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lunes, 5 de diciembre de 2011

"Lo que el corazón esconde": amor como autopublicación



«[...] Una forma de ver la realidad desde una óptica ultracotidiana, a modo de réplica de esa línea argumental más dada al documental que a la interacción autor-lector que, igual que en el cine (Las edades de Lulú; Revolution Road...) se cimenta el guión de la narrativa de nuestros días [...]»


Ángel Brichs
Escritor y crítico literario


He aquí que, entre el constante repiqueteo de los teclados y los semi-indescifrables algoritmos numéricos del departamento de Ingeniería Nuclear de la Universidad Politécnica de Catalunya (UPC), se escondía esta pequeña joya. Una de esas tantas que pasan desapercibidas. Su autora, una de esa prole de escritoras autodidactas que lanzan torrentes de palabras al vacío (ese espacio cósmico, a menudo sobredimensionado, denominado mundo literario), esperando que alguien coja el relevo y las lea.
La novela, una mezcla de poco menos de 400 páginas que nos remonta a los relatos radiofónicos de Guillermo Gautier Casaseca y a las novelitas que solían escribir autores como Corín Tellado, nos alude a un contexto social y actual determinante: las díficiles relaciones de pareja, y la ya de por sí tantas veces tratada «violencia de género»:


«[...] Carla llevaba una gran polla de plástico en la cabeza a forma de diadema, con un velo que le llegaba a los hombros y un babero donde rezaba muy llamativamente: "Soy la novia". Las demás llevaban algo parecido, pero más pequeño y sin velo ni babero, sólo para distinguirse de otros o para acompañar a la novia y que no fuera ella la única que hiciese el ridículo. Después los llevaron en un autocar a dar una vuelta por Barcelona para ir recogiendo a otros grupos que iban a otra despedida. Cuando se hubo llenado el autocar pararon en la Estación de Sants y, como en su autocar había más hombres que mujeres, se tuvieron que conformar con la música repetitiva de "Nueve semanas y media", de Kim Basinger, mientras una tía llena de silicona se desnudaba allí mismo al ritmo de la música. Terminada la sesión, los tíos que había allí —por lo visto esperando el autocar— se habían tomado alguna cervecita o lo que sea de más, así que empezaron con sus bromitas y de paso entablaron conversación con sus compañeras de viaje [...]».



(Capítulo 35, pág. 288; Lo que el corazón esconde)


Causalidades propias de nuestro tiempo y tan antiguas como las personas descritas desde el finísimo, amargo y antiguo velo que separa esa relación de amor-odio que converge en toda pareja.








Lo que el corazón esconde
Género: Novela (no-ficción)
Autora: Encarnación Alcalde Brotons
Editorial Círculo Rojo (2ª edición, 2011)
382 págs.
ISBN nº 978-84-92849-62-8
Información y venta:




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sábado, 24 de septiembre de 2011

Libros no-religiosos

Si creían que ya estaba todo escrito en materia religiosa, se equivocaban. La editorial Octaedro nos presenta un conciso pero revelador estudio del egarense Joan Elías. En el más de medio millar de páginas de esta obra divulgativa, el autor realiza un giro de 360º, citando los aspectos más importantes de las seis religiones y algunas de las confesiones que se derivan de ellas, como resulta el apartado especial que encontramos en él, dedicado a la Fe Bahá' i.

Para concebir esta obra singular, Matas viajó por algunos de los países origen de algunas de las creencias relatadas en este compendio, el cual ha sido ilustrado con numerosas fotografías y señalado con notas que ayudarán, sino a entender, saber más acerca de las culturas espirituales que conquistaron el mundo, hasta nuestros días.



Las grandes tradiciones religiosas

Autor: Joan Elías Matas

Género: divulgativo

576 págs.

Ediciones Octaedro, S.L.

Información y venta: www.octaedro.com
 
 
 
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martes, 26 de abril de 2011

"El encantador de abejas", el fin de una saga



Con una introducción muy dada a lo espectacular (de otra parte, muy típica de las dos novelas, anteriores a ésta, que componen la trilogía de «thrillers de misterio» que vio la luz con La habitación de las mariposas), Ramón Cerdá nos sumerge en un recorrido histórico donde hará mella en los instintos más atávicos (preparándonos un excelente cóctel donde intriga, erotismo y, por vez primera, historicismo, se unen con efectos devastadores).


«[...] El suceso del deportivo y el accidente que sufre Alberto (consecuencia del cual yace en silla de ruedas), recuerda a uno de esos guiones de los episodios de la ya extinguida serie norteamericana Twilight Zone, con ciertos visos a algunas piezas maestras de la filmografía contemporánea (como El coleccionista) [...]». Ángel Brichs

Reencarnaciones, dejavúes, símiles entre planos de conciencia y edades históricas que se unen en una traslación de mundos que conseguirán absorber al lector a lo largo de sus páginas, limitando el hilo conductor de la novela a pequeñas coincidencias, poco apreciables ante una lectura corrida. En esa línea, Cerdá sigue usando la técnica del narrador omnisciente para ahondar en el sustrato argumental multiplano que nos ofrecen la mayoría de sus novelas:


«[...] Al principio todo comenzó como una forma de seguir divirtiéndose asustando a los niños, pero unas cosas llevaron a otras y cuando quiso darse cuenta, uno de sus hombres estaba abusando sexualmente del más pequeño. Tal vez en otras circunstancias todo hubiera acabado con una reprimenda suya al soldado indisciplinado, pero los vapores del alcohol parecían actuar con voluntad propia. En lugar de reprenderlo, se unió a él, y pronto los tres hombres desahogaron sus más bajos instintos con los pequeños. La violencia llegó a tal extremo que los dos niños acabaron salvajemente acuchillados y lanzados al seno del río. Fue entonces cuando un especie de venganza divina en forma de plaga se abalanzó sobre ellos. Miles; quizá millones de abejas atravesaron con un zumbido ensordecedor el cauce del río oscureciendo el cielo. Los tres hombres lucharon inútilmente con sus armas agitándolas al viento una y mil veces, pero en cuestión de segundos sus cuerpos estaban totalmente cubiertos por un sinfín de pequeños cuerpos. [...]

[...] Entre la espesura de las miles de abejas pudo ver cómo sus dos hombres cada vez movían con menor ritmo e intensidad los brazos, corriendo en círculos como locos y chocando en ocasiones entre ellos. Las abejas que dejaban sus aguijones envenenados iban cubriendo el suelo en un amplio círculo alrededor de ellos; algunas acababan corriente abajo. [...]».
(El encantador de abejas, p. 50)


Historias dispares (aun con puntos en común) que convergen, al final, en el habitual epílogo inquietante y sorprendente al que suele tenernos acostumbrados este autor, el cual se jacta de destripar (a lo largo de la obra) argumentos paralelos que describirán, siempre, el gozo de la sangre y las vísceras, algo que carece de etapas históricas, descubriendo que la crueldad cambia bien poco, a excepción de aquéllos que la ejecutan. Un nutrido grupo formado, entre otros, por Merrick, Jack the Ripper o Herodes, unidos en una gesta literaria que nos puede recordar algunas obras de Giovanni Papini, eso sí, aparcando la especulación histórica para guardar un especial celo en el tratamiento de los personajes reales que aparecen en la novela (ello sin dejar de crear polémica: como veremos en María, la madre de Jesús, la cual también jugará su propio papel).



«[...] Influencias claras a algunos de los grandes de la novela de terror (como Stephen King) se dejan entrever en las páginas de El encantador de abejas, quizá hasta ahora, la novela más madura de Cerdá, y aunque el cotejo de escenarios-acción-contenido no sea muy original que digamos, sí posee retazos que te pueden llegar a sorprender, cosa poco difícil si tenemos en cuenta algunos nombres de los capítulos de la primera parte: Cómeme, Eructaré después de comerte o La madre de Dios [...]». 
Ángel Brichs
 
 
Y como ya es habitual en el valenciano, ese componente erótico al que siempre nos tiene acostumbrados, se funde con el misterioso mundo de lo paranormal añadiéndole también, esta vez, un interés especial al texto:

«[...] Cuando quiso darse cuenta, absorto como estaba con los movimientos de sus pechos, la otra prostituta se había desnudado completamente y hacía gestos obscenos hacia la ventana. El vigilante aplaudía y reía. John estaba asustado, a la vez que mareado y excitado. A pesar de la angustia que sentía, no podía frenar la erección que amenazaba con romperle los pantalones. La prostituta desnuda, mucho más guapa que su compañera, se acercó a él y lo abrazó por detrás sin dejar de mirar hacia el cristal, donde los rostros babeantes no dejaban de reír. John notó la presión de sus grandes pechos en las protuberancias carnosas de su espalda.
—Ya basta, ya basta —dijo el vigilante que había recuperado la compostura.
—Vestíos, que esos de ahí fuera no han pagado lo bastante como para que esto pase de aquí. Tal vez otro día os deje continuar hasta el final. Será divertido ver cómo se corre la alimaña esta. Debe de ser verdaderamente asqueroso —añadió riéndose la gracia. [...]».
(El encantador de abejas, p. 68)


«[...] Una novela que entretiene. Muy recomendable para llenar nuestros pequeños ratos de ocio y, con suficiente acción y erotismo para asegurarnos una buena distracción en el verano que se acerca, el cual estoy seguro de que será algo más caliente y brutal, para aquellos que la lean. [...]».
Ángel Brichs








Título: El encantador de abejas
1ª edición (2010)
ECU -Narrativa
Género: novela de misterio
Autor: Ramón Cerdá
371 páginas
Precio: 21 €

Más información en:

 



domingo, 17 de abril de 2011

"Shalom Sefarad": todo un éxodo literario

Siguiendo el camino de autores como Noah Gordon o Peter Berling, G. H. Guarch nos desvela las andanzas de David Meziel, un médico sefardí de Toledo que vivió de cerca el éxodo provocado por el edicto de los Reyes Católicos. Una etapa poco tratada de nuestra historia, que, escrita en clave de novela de aventuras, cobra vida en esta sin par obra bastiendo, al fin, ese período histórico que cambiaría España para siempre. Con el muy usado recurso formal de narrar en pasado desde el presente, el protagonista nos descubrirá a lo largo de las más de 350 páginas de la novela (a modo de diario), las apasionantes peripecias por el mundo de la época, tan sujeto al género de viajes como prolífico en el aventurero. Y ello el autor lo hace con un lenguaje práctico, aunque no exento de una rica sartén de academicismos que infunden rigor y belleza a la obra, la cual también nos deja un marcado gusto poético a la hora de ensartar las frases en un contexto histórico donde el trabajo del novelista (como siempre en este tipo de obras), consiste en una doble tarea: de una parte, ser genuino en el contexto seudoinventado (ello asiendo un lenguaje actual sin dejar de lado un vocabulario que haga remontar al lector a la época en que ocurre la acción); y de otra, crear una atmósfera que sumerja al lector en la misma época (tarea ardua que requiere un exhaustivo trabajo de investigación). Algo que Guarch nos muestra con un estilo académico poco puritano, utilizando un léxico sencillo, evitando sobrecargamientos retóricos y añadiendo una agilidad capitular con una fuerta dosis de acción y una proliferación masiva de escenarios sugerentes, pero huyendo de estilos más comerciales que dan poco credibilidad a la Historia y sí al contenido.


«[...] Cuando escribes una síntesis histórica (ensayo), puedes ser todo lo original que quieras, pero cuando a ella le añades un argumento (novela), te tienes que meter, no sólo en la piel del personaje inventado sino coger la máquina del tiempo e irte a vivir allá. Y para lograr el máximo rigor en éso, el lenguaje es fundamental. Al margen del trabajo agotador que requiere este tipo de género, por más, el autor debe de proyectar una vena lírica especial (ser doblemente escritor), ya que de lo contrario puede caer, como tantos, víctima del academicismo y de la parquedad léxica. En fin, saber desmitificarlo todo para conjugar, sin perder esencia ni estilo, una lengua viva, natural, que ha de llegar al lector tanto en forma como en contenido, pero sin cansarlo [...]».                     Ángel Brichs (crítico literario)



A modo de resumen...
En el primer capítulo, la familia de David (el protagonista principal) es asesinada, víctima de uno de los progromos que asolaron la España de la época. De allí, y ya en el segundo capítulo, Salomón Benassar objetiviza acerca de su situación y le insta hacia su próximo fin: la huida, no sin antes prepararle el terreno (si tras la fuga de su casa se había hecho hombre, con Salomón se había convertido en estudiante). Ahora ya estaría preparado para vivir en un mundo incierto, ávido conocedor de las leyes que en él habitan. Un léxico muy entendedor nos sigue relatando historias temibles y, en El monasterio (capítulo 3), de expulsiones y saqueos, torturas y quema de infieles, pero ante todo, apercibiendo la finísima capacidad para la supervivencia, y profundo sacrificio, que ha caracterizado desde antaño al pueblo elegido. Aun lejos de vivir en armonía y comodidades, no pierden las tradiciones que acuñan su religión. Más allá, salvajismo, asesinatos, ganas de vivir. Y allí, en la nueva casa de Dios, encontrarían a los criptojudíos (falsos conversos); monjes de ascendencia judía, que, adoptando nuevos nombres cristianos podrían seguir con sus vidas, entre las insignes fauces de sus brutales perseguidores. En ese monasterio, Meziel aprende a dudar y a saber escoger, comprendiendo además, si cabe, los misterios que se esconden tras los frágiles ladrillos de esa gran biblioteca sacra. Allí descubre que el mundo no es tal y cómo se lo imaginaba, sino mucho más absurdo, frugal e, irreflexivo en muchas realidades y antagonismos que, escapan de la razón y añaden visos de fanatismo, más viejos que el hombre, y fáciles de controlar por aquél...


«[...] La forma de relatar del autor, muy conservadora y más propia de descripciones sumarias y resúmenes protohistóricos, denota su formación religioso-académica, y cierra filas hacia una posible evocación realista de un cuadro de costumbres de los personajes, y sus quehaceres, que puntúan la historia, la cual lo convierten en un ensayo novelado, a símil de una novela de aventuras por entregas, que, a su tiempo, poco ha cambiado en su aspecto formal (tanto en léxico como en estilo), respecto a ésas, tan propias de los 70 y 80 [...]».  Ángel Brichs



 
Acerca del autor...
Arquitecto, premiado (entre otros galardones) con la medalla de oro al Mérito Cultural de la República Armenia por su novela, El árbol armenio. Ha sido Premio de Narrativa Vicente Blasco Ibáñez, 1997, es asiduo colaborador en prensa y un habitual de la novela histórica con varios títulos a sus espaldas. En Shalom Sefarad, incursiona en el difícil plano de las relaciones históricas entre cristianos y judíos en época de los Reyes Católicos. El tratamiento que suele dar a sus novelas raya entre la anécdota y un historicismo subjetivo, con un lenguaje muy fácil de captar al lector. Como nos dice Ioram Melcer, traductor de la novela al hebreo: «[...] se trata de un libro que toca la médula de la identidad de los españoles, de los hombres mediterráneos, de los judíos, moros y cristianos que formamos aquella España y que de variadas maneras siguen encontrándose en el día de hoy [...]».





Título: Shalom Sefarad, el médico sefardí
De la reseña: (2ª edición)
Autor: Gonzalo Hernández Guarch
Editorial Almuzara, 2007
ISBN: 84-96710-13-0
379 páginas
Precio: 21,95 €
Información y venta:




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domingo, 17 de octubre de 2010

Olalla García y la novela histórica actual (Dossier)


Los más deseados

Con la aparición de autores como J.G. Atienza o Arturo Pérez-Reverte, el tan ufano y -a su tiempo- deseado género histórico que se cultiva en nuestro país, ha conseguido dar un vuelco, convirtiéndose en una de las tangentes literarias por excelencia de los lectores.
Hace poco más de quince años, esta narrativa, la cual estaba predestinada a un débil -pero sólido- reducto de novelistas y escritores anglófonos que, desde fines de los setenta, habían conseguido implantar esa tendencia (Peter Berling, Noah Gordon, H. Carter, fueron algunos de esos valores), conquistaron el interés del público lector, acuñando todo un fenómeno de masas que, sumándose a esos valiosos y antes expresados nombres "españoles", trocó -para siempre- un mundo editorial y literario muy dividido, y disgregado en una miasma de géneros narrativos que luchaban por conquistar el corazón del tan ansiado, y pocas veces, conseguido lector.

Frente a todo lo que pudiéramos pensar, la narrativa histórica pertenece a un género -a día de hoy- que poco tiene que ver con la línea que trazó el romanticismo ni la versión ensayística que nos señalaban los romanos. Esta novela, en mayor experimentación -si cabe-, se jacta, a día de hoy, por ser el único género -en prosa- que requiere una mayor búsqueda de contenidos y técnicas que atraigan al lector, para lograr -con todo lujo de detalles- un interés en la lectura, gracias a una mezcla en la que lo veraz se funde con la imaginación del autor, pero con la Historia -en letras mayúsculas- como testimonio y juez de excepción; una historia que puede sernos conocida o no, pero que apura la copa de un argumento central, que evoca tiempos pasados y nos sitúa en etapas históricas que la humanidad ha visto nacer y morir, pero que sabe, ante todo, que han existido. Y es ese hecho lo que añade máxime interés a un hilo conductor que se sumirá a los designios e inspiración individual de cada autor o autora.

La novela histórica se sumerge en un mundo donde no todo son anaqueles dorados y glorias caducas sino que también existen mujeres y hombres de carne y hueso que viven y piensan con total libertad, y no como meros fetiches de la mente creativa del escritor.
Cuando escribió la escena de la batalla de Montségur, el historiador inglés Peter Berling complementaría, con su gran imaginación, unos hechos que no se relatan más que en algunos códices inaccesibles de alguna biblioteca olvidada, y no con la imparcialidad y rigor necesarios. Pero es entre el velo de la leyenda y -a la vez- lo onírico de sus personajes junto a un tema sugerente, "la cruzada contra los albigenses" -en ese caso-, donde la mente del lector y un buen guión novelado hacen el resto, logrando que hechos ocurridos hace más de siete siglos se sucedan con la misma veracidad y realismo de haberlos vivido en primera persona.
Esta narrativa sojuzga los pensamientos del autor, para ver desarrollar una prosa que se instala en lo experimental -acudiendo a una forma de narrar antigua y actual- dotada con un lenguaje culto pero no arcaico, adaptado a nuestra época con amplios matices y estilos diversos, y recreándose en un género literario donde el escritor poco puede poner de su parte salvo aquella cualidad que, al hablar de otros, pocos poseen: escribir bien. Algo que, en comparación con la prosa de García, otros autores, en cambio, prefieren recalar más en el ritmo y en el vigor narrativos que en la rigurosidad de sus argumentos, como es el caso de actuales best sellers como “El brillo de la seda” de la inglesa Anne Perry.

Sin embargo, por mucho que se haya hablado acerca del papel comercial que juegan este tipo de novelas, cada día es más común encontrar un tratamiento más elaborado del texto, donde la tarea del narrador antepone la descripción de elementos sociales de la época en la que transcurre el guión; como es en el caso de este fragmento de la de Olalla, en la que se destaca el papel de la mujer en la Persia Sasánida:

Pero existía una razón más por la que Humay lamentaba la pérdida de aquella mujer desconocida. En los aposentos privados de cada noble persa eran dos las mujeres que debían disputarse el estandarte de la supremacía: la esposa principal y la madre del señor. Mas en aquellas salas la desaparición prematura de la dama Shahrevar había cedido a la joven Morvarid, ya desde el día de su matrimonio, el cetro de la autoridad indiscutible.

Entrelazándose cada capítulo como vidas que andan paralelas al argumento central de la obra, vistas en el caso de "Las puertas de Seda" con dos versiones "objetivas" de civilizaciones que tienen más en común de lo que lo que en la sucesión de escenarios y cuadros de costumbres nos delatan antagónicas, enebran un hilo argumental rico en diálogos y escenas bélicas trepidantes, donde la meticulosidad en la gestión de los personajes y los hondos conocimientos del período histórico que nos describe la autora, añaden un interés a una lectura que ya es de por sí amena y agradable.




La novela histórica de hoy

Hasta hace pocos años, la interpretación histórica de las novelas, obedecía más bien a una propuesta para un futuro guión cinemtográfico, donde los valores documentales del reportaje ahogaban todo trasunto histórico que no interesase al autor, pasando la historia a ser un esbozo muy lejano a la realidad de la época que se retrataba.
La novela histórica de hoy exige cambios formales y estilísticos, tanto en su léxico como en la adaptación historiográfica del contenido que en ella se expresa. Por ello, es lógico encontrar -como vemos en el caso de Olalla- todo un correlato de terminologías antiguas que se funden con un vocabulario y expresiones adaptadas a un castellano "moderno" que no busca un lenguaje ampuloso y arcaico para idealizar los ambientes de la época en la que versa la historia, sino que prefiere ahondar en un contenido histórico "veraz" que yace subyacente, pero riguroso, al laberinto de pasiones, violencia y dramatismo que acuña la autora en su prosa, huyendo del ensayismo pedante de autoras como Marguerite Yourcenar y de epopeyas increíbles de cuantos Walter Scott o Emilio Salgari hayan existido, dotando al texto de una narrativa firme y bien conducida, donde el guión busca el equilibrio dentro del período histórico en el que se narra, y no al revés, consiguiendo conquistar a ese lector -cada día- más exigente.

A diferencia de otros novelistas, Olalla opta por adentrar al lector -poco a poco- en sus novelas, empezando por un desarrollo y descripción de la acción poco ágil, donde priman las descripciones de los personajes y las bellas escenografías del modo de vida de la época, para ir consiguiendo un interés progresivo, en la medida en que se lee. García utiliza algunos nexos de unión con la narrativa árabe de nuestros días, recreando una historia que se mide en un perfeccionamiento del lenguaje para una mayor interpretación del vocabulario antiguo -como vemos en el glosario que aparece al final-, sin perder autenticidad, y apostando acerca de ello como si de un obra al más puro estilo "Maalouf" se tratara.


Curiosidades:

Entre otros aspectos que cruzan el argumento de la novela -de arriba abajo- aparecen toda una serie de seudohistorias o subtemas que corren paralelos al nudo argumental. Algunas que podemos encontrar en "Las puertas de Seda" son la relación de los apóstatas (que reniegan de su fe para vivir en libertad), los cristianos renegados (que conservan su fe y viven en la marginalidad) y las rencillas que se derivaron de los primeros Concilios cristianos, los teólogos fanáticos como Novaciano, entre otras cuestiones que alimentan la fe en la lectura.
Argumentos y más argumentos que discurren paralelos a una etapa histórica poco conocida y aún menos estudiada. Una época que versa sobre las vicisitudes, valores y principios de una de las civilizaciones más interesantes de la antigüedad: el imperio sasánida.

En el ocaso de la Persia Sasánida, un episodio tan digno de ser contado como efeméride ocurrió ante las dunas de la Meca, ciudad que vería nacer a Mahoma. Cuentan las crónicas que un poderoso ejército en el que había un elefante causó gran desconcierto y devastación en la batalla, hasta que dichas tropas, producto de la climatología y la acérrima voluntad de los defensores, fueron puestas en fuga y huyeron.
La dinastía sasánida, heredera del antiguo mito persa y de los cambios históricos que propiciaron la caída de Roma y el inicio de las guerras de religión, en una encrucijada de cultos y civilizaciones diversas, frecuentemente en guerra y profundamente antagónicas, fue un escaparate histórico de quinientos años más interesante de lo que podamos imaginar, algo que, ahora -sin duda alguna- tendremos la oportunidad de descubrirlo.


El apunte:




Título: "Las puertas de Seda"
Género: Novela histórica
531 páginas
Autora: Olalla García
ISBN: 978-84-670-2524-8
Editorial Espasa Calpe S.A.
Precio: 22,90 €


LA ENTREVISTA

A.B.: Construir historias sobre los mismos hechos que la historia nos ha relatado es una tarea ardua que requiere copiosas horas de estudio y dedicación. ¿Cómo definiría la novela histórica que se escribe en la actualidad, de ensayo o de thriller?
O.G.:
Por definición, no debería ser ninguna de las dos cosas. El problema es que, en ocasiones, las etiquetas con que nos encontramos cuando buscamos en una librería obedecen más a criterios comerciales que a razones literarias. Hoy día se cataloga como “novela histórica” a cualquier thriller ambientado total o parcialmente en el pasado, incluso si su rigor histórico es más que dudoso.

A.B.: Muchos son los autores que escriben a merced de dos argumentos paralelos que se encuentran, cosa muy vista en la narrativa anglófona. De hecho, la enorme profusión de personajes que utiliza en sus obras, elimina cualquier rasgo de un hilo conductor lineal. ¿Cree que esta técnica es cómoda para el lector?
O.G.:
La linealidad de una trama no guarda relación con el número de personajes implicados en ella. En mi caso, los diferentes personajes tienen la función de crear conflictos, de abarcar las distintas formas de pensamiento que convivían en la época. Soy de la opinión de que la función del escritor no es tanto la de proporcionar respuestas como la de plantear las preguntas, exponer argumentos y dejar que lector extraiga sus propias conclusiones. Por esta razón, los diálogos son muy importantes en mis novelas y están tratados con enorme cuidado. Sin embargo, nunca pierdo de vista los elementos narrativos necesarios para conseguir que la trama sea ágil, fluida e interesante, y que mantenga la atención del lector.


A.B.: Los que compran sus novelas, ¿han de ser unos apasionados de la Historia?
O.G.:
No necesariamente. Algunos de mis lectores asiduos son, según propia confesión, personas que no acostumbran a leer ni ensayo ni ficción histórica, pero que aprecian la profunda carga humana de los personajes y las aventuras que estos viven, y que los obligan a tomar decisiones muy difíciles que, en ocasiones, ponen a prueba sus convicciones o su propia humanidad.


A.B.: Tras “Ardashir, rey de Persia” (2005) y “Las puertas de Seda” (2007) -la novela que reseñamos aquí-, usted se ha convertido en una de las referentes de la novela histórica que se escribe en nuestro país. La aparición de “El jardín de Hipatia” dio un vuelco con el estreno cinematográfico de Amenábar, “Ágora”. Hay muchos críticos que opinan que la novela histórica que se produce hoy en día tiene sentido gracias al cine. ¿Está de acuerdo con eso o cree -por contra- que dicho género, del mismo modo que la novela negra o la de corte fantástico, tiene dos tipos de lectores: los que compran porque está de moda y los asiduos?
O.G.:
“El jardín de Hipatia” es un proyecto completamente independiente a cualquier producción cinematográfica, y que me llevó tres años entre el proceso de documentación y el de escritura. No es cierto que la novela histórica (ni cualquier otro tipo de creación literaria) “tenga sentido” gracias al cine, ni siquiera en el caso de aquellas novelas que son adaptadas a la pantalla. Estoy pensando, por ejemplo, en “Soldados de Salamina”, cuyo guión cinematográfico presenta cambios evidentes respecto a la obra original; sin embargo, tanto el autor del libro como director de la película coinciden en que dichos cambios no sólo fueron necesarios, sino también acertados, puesto que, por su diferente naturaleza, una novela y una película precisan de recursos distintos para expresar un mismo mensaje o una misma emoción.


A.B.: Revivir épocas pasadas provoca una búsqueda de la espectacularidad, esplendores caducos y la vuelta a conceptos ancestrales como el honor, la patria y la camaradería, preceptos que se hallan bien conjuntados en sus novelas, al mismo tiempo que se genera una excelente caracterización de las costumbres y la vida de la época en que transcurren sus historias. ¿Qué es aquello sobre lo que ha soñado escribir pero que aún no ha escrito?
O.G.:
Tengo la inmensa fortuna de haber escrito siempre los libros que he querido escribir. Espero que esto siga siendo así en el futuro.






Algunas notas sobre la autora...



OLALLA GARCÍA nació en Madrid. Estudió Historia y realizó cursos de especialización en Salamanca, Bolonia y París. Fue profesora universitaria, ha participado en numerosos congresos y ha publicado artículos de investigación en diversas revistas especializadas. Actualmente se dedica, en exclusiva, a actividades relacionadas con el ámbito literario.
Habla cinco idiomas y trabaja como traductora literaria; entre otros, ha traducido textos de Stendhal y Flaubert. Como novelista, ha publicado Ardashir, rey de Persia (2005), Las puertas de seda (2007) y El jardín de Hipatia (2009). Su obra se caracteriza por un cuidado rigor en lo relativo a la ambientación histórica, la profundidad psicológica de sus personajes y de sus diálogos, sin que lo anterior vaya en detrimento de una trama ágil y fluida. Su página web www.olallagarcia.com incluye, entre otras cosas, información histórica suplementaria sobre cada una de sus novelas.





Copyright:


De el artículo y la entrevista:
©Ángel Brichs



Imágenes:
©Olalla García



Publicado en este blog bajo el consentimiento de los autores:
www.literaturadart.blogspot.com



La Cuba que no conocemos (Dossier)


Tras la muerte -hace escasos meses- del preso político Orlando Zapata, después de sus ayunas de más de ochenta días, múltiples protestas hicieron mella dentro de la sociedad cubana, por medio de manifestaciones, como las lideradas por la asociación "Damas de blanco", o la misma huelga de hambre y sed de Guillermo Fariñas, un periodista cubano que pedía la liberación de veintiséis prisioneros políticos en mal estado de salud.
Son hechos que nos recuerdan algunos -no muchos, por desgracia- de esos títulos que vieron la luz fuera de las fronteras de esa "particular" Cuba libre, la cual sólo es de nombre y no de hechos. Libros, novelas y poemarios que nos traen una cara nueva de esa realidad cubana, tan conocida y amada por muchos, como desconocida hasta hace pocas décadas. Años atrás, en la marginalidad y acusados de contubernio político con el gigante estadounidense, hoy día, rescatados ya del anonimato, ven la luz, descubriéndose como excelentes aportaciones literarias para ayudarnos -en profundidad- a conocer esa otra cara de la verdad, antes sin desvelar. "Última rumba en La Habana", la novela que reseñaremos aquí, es la viva prueba de ello. Escrita por Fernando Velázquez Medina, ex dirigente del grupo de pensamiento independiente "Criterio Alternativo" -hecho que le valió penas de cárcel y la expulsión de su Cuba natal-, fue finalista del Premio Mario LaCruz 2006.





Neorrealismo cubano para el siglo XXI

La prosa de "Última rumba en La Habana" puede entenderse de muchas maneras, de las que destacaríamos cuatro géneros novelescos que se baten y entremezclan en una narrativa que posee un léxico riquísimo y prima por un lenguaje donde el registro coloquial y el culto (literario), se unen en uno solo, mostrándonos una prosa de gran belleza tanto en forma como en contenido. Los géneros erótico, de intriga y de serie negra e incluso, otros más propios del cine -cosa que no es de extrañar siendo el autor un docto en esa materia- como el thriller, se dan cita en un soporte o base literaria donde el retrato de toda una sociedad es el centro y objetivo principal, del autor, en la novela.
Una obra, que, como vemos en el capítulo "Memorias del subsuelo", subraya una visión underground del paraíso habanero de Carpentier, por medio de la extrapolación de escenas y diálogos dispares, creando toda una serie de bosquejos y connotaciones simbólicas que se descubren como una tragedia griega que -poco a poco- irá tomando grandes proporciones.
Pero, ante todo, Medina pretende introducirnos en una realidad que va más allá de los paisajes de postal y lo cálido del carácter de la raza cubana, los cuales nos son mostrados -a los turistas- como moneda de cambio de una realidad muy distinta, la cual, Medina araña en toda su profundidad y magnitud, haciéndonos una síntesis muy evocadora acerca de los aspectos económicos, políticos y sociales que sacuden la vida del cubano. De todas las clases cubanas. Una réplica a un sistema caduco y pasado de moda que describe -a grandes líneas, pero bien trazadas- un esquema económico preocupante; algo que, en cierto modo, están haciendo –y con gran éxito- novelistas de otras latitudes, como puede ser el caso de Aravind Adiga, con su "The White Tiger".


Visiones, ideas, conceptos y realidades que se unen en un cóctel de pensamientos que buscan el juicio del lector, haciéndole -ante todo- pensar:




[Éste es de la tienda de dólares, traído de Panamá o Costa Rica, mientras en Oriente, me contó una reclusa de Mayarí, los cafetales de montaña atesoran tres o cuatro pies de granos caídos, decenas de cosechas perdidas por falta de mano de obra, de trabajadores acostumbrados a ordeñar las matas sin maltrato: todos han abandonado los montes durante los años ochenta, cuando la gran campaña de propaganda ensalzando las cooperativas, la luz eléctrica, los televisores, las escuelas urbanas. Ahora el café se trae del exterior, no hay luz, los televisores no pueen repararse y las escuelas gradúan alumnos sin futuro].
(Fragmento de "Última rumba en La Habana"; pág. 90).






De la misma forma que hizo el icono del neorrealismo italiano en el cine: Fellini, Medina recrea en figuras como "Abaddón el exterminador" -metáfora de Fidel- y otros apodos que salen a lo largo y ancho de la novela, un teatro de guiñol que describe, perfectamente, la psicología e inconsciente colectivo que yace en la mente de todos aquellos cubanos que no saludan al régimen, para descubrir a esa prostituta que se describe a sí misma: "Soy una delincuente patriótica".



Velázquez ha reinventado la novela social, proyectando un cúmulo de pensamientos hacia el lector, el cual los analiza y percibe, inyectándose la fuerza de voluntad necesaria para dejarse llevar por una prosa que traspúa sentimientos y pasiones de una pureza inusitada, vislumbrándose como una nube de ideas de un autor que escribe, como si pensara en voz alta.
Como una andanada de cañones directos al infinito pretendiendo rodear un todo, adentrarme en el primer capítulo de "Última rumba en La Habana" fue, para mí, una explosión de color; una vuelta al narcisismo retórico de Zorrilla y leer un libro de Paul Auster, bebiendo vodka ruso y fumando un cigarro "volado". En sí, adentrarte en la prosa enérgica y electrizante de Medina es todo un reto para el intelecto, ya que representa la historia de la lengua española en su estado más puro, cuya mezcla entre dos mundos: el tropical y el urbano (el real), se hace demoledora en todo momento, amenazando destruirlo todo a su paso, para verternos un cinismo moral del que todos formamos parte.






La novela que nos faltaba: "Última rumba en La Habana"

Editada en Nueva York y reeditada en 2009 por Ediciones Baile del Sol, "Última rumba en La Habana" representa una alternativa novelada de aquellas obras críticas con el régimen cubano, la mayor parte de las cuales se encuentran dentro del género cinematográfico -como "Fresa y chocolate"-; obras que, si bien mostraron un desencanto con los ideales primigenios de la Revolución, este autor, mediante una alegoría -valiéndose al mismo tiempo del personaje de la prostituta como su álter ego y chivo expiatorio de su discurso- nos descubre las sinrazones del sistema político cubano, donde el sexo y la violencia ejercen como disfraz de "esas mujeres de ampanga" que emulan, de algún modo, las vicisitudes en la vida de las diferentes clases sociales que conviven en la perla de las Antillas, describiendo un sistema social y económico anárquico, que evoluciona a merced de esa capacidad innata en los cubanos, que es el instinto de supervivencia.



Medina utiliza una técnica -poco vista- de narrar en presente, dado que la mayoría de hechos que se suceden en la obra han ocurrido en el pasado; con el que recrea esa casi "aventura cinematográfica", más parecida a un "Scarface sexual", para introducir unos diálogos novelados que son una metáfora de un biópic particular, o sea, de un viaje mental por la mente de su protagonista: una jinetera (prostituta) que, aun dotada de un buen culo y unas caderas que son la envidia de todos, puede ser -a la vez-, una intelectual, excelente amante y la más vulgar criminal, que, en contra de todo eso, no presume ser lista ni una excelente "compañera" ya que ambas cosas no son compatibles cuando se trata de sobrevivir; y todo ello hecho, a mi entender, de una forma brillante, culminando una novela de fácil y rapidísima lectura que, pese a no reunir las condiciones de Best Seller -por su limitado número de páginas- no deja de ser un excelente trabajo.





Dicen que en época de guerra, el ser humano es más proclive a la actividad sexual. Cuba, de un modo u otro, lleva más de cincuenta años en un conflicto, que, de una década a otra ha sido, cuanto menos, de mayor o menor escala. Es razón de más, por ello, que Velázquez haya recrudecido este comportamiento sexual en una fusión de conceptos que, sin lugar a dudas, han desembocado en su obra más significativa.












Curiosidades:


Entre la inmensa gama de escenas seudopornográficas que inundan la novela: la masturbación en la guagua, la felación en el piso de Delfín o la ruta en coche con "Manflorita", una lesbiana, emulando -de algún modo- algunos de los preceptos que se derivan del filme "Telma y Louise", Velázquez utiliza a Marguerite Yourcenar -por la boca de su jinetera: "la lesbiana escritora"-, para satirizar a los invertidos, de ambos sexos, convirtiéndola en una metáfora moral de una parte de la cultura sexual cubana, impregnado en la mala leche de una prostituta que, a menudo, se convierte en un macho, para mantenerse a flote.









El apunte:




Título: Última rumba en La Habana
Género: Novela (188 páginas).
Autor: Fernando Velázquez Medina
ISBN: 978-84-92528-25-7
Ediciones Baile del Sol
www.bailedelsol.org
Precio: 12 €





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Del artículo:
©Ángel Brichs



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El comunismo visto desde dentro (DOSSIER)


Hemos querido introducirles en la forma de vida y costumbres de los que vivieron bajo el engranaje del comunismo, mediante un libro de una de las personas, quizás hoy en día, más capacitadas para poder hacer semejante diagnóstico: Dan Lungu. Sociólogo y profesor en la Universidad de Iasi (Rumanía), forma parte de la "nueva hornada" de escritores rumanos que debutaron tras la caída del comunismo.

La novela que les traemos, "¡Soy un vejestorio comunista!" (Sunt o babâ comunistâ!, en la versión rumana original) fue el germen de una serie de entregas posteriores del autor que, tras el éxito literario que supuso "El paraíso de las gallinas", ha permitido analizar en su prosa ágil y divertida, pero no exenta de dramatismo, el conflicto generacional entre los que vivieron bajo el dictamen del comunismo, y los que apenas lo conocieron, para contar desde una visión crítica -ejercida por unos personajes corrientes- llegar al lector, no sólo para expresar una forma de vida sino apostillar acerca de los cambios políticos y económicos que propiciaron y siguieron a la caída de aquellos régimenes totalitarios europeos de la segunda mitad del s. XX, y su dependencia -a menudo precaria y con numerosas disensiones- del gigante soviético.
Opiniones diversas para un libro que intuye una imparcialidad que sólo es alterada por el punto de vista de sus personajes y la nostalgia de los que vivieron bajo la órbita comunista que choca, de frente, con la opinión de aquéllos que nunca padecieron su política de fondo.
En la novela, un sobrio psicoanálisis se traza sobre sus protagonistas, los cuales reflejan no sólo las consecuencias que propició un sistema económico con fecha de caducidad sino el carácter del rumano, y su muy "particular" forma de ver la vida.

El nudo de la obra se basa en una sucesión de "flashbacks" que describen escenas del pasado (comunismo) y el presente (democracia), sumiéndose -ambos- mediante un episodio que va perfilando el hilo conductor de la novela, y en el cual, ésta recrea sus intenciones y busca su significado. Un suceso que toma forma en un diálogo entre la protagonista, Emilia Apostolae, en la casa de Dña. Rozalia, como vemos en este fragmento:


Querida señora, éste es mi comunismo: el que le quitó el taller a mi padre, el que me corto de niña el sueño de ser pintora y el que me privó de colores toda la vida.



Una declaración que contrapone la idea que Emilia tenía del comunismo.

La parcial visión de la realidad que tiene Emilia, se va convirtiendo en un complejo ditirambo que sume a la protagonista en una crisis de ideas, aquí expresadas -en formato literario- bajo los emblemas de un nihilismo que absorbe un estilo rápido, con lenguaje llano y muy entendedor, y de un existencialismo vacuo que anuncia ese principio formal que sigue la literatura de nuestros días, la cual se instala en un halo de posmodernidad donde los conceptos "globalización" y "capitalismo salvaje" rehuyen toda teoría infundada que vaya en contra de los mismos cambios y necesidades que la sociedad de consumo nos ha impuesto sumiendo, por tanto, a la protagonista en un examen de conciencia ético-histórico, donde su plan de "resucitar al pasado" queda truncado por las circunstancias, como vemos claramente en el epílogo del libro:




En lo que respecta al gran plan de resucitar el pasado, ya no tenía tanta seguridad.



Si Ceauceascu fue en otra época considerado como "la unívoca voz del pueblo", nuestro escritor coge aquí su relevo para mostrarnos la verdadera luz del pueblo, por medio de su literatura.
Cada capítulo de "¡Soy un vejestorio comunista!" puede leerse, incluso, de forma independiente, formando subargumentos que se entrelazan con el hilo argumental que sigue la historia de la protagonista y que recorrerán -como pequeñas historias- la mente de ésta. Son, todas, retazos de un gran puzle, que, a modo de novela social frustrada, nos imbuirán dentro del ecosistema social de la Rumanía de ayer y de hoy.
Una descripción en la línea que utiliza Nabókov en novelas como "Mary", sólo que, aquí se analiza la propia Rumanía como objeto de estudio y no aquellos que emigraron de ella.

Del mismo modo en el que Fernando Velázquez articuló en su novela "Última rumba en La Habana", Lungu se vale de un personaje inventado para reivindicar un concepto político: una corriente idealista que sumió al pueblo rumano, y que pudo -cuanto menos- acabar con el régimen tiránico que lo tenía sometido; pero antes de todo ello, es preciso discurrir en el ambiente vivido en ese pasado ingrato para unos y nostálgico y amable para otros, pudiendo, así, encontrar una justificación más o menos lógica a un sistema político tan destructor, en todos los niveles, como insensato, en materia económica, para demostrar al mundo los equívocos del mismo.

El método narrativo que rige la prosa de Lungu sigue la línea de otros autores de nuestros días, como Clara Sánchez, Cormack Mcarthy, Bolaño; donde el orden de los capítulos no sigue un esquema ni orden prefijado sino que arguyen retazos de prosas finales y fragmentos dispares -como cuentos- que finalmente, el autor se encargará de unir, para dar rigor y veracidad argumental a la obra acabada. Una obra amena, digestiva y práctica, que aborda, cual ensayo, la metamorfosis que realizó el viejo sistema de Ceauceascu, y nos transporta a la etapa actual, veintitantos años después.









Curiosidades

Entre otros aspectos satíricos, la novela añade, paralelamente al hilo argumental, toda una serie de relatos e historias cortas que se cuentan como efemérides que viven sus protagonistas y aun adentrándonos en un formato más cómico todavía, representando al propio dictador, Ceauceascu, en escenarios y situaciones poco "decorosas" y hasta de escarnio -como es el caso del viaje en avión o las escenas domésticas de los Ceauceascu, frecuentemente caricaturizados y comparados con otros personajes, como el tío Mitu-, enalteciendo, ante todo, esa facultad rumana que versa en una crítica rabiosa y profunda a todo orden establecido.

¿Humor? Mezcla de Groucho Marx y Fellini, sin dejar de lado la imaginación propia que debe tener una novela, aquí representada en un anecdótico pero real, dramático y a veces, cáustico argumento, que se materializa como una crítica sardónica a toda una sociedad, ejercida desde el viejo estandarte del revisionismo, sin dejar de alardear ese toque personal de humor que lo imbuye todo y que, a su mismo tiempo y a cierto grado, desmitifica toda ideología para convertirla en un objeto común de libre uso y consumo.
Son las dos caras de la misma moneda; de un lado el recelo y la nostalgia por una estética perdida -el periplo comunista- y de otra, la falta de pudor y escrúpulos, exhibidos por la nueva generación que vino con la "revolución". Dos pensamientos antagónicos que se unen mediante un convencionalismo que sacude el polvo de una era semi olvidada, y que encarna los más descalabrados sucesos, producto de la conciencia colectiva de un pueblo y de la psicología del ciudadano de ayer y del hombre y mujer de hoy, que los viven. Y ello lo hace posible el novelista, desgranando el comportamiento y costumbres del país que lo vio nacer, analizando, con las andanzas de sus protagonistas (Protopopescu, Tucu, Alice...) unos ambientes muy reales, que se conciben como una excelente radiografía de la sociedad rumana de los últimos cuarenta años, tarea que demuestra -notablemente- cuál es la especialidad del autor, núcleo y base sobre la que reside su trayectoria profesional: la sociología.







SINOPSIS

[Emilia Burac, protagonista principal de la novela, descubre un buen día que, la verdadera revolución no yace en su amada ciudad sino en el campo; y no es precisamente cargando estiércol que el campesino ha ejercido como "alma máter" del proletariado rumano. Éste es pues, el más influyente de todos, y conectando con el poder que le fue otorgado desde la ciudad, ejerce su hegemonía político-económica en la Rumanía comunista de Ceauceascu.
Toda una serie de vicisitudes harán mella en la memoria de Emilia, la cual hará un viaje introspectivo que le llevará a tener ciertas dudas acerca de un sistema político que le dio un trabajo y un piso en el que vivir. Ante todo, Lungu nos ofrece una detallada reflexión de lo que fueron los contrasentidos del comunismo y algunas insensateces de su camarilla dirigente, visto desde los ojos de una familia de labriegos, la clase más baja del proletariado que, sin apenas estudios, viven sumidos en el orden absoluto de unas normas ilógicas que se anuncian como una alegoría de un sistema pasado de moda donde los "plátanos" sólo los comen, en sueños, los comunistas declarados, como el tío Mitu, la gente que están en el poder.
Una época que trasunta individualismo y un profundo ideal de supervivencia -por encima de todas las cosas- donde si -en ella- los propósitos de la madre de Alice se vieron colmados, ahora, las hierbas altas de los jardines y el excesivo costo del billete de tranvía dan parte del descenso en su status social que le ha traído la democracia capitalista].


Una novela muy recomendable, que, pese a describir un escenario que nos puede parecer remoto -en el tiempo- alienta acerca de los cambios que en los sistemas políticos y financieros pueden traer en la vida de los países y sus habitantes, mezclándose todo ello con la pluma satírica de un escritor con un talento innato para captar el interés del lector medio una prosa sencilla y moderna que crea criterio y le hace pensar. Por ésto, aplaudo a la editorial Pre-textos para "importar" a España esta magnífica obra literaria que, aún lejana en el tiempo -su edición rumana data del 2001- es un excelente dibujo de la sociedad rumana de los últimos años y, aún más, una lección práctica para entender -un poco más- a aquellos países del Este, recién integrados en esta, nuestra, y a veces utópica realidad "europea".







El apunte:



¡Soy un vejestorio comunista!
Género: Novela
Autor: Dan Lungu
216 páginas
ISBN: 978-84-8191-978-3
Editorial Pre-textos (2009)
www.pre-textos.com
Precio: 22 €





"Una excelente visión del carácter rumano con el comunismo como telón de fondo".






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martes, 24 de agosto de 2010

“El Ángel de la Guarda”, de Anna Skora (reseña)

Aunque no es frecuente que nos pongamos a analizar libros de autores que nos los han remitido vía e-book, hicimos una excepción con esta escritora polaca.
Leer a Anna Skora ha sido, para los miembros de esta redacción, un reto casi tan agradable de emprender como cuando decidimos empezar con la lectura -no terminada aún- de la novela ganadora del Planeta de este año, la cual está ambientada en la localidad donde, por coincidencias de la vida, también reside -en la actualidad- nuestra autora: Roquetas de Mar.






Fotografía (la segunda por la izquierda): Colaboradora en algunos programas de fomento a la lectura entre el público juvenil, aquí la vemos en una charla que realizó, el pasado 23 de febrero de 2010, en el Instituto de Secundaria “Algazul” (Almería).





Puestos ya los pies -y las manos- en la novela de esta recién descubierta autora; el caso que aquí nos trae, como vemos en el arranque del primer capítulo, Skora sigue, tal vez, el estilo narrativo de autores como Thomas Keneally o Michael Connolly, por no citar a algunos autores de la redescubierta escuela narrativa sueca, tan a la fama hoy en día, los cuales, al principio de sus obras nos introducen en el entramado de la narración no con meras apostillas, sino descubriéndonos -casi- un hipotético final, pero dejando ese halo de misterio que te hace continuar con su lectura.

El Dr. Filgmann muere en el “Palacio de Cultura y Ciencia” de Varsovia en el encuentro con unos periodistas a los que descubre su creación: un prototipo, de microchip, llamado “Ángel de la Guarda”. Si bien el doctor quiso, desde el principio, de que sirviera para controlar las reacciones de los animales domésticos, se le fue de las manos. Misteriosamente, cuando estaba a punto de contarlo todo, se queda catatónico y muere delante de ellos.
La autora, usa el perfil del narrador omnisciente, el cual ha caído en desuso en la novela de los últimos años pero, que, tras un primer vistazo clínico, el protagonista principal de nuestra historia, Tomek Borowski, se deduce como una pieza fundamental que nos ayuda a explorar un hilo argumental clásico en la novela de espías, eso sí, sin dejar de mantener un lazo de unión entre autora-protagonista, unión que se pudiera muy bien de evaluar -entre otras- en el origen polaco de ambos y su profesión periodística.


Si pudiéramos calificar en dos palabras a Tomek, en un sentido literario diríamos que es un “personaje redondo”, desde el punto de vista del lector, en cambio, podría decirse que la autora lo utiliza como una pieza de un dominó que nunca acaba de caerse, pero que en sus frenéticos viajes -que se dan cita durante toda la novela- y las intrigas, persecuciones y búsqueda incansable de “la verdad” lleva locas a todas las piezas del juego, llevando historias y más historias a su alrededor. Por eso y más cosas podríamos perfectamente apodarlo como un “messenger's tank”.


Dentro del espacio de los veintisiete capítulos, en los que se divide la novela, saltan historias y tramas que corren paralelas y que se cruzan de un capítulo a otro para entrelazarse al final.
Skora nos enlaza los capítulos como pistas. Un modo desordenado y “escalonado” de contar la historia, sin ser pedante y darle una excesiva “continuidad”, lo cual merece un interés por el lector, como podemos apreciar, acto seguido, en el capítulo 3, el cual hemos querido ofrecer como suplemento a esta reseña, y en el que podemos valorar tres cualidades de la prosa de esta escritora del este europeo: su sentido del humor, su semántica sencilla y de fácil entendida, y la amenidad lingüística de la que nos hace partícipes, facetas -aunque básicas en el entramado literario- necesarias de tener por cualquier escritor:




Capítulo 3

Borowski no era ideal, pero entre sus defectos no se podía decir que fuera estúpido. Aunque elegía una ruta absurda, el desconocido lo seguía, como lo esperaba. Sin embargo, en él también se fijaron las miradas de gente que habitualmente no veía por la calle: un hombre joven, con una chaqueta de piel negra y un bolso rojo de mujer bajo el brazo. Eso le había dado una idea, para perder la compañía. Cruzó una calle sin prisa y se detuvo frente a un gran edificio. Allí, en un letrero ponía: "Hospital Psiquiátrico de Santa Magdalena". Este truco ya lo había usado varias veces. Su primo que trabajaba allí le agradecía los momentos de diversión, interrumpiendo de vez en cuando la rutina diaria. Tomek sonrió para sus adentros: "Con este bolso parezco un idiota, pues voy a jugar el papel de un idiota." En dos saltos pasó el porche y poniendo una cara de loco entró al vestíbulo. En la recepción había un mostrador y cuatro mesas para presentar las peticiones, donde trabajaban personas vestidas con los delantales azul celeste. Una mujer ocupaba un puesto rellenando un impreso de solicitud, pero los demás, en este momento, sólo se encontraban poniendo al día tareas de burocracia, ordenando las bases de datos y preparando la correspondencia. Cuando en la puerta apareció el muchacho con chaqueta negra y bolso rojo bajo, todo el mundo levantó la cabeza. Tomek esperaba que hasta allí llegase su indeseable compañero y convencerle de que no le haría falta espiarle más.

Le guiñó un ojo a la muchacha de la primera mesa y le susurró al oído:
– Llama a mi primo, por favor, vamos a montar una escena. – La mujer sonrió, se levantó y fue a buscar al doctor Drust.
Justo en este momento la puerta se abrió y entró el hombre que espiaba a Borowski desde su salida del Palacio hace una hora.
– ¡No me podéis dejar así! – de repente gritó Tomek. – ¡Quiero hablar con el doctor Drust! ¡Soy su paciente y tengo que hablar con él ahora mismo! – seguía gritando.
– Puede usted sentarse y esperar, ya llamamos al doctor Drust – dijo una enfermera cogiendo a Tomek del brazo y dirigiéndolo a las sillas de espera.
– ¡No! No puedo esperar. Ya está aquí. Mírele. – Tomek se dirigió al hombre con abrigo gris que estaba de pie al lado de la puerta. – Me siguen día y noche, ¡quieren matarme! – Acercó su cara al rostro del espía. Así podía memorizar los detalles de su rostro y a la vez asustarlo. Luego dejó que la enfermera le llevase a la silla mientras un vigilante de seguridad del hospital intentaba tranquilizar al intruso:
– Usted no se preocupe. A este pobre chico ya lo conocemos. Yo no entiendo nada de los locos, pero él viene aquí cada semana. El doctor Drust le ingresa y luego lo suelta, dice que su paranoia es incurable.

Del ascensor salió un hombre alto y rubio, de más o menos cuarenta años, vestido con una bata blanca de médico. Tomek se dirigió a él.
– ¡Doctor! Suerte que ya está usted aquí. Otra vez les veo. Me siguen y uno de ellos me quería quitar mi bolso. – Con cariño abrazó el bolso rojo mientras continuaba la farsa. – Sé que no hace juego con mi chaqueta, pero es mi bolso favorito.

El doctor Drust notó la presencia del forastero en el fondo del vestíbulo, se acercó a Borowski y le miró. En un segundo comprendió la jugada.
– Cálmate, Tomek. Nadie te va a quitar el bolso–dijo el doctor, como si estuviera hablado con un niño pequeño, intentando ocultar su divertimiento. –Hay que llevar el paciente a su habitación. Doña Eva, ¿puede acompañarle?
– Por supuesto. Tomek, vámonos. Aquí no te pasará nada malo, tomarás una pastillita y todo irá bien. Ya lo verás. – La enfermera tenía una voz dulce y relajante. Cogió a Tomek bajo el brazo y le llevó al ascensor.

El doctor Drust se acercó al desconocido que observaba toda aquella escena con un visible disgusto y le preguntó:
– ¿En qué puedo ayudarle?

El espía pareció sorprendido por el transcurso de los sucesos. No esperaba que el doctor le atendiera tan directamente, no tenía ninguna excusa preparada. Improvisó:
– Vi a ese chico en la calle. Daba la impresión de que estaba asustado, le quería preguntar si se encontraba bien. Entonces, se echó a correr hasta aquí. Entré para asegurarme de que estaría en buenas manos. De verdad, doctor, ¿qué le pasa?
Drust podía haberse creído una explicación tan benevolente, pero conocía bastante bien a su primo y su estilo de vida, por eso estaba convencido de que aquel hombre no tenía unas intenciones tan claras. Pero no conseguía adivinar su pensamiento.
– Es un caso bastante complicado. Si usted no tiene prisa, le invito a un café y se lo cuento. Pocas veces tengo la oportunidad de hablar de mis pacientes amenamente con alguien ajeno al mundo de los psiquiatras. Para mí será todo un gran placer – mentía con facilidad. Le encantaba la idea de meter aprieto al espía.

El agente de la T estaba totalmente despistado y, por cierto, no sabía cómo reaccionar. El objetivo de su espionaje quedaba encerrado en el edificio y no iba a ser necesario hacer guardia en la misma puerta de su habitación. El doctor le pareció un hombre sincero y, lo más importante, era una posible fuente de información sobre el objetivo.
– Es que de verdad no tengo prisa – dijo fingiendo perplejidad.
– Pues, estupendo. Aquí tenemos una "mini-cafetería" para los empleados del hospital, podemos sentarnos tranquilitos allí. – El doctor abrió la puerta de cristal y le llevó por un pequeño pasillo hasta una salita con dos mesas y dos maquinas, una de café y otra de refrescos.
Cuando ya estaban sentados con dos vasos de plástico llenos un líquido que intentaba simular a un buen café, Drust preguntó con plena serenidad:
– ¿Cómo se llama usted?
– ¿Yo? Hm… Stephen. Sí. Stephen… – el agente buscaba en su cabeza algo que se pegara bien con este nombre. Sorprendido de su inteligencia, sin pensar, disparó: – Stephen King.

El doctor se echó a reír:
– Y yo soy Bond, James Bond. – De repente, notó que solamente él se reía. De todas formas, ya había conseguido crearse una opinión acerca de su interlocutor. – Lo siento, ha sido una broma de mal gusto. Pero dígame, Stephen – a Drust le resultó difícil aguantar la risa. –¿Por qué te preocupó el comportamiento de Tomek en la calle? ¿Hizo algo?
– Ya lo dije antes. No lo puedo explicar más claro. Vi a un muchacho que echaba vistazos alrededor, como asustado o buscando algo… yo que sé. Sentí pena por él.
– Entonces igual que yo. Conocí a este chico hace años. El pobre sufre una psicosis maniaco-persecutoria. En realidad es incurable, aunque probé ya la farmacoterapia y la electroterapia. Ninguna de ellas dio resultados. Todavía sufre recaídas como hoy. Está convencido de que alguien le sigue o le quiere hacer daño. Pero todo esto no es nada más que un síntoma de paranoia. No tengo razones para mantenerlo ingresado permanentemente, porque su comportamiento no incluye agresión. Cada vez, cuando se encuentre mejor, le mande a casa; no obstante, tarda poco en volver. Lo peor es que Tomek es un huérfano y que vive solo, pues el único apoyo lo tiene aquí. Este hospital es su hogar y nosotros somos su familia. – Terminó de manera conmovedora.

Como director del hospital, no había decidido montar las cámaras en la mini-cafetería por razones económicas. Ahora lo lamentó. Le gustaría ver la cara de su primo escuchando la historia que acababa de inventar. Se quedó pensativo, y se le ocurrió otra idea.
– Que triste – dijo Stephen King.
– De verdad que sí. Y el bolso rojo que llevaba ¿te llamó la atención? – preguntó el doctor.
– Claro que sí. – contestó el espía con cara de poca inteligencia.
– ¿No pensaste que Tomek puede ser…? – sonrió ambiguamente y, sin esperar a la respuesta, continuó: – No, él no es gay, aunque si estás buscando una aventura de tipo homosexual, a mí me tienes aquí. – El doctor tocó la mano del agente. – Di, ¿te gusto?
El espía saltó poniéndose colorado, difícil reconocer si de rabia o de vergüenza. Empezó a soplar y, durante un buen rato no pudo articular ni una palabra. Al final, gritó:
– ¡No! Todo esto es una gran equivocación. – Se tiró corriendo a la puerta. – He de irme. No estoy buscando aventuras con maricones.
Y con estas palabras salió del hospital psiquiátrico de Santa Magdalena acompañado por el doctor Drust, que no paraba de reírse.
Mientras el doctor se ocupaba del espía, Tomek entró al ascensor con Eva, pero no subió a la planta, sino los dos bajaron al aparcamiento.
– Veo que otra vez has metido las narices donde no debías – dijo Eva.
– Imagínate que a este juego me invitó un hombre llamándome anoche. Pero no sé si lo puedo considerar una invitación, ya que está muerto desde hace unas horas.
– Deja de bromear, Tomek – didió Eva con una ligera sonrisa.
– Te digo la verdad, pero ahora no tengo tiempo para explicarte todo. Algún día, ¿de acuerdo?
– Vale, pero prométemelo. –La vida de Tomek para Eva parecía un misterio impresionante.
– Te lo juro por mi honor.
Salieron del ascensor. Borowski ya había usado varias veces el camino de emergencia del hospital, no le hacía falta guía, así que se despidió rápidamente:
– Gracias, Eva, y hasta pronto. – Y le dio un besito en la mejilla.
– Venga, cuídate, loco.

Tomek cubrió el bolso rojo debajo de la chaqueta y corriendo rodeó los coches del aparcamiento. Luego, pasó a través de los contenedores de basura, en el patio trasero del hospital. En unos minutos ya estaba en la calle Picasso, saltando por la escalera en el bloque número 12, donde vivía. Llegó a su piso y cerró la puerta detrás de sí. Respiró.
***


“Una novela divertida, amena,
con un lenguaje sencillo, que atrae al lector”.


Ángel Brichs,
Escritor y crítico
literario
Miembro del AELC
www.escriptors.com .







El apunte:


Título: El Ángel de la Guarda
Género: Novela (Ficción-espionaje)
Autor/a: Anna Skora
Editorial: Círculo Rojo
http://www.editorialcirculorojo.com
info@editorialcirculorojo.com
216 páginas
ISBN nº: 978-84-937235-4-5
Precio:
13,95 €
También disponible en e-book (Consultar).












Anna Skora (Wroclaw, 1976) estudió estudió Psicología en la Universidad de su ciudad natal y, a la vez, terminó la licenciatura en Turismo. Su pasión por la literatura la empezó ya desde muy joven, ganando varios concursos literarios en su país y trabajando, más tarde, para varios periódicos a nivel nacional. Debido a la enfermedad de su hijo, en 2004 emigró a España en busca de buen clima y puso raíces en Roquetas de Mar (Almería). En 2009 publicó su primera novela escrita en castellano: “El Ángel de la Guarda”.
Uno de los grandes objetivos de esta autora es el fomento de la lectura al público juvenil, hecho que llevado a cabo, repetidas veces, en los colegios de Almería, Granada, Jaén y Motril, presentando la literatura como una faceta imprescindible para el intelecto y progreso de la inteligencia humanas.
En tan sólo unos meses, el libro "El Ángel de la Guarda" ha “volado” litreralmente de las estanterías de todas las librerías. Ahora, la escritora -en cooperación con el Ayuntamiento de Roquetas- ha lanzado una segunda edición, la cual, como se anunció hace algunos meses en LITERATURA DEL MAÑANA, fue presentada con gran éxito en la feria de Sevilla de este 2010.

Con dos nuevas novelas publicadas este año, “Cuando un cadáver me parte el tacón-vacaciones en Roquetas de Mar” y “Brujería genética”, Skora va consolidando -poco a poco- una faceta literaria de la que carece de limitaciones, presentándose como una de esos nuevos nombres de la literatura que se cosecha cada año en nuestro país.







Copyright:




Fragmento de la novela e imágenes:
©Anna Skora.


Reseña:
©LITERATURA DEL MAÑANA.
Publicado en este blog bajo el consentimiento de la autora:
www.literaturadart.blogspot.com .






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