o el minimalismo, que causan tanta sensación en nuestros días, son argumentos que sirvieron de punto de apoyo a artistas como Tàpies, Murakami o Jasper Johnes en lo que se refiere a algo que, a día de hoy, llamamos maximalismo. Pero, ¿qué sucedería si -en vez de recoger retazos de las avantgardes de las que son feudatarios esos artistas 'nuevos'-, otros decidieran elevar la conciencia del arte, siendo capaces de unir ciertas tendencias pictóricas, y en lugar de disgregar aún más el concepto mismo del arte que hoy día se produce, consiguieran crear algo diferente, maravilloso?


'Sólo mis manos logran arrancar del relieve los reflejos nacarados que mi mente persigue'.
Josep Cárceles



Para entender la vida y obra de un artista, le tenemos de conocer. Hemos de saber lo que piensa; sólo así podremos reflexionar con criterio y objetividad, y valorar -positiva o negativamente- su obra.
Uno de los principios activos de Jean-Paul Gaultier, en cierto modo heredado de su mentor, Pierre Cardin, fue la recolección como 'colección'. Sólo falta que proyectemos nuestra mirada, comparando las exóticas tendencias y exasperante estilo iniciado por Gaultier con cualquiera de las obras de Cárceles para ver una cohesión más que justificada.



'El textil, industria que vio nacer a Cárceles, se proyecta sobre su obra como un inmenso tapiz inconquistado. Y es precisamente allí, donde el pintor recrea toda su imaginación, medio unas imágenes de un imaginario que, en su vertiente profesional, le había sido negado'.


Cárceles, profundamente influenciado por su fe católica, hecho que ha dejado de manifiesto en un arte que denota un minimalismo exacerbado, nunca ha renunciado a sus infografías ultramodernas, intentando -a toda costa- enterrar los clichés que le dieron algunos críticos, para apostar por un arte que busca la perpetuidad de la obra en el tiempo.



'El creacionismo es reflexivo, ponderado, equilibrado, mental y cósmico. Sacude las conciencias tibias. Comunica un mensaje de fraternal humanidad. La denuncia en las obras creacionistas contiene un mensaje de esperanza; deja la puerta abierta a la reparación del mal cometido, y corrige moralizando'.
Josep Cárceles



En la foto: Josep Cárceles Vergés, en su estudio de Malgrat de Mar, en los noventas.



Del mismo modo que Paul Klee, en 1914, a razón de su obra 'Motivo de Hammamet', descubrió que la deconstrucción de la imagen le permitía buscar el color que necesitaba, Cárceles esgrimió una apostasía hacia el modelo artístico que había conocido, hasta que hizo un hallazgo: el modelismo. La concepción de cada obra es para Cárceles algo más que un vulgar collage, ya que es precisamente 'el relieve' lo que da forma, volumen y -en un estado más íntimo- cuerpo a sus imágenes, las cuales no se suceden como una asociación del albedrío -como suele habitar en el ingente creativo de la mayor parte de los artistas-, sino en una digresión abstractiva de los pensamientos que va a representar en su obra.


'Sí, soy autodidacta, y no me importa. Además, si hubiera ido a Bellas Artes, si hubiera ido a una academia, a una escuela, me hubiese rebelado; no quiero seguir caminos marcados, quiero expresarme de forma plena y lineal, sin sujetarme a nada ni a nadie'.
Josep Cárceles


Pese a todo, Cárceles no es un mártir de su fe. Ni tampoco es un romántico que vive, apesadumbrado, en los motivos textiles que, a menudo, ha incorporado en sus obras, ya que por encima de todo, ha comprendido: el futuro no es ayer, es hoy y mañana. Este fue el caso de Sergi Barnils, un pintor de Sant Cugat que, aun creando escenas bíblicas supo sacar partido, mezclando el naïf con el conceptualismo más propio de Miró, para hacer algo que pocos artistas han hecho: innovar.
Las formas rectilíneas y cúbicas de Cárceles son algo más que un sustrato de un cubismo caduco. En pinturas como 'el circ de la vida' o 'Alba', podemos ver una clara aproximación a conceptos supraobjetivos con esas roturas imposibles y donde la esquematización de la idea esencializa su verbo más inmediato, hechos -con frecuencia- más vistos en arquitectura que en pintura. Asimismo, es lógico relacionar obras como 'Perspective of the Stairway' de Hadid, con el afán de superación y toda esa dimensión del absoluto que emana toda la obra carceliana.
Impactar, sublimar, macroenfatizar la realidad, por medio la idea subjetiva e inherente dentro de la imagen, que deviene en moraleja, es el motor de la obra de este artista que mezcla lo epicúreo con lo moderno.


'No es suficiente de producirse la penitencia en el interior de la conciencia, sino que hace falta un acto que la manifieste'.
Tertuliano




Imagen: 'Zona de la mente' es uno de los catorce espacios individuales de la exposición del recinto 'Cúpula del Milenio', ubicado en la península del río Támesis. En esta portentosa obra futurista, la arquitecta iraquí Zaha Hadid, plasmó su interés por materializar el mundo abstracto de la mente, los pensamientos y sus implicaciones químicas.
Cárceles, analiza varias ideas de Hadid para extraer algunos de los planteamientos que cimentarían el Creacionismo. Tales son la intuición, el desarrollo cinético y la unión, como fusión entre la arquitectura -el diseño- y la ingeniería -técnica-; en el caso del creacionismo de Cárceles, esta unión se enfatiza en la conjunción de la escultura y la pintura, que es la base del sustrato creativo del artista.
Si bien el Maximalismo busca la máxima expresión del volumen, el impacto macroestético y el equilibrio de conceptos mediante una geometría imposible, hecho que lo eleva a la categoría de derivado más inmediato del Modernismo; la adaptación que hace Cárceles de éste, desemboca en la improvisación, la definición del boceto -previo estudio de la idea a plasmar, o sea, la futura obra-, montaje de la imagen -collage- e inspiración plástica -aquí presentada, máxime, en los fenómenos cubista, surrealista y conceptualista- como máxima aspiración de la modernidad. Una modernidad que, teniendo muchos matices que la comparen y asemejan al Posmodernismo -merced al desarrollo que emplea el Creacionismo en la creación de la obra, recogiendo los materiales más modernos, y proyectándola hacia los avances científicos más novedosos- continúa mostrándose como una tendencia artística que intenta exaltar a los clásicos por medio de una escenografía donde lo ultramoderno es el credo que le infunde todas sus normas y procrea su continua evolución, sin pasar nunca de moda.






Imagen: La fórmula creacionista se desarrolla en dos planos. El primer plano obedece a la suma del estudio (boceto), el montaje de la imagen -collage-, y la inspiración plástica -en el caso de Cárceles, en los tres gigantes pictóricos herederos del Posmodernismo-: Cubismo, Surrealismo y
Conceptualismo. Mientras que el segundo plano yace en la síntesis, es decir, la gnosis creativa del artista -como valor estrictamente subjetivo- es el yo o sujeto. Finalmente, el valor total del conjunto, comporta la adición de otro término -de igual importancia que los demás-: la moraleja; que es lo que da el sentido final a la obra acabada; es todavía algo más: un objetivo -frecuentemente- conectado con el mundo, con lo social.


La importancia del relieve en las creaciones artísticas se remonta mucho tiempo ha. Ya en su 'Tratado de pintura', Leonardo da Vinci hizo un diagnóstico que sería exportado a la docencia de Bellas Artes hasta la actualidad, señalando el relieve como el diagrama y línea de cohesión en que rezará la futura obra, una vez terminada. Asimismo, el humanista italiano anteponía la profundidad que versa en el contorno de la imagen -aun inacabada- a técnicas del color que buscan la luminosidad o excesos cromáticos, tales como el claroscuro, ya que -según da Vinci- no había nada que pudiese superar al contorno de la figura pintada, la cual era -en sí- argumento y centro de la obra y, asimismo, su objeto y razón de existencia.
En la obra de Cárceles podemos contemplar la evolución de técnicas tan antiguas como conocidas por todos, las cuales forman parte de ese inconsciente colectivo de Jung; forman parte de la sociedad, y de su cultura. No estamos hablando de otra cosa que de retablos y figuras paleocristianas endosadas que, desde los primeros tiempos del cristianismo han sido germen de ornamentos sacros y decorados e historiografías en millares de cavidades rocosas de ermitas, capillas, muros y doseles de iglesias y vueltas, y arcadas de catedrales y basílicas. Dichas esculturas fueron realizadas en lugares sagrados, representando asimismo escenas bíblicas o metáforas de lo social, frecuentemente amparadas en cuestiones más mundanas que divinas, sirviendo para sintetizar y estudiar las formas de pensar y obrar de una época en que los únicos datos que tenemos -en cuanto al medioevo y el renacimiento se refiere- nos fueron legados por vía manuscrita, principalmente. En un lenguaje más moderno -si cabe- Cárceles 'ha exportado' ese imaginario colectivo hacia una visión más globalizada de la realidad, donde -al tiempo de mantener el significado moral en ella- añade unos conceptos modernos y actuales, creando un estilo nuevo de un concepto que puede ser admirado como una alternativa -también sacra- a ese arte religioso que poco ha evolucionado desde el Maestro de Cardós, Jaume Huguet o Lluís Borrassà.

'A menudo, Cárceles escudriña en algunas de las filosofías orientales, como el budismo, las Vedanta o en la misma esencia del Tao, los argumentos espirituales que transportará, proyectando en su forma material, en sus piezas artísticas. Cuando recordamos las grandes efigies que los componentes de la célebre 'cruzada amarilla' encontraron en Bamiyan, con sus bustos colosales y rasgos apolíneos -herencia artística del pequeño reino que ocupó hace siglos la provincia de Gandhara- y los comparamos con los relieves que infunde Josep Cárceles en sus obras magnas, podemos descubrir la belleza de una composición pictórica, con rasgos ineludibles de marquetería, que proclaman -a voces- vestigios de artesanía que nos remontan a tiempos pasados. Si en la 'Alejandría del Cáucaso', la historia ha demostrado que la mezcla de la cultura helenística de la Bactria y la budista de la India podían ir más allá de los ornamentos decorativos, la obra Carcelinana y su mezcla de tendencias y estilos, da a entender que la unión de oriente y occidente aún puede llevarnos grandes conceptos por descubrir, algo que, en su base atávica, el Creacionismo se presta en sacar a la luz.'



Medio la construcción de collages simbólicos, orquestados como un 'fotograma pictórico', busca el visionado de la imagen en una unión de términos donde la belleza y el estilo dejan paso a los nuevos valores que imperan en la sociedad de nuestros días: sencillez, ergonomía y diseño. Al que hay que sumar un cuarto y último: la perfección. Un perfeccionismo que, en vez de rezomar un embellecimiento del detalle y un macroénfasis en la concreción de la forma, prefiere buscar un nexo de unión más elemental y esquemático, para trazar una línea y compás para 'bordar' una historia que se resume en un instante, sin dejar de utilizar -eso sí- una cosmogonía 'especialmente inventada' para ese fin. De esta forma podemos apreciar en Cárceles los valores del abstracto mediante revoltijos de formas indeterminadas, donde el ingenio creativo del inventor (el artista), reza en un ditirambo entre lo cúbico (con formas ovoidales, círculos, rectángulos y triángulos), y lo irreal, producto de algunas de las ideas subyacentes al lema por el que se compone la obra (antifaces, labios, faces semidescubiertas, sin ojos y sin 'cara'), entre otros elementos como tuberías, telas, vidrios y otros que complementan lo que -a simple vista- nos pudiera parecer una disociación de las ideas, enmarcándolo todo en una obra que es y no es -al mismo tiempo- la sinapsis directa y reflejo de los pensamientos de su creador.


Por otra parte, cabe reseñar -en Cárceles-, producto de esa avidez suya por la recolección de elementos que implanta en sus obras, un profuso interés en darle, en palabras de Da Vinci, 'un barniz eterno a sus pinturas'. De ahí podemos extraer un microproceso artístico -muy suyo- cuyo principio radica en la mayor conservación de las obras para su posterior perdurabilidad. Este concepto de 'eterno', recrea en Cárceles toda una dimensión particular de ver una escenografía determinada -aquí requerida por un paisaje dotado de distintos elementos y materiales- que requiere un tratamiento, también particular, en cada uno de ellos; hecho que eleva a Cárceles a un concepto donde lo artístico y el diseño, se funden en un mismo cuerpo -la obra final- la cual no puede ser terminada como es debido sin blandir en ella un proceso de 'purificación' de la materia que se ha utilizado, para proteger su conservación y, al mismo tiempo, impedir que se corrompa y destruya, tanto en su aspecto cromático como en su recia base técnica y 'argumental'; hecho que debe darse al ser -la misma obra- e ir más allá de una vulgar pintura, al evolucionar -como la ciencia- hacia un universo sideral, un espacio nuevo.


'La técnica de Cárceles mezcla aspectos de la física y la lógica, pero sin desprenderse de ese regusto barroco que representa -en sí mismo- el lienzo, y por colofón la pintura. Barajando un equilibro donde la masa y la potencia se ajusta a la realidad del símbolo, traza un puente silábico entre lo espiritual y lo científicamente demostrable, para expresar ante el público que las admira una conexión difícil de demostrar por métodos científicos, si no fuese por la profusión de sentimientos -que ella misma- crea y despierta'.



La entrevista:

¿Qué siente J. Cárceles cuando ha visto finalizada una obra suya?
Al finalizar cada última obra y estampar mi firma, la coloco en vertical encima del caballete. (Mis obras siempre las realizo en horizontal encima de una mesa). Me distancio de ella y la observo por primera vez en su conjunto. Es entonces cuando un estremecimiento interior recorre todo mi ser. Soy el primer espectador de una obra inédita y nueva. Me sorprendo de ver la obra materializada en el mundo físico, cuando hasta entonces la tenía creada en el etéreo (la mente).
Me cruza por el pensamiento que esa obra no es mía, es la suma de los esfuerzos de otras energías cósmicas y espirituales que me han utilizado como su instrumento para ofrecer al mundo su mensaje. No me siento el creador de la obra, sólo el mensajero.

¿Qué le impulsa a crear?
Es una fuerza interior que me empuja a crear siempre. Tengo más obras creadas en mi mente que obras realizadas físicamente. De hecho toda mi obra en su conjunto la tengo ya expuesta y realizada en mi espíritu. Sólo que al acometer una nueva obra para traerla al mundo físico, recorro mi galería onírica, escojo una y la materializo. También quiero significarle que toda esta acción la realizo con dolor y con muchos sacrificios. El gozo llegará después. Es un sufrimiento existencial que hace llorar el alma y en la lucha te vuelves más fuerte y a la vez más sensible. Mi impulso generador creativo está basado en el Amor.


¿Por qué lo hace, y con qué objetivo?
Es una carrera contrarreloj contra el tiempo. Necesito imperativamente materializarlas todas. Es una orden que noto profundamente que he recibido y esta misión es el objetivo de mi vida. Tengo la sensación de que mi obra en un futuro, será transcendental.





Foto: Josep Cárceles y el crítico Ángel Brichs, en una exposición del artista en la Casa del poble de Blanes (Girona), el pasado mes de Enero de 2010.



¿Cuál es el bien supremo para Vd.?
El Amor con mayúsculas. Si no hay la entrega de la propia vida en la misión confiada, no hay ni queda nada. La madurez me ha enseñado que al correr por las calles del mundo, pueda reconocer a cada persona como a un hermano. Mi fraternidad con todos llega al extremo de dar mi vida y ofrecer mi obra a toda la humanidad para su gozo y deleite en señal de amor.


¿Qué necesita para crear?
¡Amar! Sólo amar. Es un estado interior de suma paz y sumo bien. Quiero ofrecer un ramillete de fragantes flores al público que contempla mis obras para que se esfuercen en ser mejores personas. Despertar en ellas la bondad y el amor que tienen adormecidos. Hacerles pensar y que se observen a ellos mismos a través de mis trabajos artísticos.

¿Cree verdaderamente en lo que hace? ¿Dicha creencia es autosugestiva o es la suma de diversos factores que producen el conglomerado de conceptos e ideas en las que se cimenta su obra, y tal vez, su existencia?
Si no creyera en mi misión y en mi obra, mi vida no tendría sentido y estaría avezado al fracaso. El único talento que Dios me dotó fue el don del arte. Este talento lo he descubierto fehacientemente en la madurez. Durante toda mi vida no he dejado de crear y pintar. He tenido muchos impedimentos para dedicarme por completo al arte. Mi padre y mi familia fueron los obstáculos más grandes que tuve para desarrollarme como artista. Durante grandes períodos de tiempo abandoné la pintura y la escultura, dedicándome a actividades más mundanas y productivas. He estado de espaldas y haciendo oídos sordos a la llamada vocacional de mi alta misión. Pero todo llega en su justo momento, hasta que un rayo de luz caído del cielo te fulmina y te hace dar cuenta de que el plan de Dios para contigo es otro. He nacido de nuevo, replanteándome toda mi vida y ahora le puedo decir que he encontrado mi lugar en el mundo, mi vocación como pintor y escultor, y mi misión en él.

En usted, ¿prima lo material o lo espiritual?
Lo espiritual sin lugar a dudas. Para mí, que he decidido tomar las riendas de mi vida coherentemente, no concebiría mi arte sin el pozo espiritual de mi existencia. Mi cometido ahora lo tengo claro: aportar al mundo el mensaje de amor y fraternidad a través de mis creaciones artísticas. Huyo de la banalidad del arte actual que es fruto de la casualidad y del impulso ocasional de un determinado estado de ánimo. El arte en sí mismo nace de una reflexión profunda. La concepción de un nuevo cuadro ha de surgir de un análisis verdadero y como resultado de una honda y sincera maduración.


¿Cuál cree que debería ser el futuro del arte?
El futuro del verdadero arte tendría que ser el regresar a los orígenes. Hoy en día se ha perdido el norte produciendo productos de moda comerciales con fecha de caducidad. Toda moda es efímera y caduca. El arte ha de ser siempre actual y eterno con afán de trascendencia. Tan actuales son para mí las pinturas rupestres de Altamira, como el Discóbolo de Mirón, La Gioconda de Leonardo da Vinci, Los frescos de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel, 'Las Meninas' de Velázquez o 'Les demoiselles' d'Avignon de Picasso. Todas estas obras mencionadas fueron creadas a partir de una profunda observación de la realidad y una transmutación del autor con la esencia de los personajes a pintar.


¿Debería tener cambios el mismo, o el estado actual y su trayectoria histórica son adecuados y no deben cambiar en su estructura?
Todo el arte actual ha de cambiar para seguir existiendo como tal. El hombre necesita del arte para continuar recreándose en él. El arte ha de ser auténtico y sincero. Las formas artísticas han de huir de los engaños del momento. La belleza de una obra ha de resplandecer siempre ante los ojos del observador para motivarlo a mejorarse. Si una obra abre las potencias del espíritu es arte. En caso contrario es un objeto.


¿Forma o estilo?
Las dos cosas son igualmente válidas. El artista actual ha de ser valiente en expresarse. Se ha de arriesgar en hollar caminos nuevos. La imaginación no tiene límites. El verdadero creador no se amilana ante nuevos conceptos. Siempre prueba, sin desfallecer, nuevas propuestas. Experimenta con todo lo que tiene a su alcance tanto en la mente como en el mundo físico. Su cabeza ha de ser capaz de contener toda una sopa de conceptos, ideas y materiales para obtener resultados inéditos.
Si un artista se repite hasta la saciedad con su fórmula obtenida en un momento dado, está muerto, artísticamente hablando. No es generador de ideas nuevas. Su motor creativo está parado. Es un ser inerte, carente de nueva vida.

ELOI, ELOI, LEMA SABACTAMI. Un gran crucifijo existencial. ¿Qué representa para Vd, realmente?
El título Eloi, Eloi, Lema Sabactami que significa en Arameo “Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado” refleja el estado de ánimo que he tenido a lo largo de mi vida en relación con el abandono del amor de Dios por mí. Ha sido un proceso muy duro el darme cuenta, al cabo de tantos años, de que no estaba solo, sino que Jesús caminaba conmigo llevándome en brazos. Desde aquel momento, Él se ha convertido en mi mejor amigo, mi confidente y mi roca. Es una obra que con el tiempo se ha convertido en la pieza más importante de mis creaciones sin quererlo ni pretenderlo. Con ella quiero reivindicar la presencia de Cristo crucificado en todos los lugares públicos para hacer recordar que Jesús entregó su vida en el sacrificio de la cruz para defender la libertad, la dignidad y la igualdad de todos los seres humanos.
Que descubran en Él que el valor de la entrega de la propia vida por los demás es el valor más sublime. Que el amor que Jesucristo nos tiene nos lo demuestra sólo al mirarlo con los brazos abiertos en señal de acogida y perdón. También quiero recodar al exponerlo, que todos hemos de asumir con alegría el llevar nuestra propia cruz, ya que de esta manera aligeramos la de Él. Quiero que las personas sientan el abrazo de Dios que los ama infinitamente y hacerlos pensar.
Si cada persona que se extasía con la obra lo piensa, me daré por satisfecho.





Fotografía: Josep Cárceles, al lado del que muchas veces ha denominado 'su hijo pródigo': ELOI, ELOI, LEMA SABACTAMI. Ésta es una de las propuestas más ambiciosas del artista de Malgrat. Pese a lo que los detractores puedan pensar, va mucho más allá de la respuesta a la frase de Leide Pajín 'la religión a los templos'. En sí, Cárceles quiere contrarrestar las faustas moralinas existentes en el mundo de hoy, para poner de relevancia un estilo solidario que apuesta por el sumo arrepentimiento y búsqueda de la nobleza perdida del Hombre, preconizando esa ética carceliana que reside en el cómputo 'religión + pintura + expresión'. La búsqueda de la humildad que la Iglesia se ha negado a sí misma a lo largo de los años. Con su marcado acento solidario, sus obras no intentan socavar autoridades sino incidir en las conciencias de los Hombres y, aunque no apuesta por el mero sistema ético y cívico que ha instaurado el laicismo en la sociedad actual, sí que busca una concupiscencia -como forma de penitencia pública- para advertir a la Humanidad.

Cuando ve el mundo que le rodea: los ricos, los pobres, la miseria humana y el anonimato al que están inmersos algunos artistas, ¿qué es lo que piensa?
Pienso que Vd., yo y todos somos los culpables de esta situación.
Antes he mencionado una frase que es mía y se la recuerdo: “El mundo será o no será, si lo sabemos conquistar con el Amor”. Cuando muchas veces, paseando por nuestras ciudades observo a los mendigos y a los enfermos, lloro. Lloro de impotencia y de rabia.
Si cada uno de nosotros, con un granito de amor lo depositáramos en la mano del que pide, y le diéramos el abrazo de hermano, el mundo sería otro. No podemos creer que alguien vendrá a arreglarlo. Ni los políticos ni los religiosos ni los banqueros ni los americanos ni los ricos vendrán en nuestra ayuda.
Le agradezco de todo corazón la oportunidad que me ha brindado de realizarme esta entrevista. Ojalá que muchos artistas, todavía inmersos en el anonimato, siendo coherentes con su obra y con su vida, alcancen muy pronto el reconocimiento que se merecen.




Copyright:

Reportaje y entrevista:
Ángel Brichs©
Crítico de arte contemporáneo

Imágenes:
Josep Cárceles Vergés©

Publicado en este blog bajo el consentimiento del autor:




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