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jueves, 20 de agosto de 2009

¿Qué es el Suprarrealismo?

Hace meses, se publicó en este blog un par de artículos que hablaban de una forma nueva de entender el arte. Tal forma era la conjunción de dos visiones (la literaria y la pictórica), prometiendo una nueva fórmula de ver el arte, que sus creadores (Albert Sisteró y Ángel Brichs) denominaron Pintura literaria. A posteriori, y paralelamente a la primera surgió otra que determinaba el inicio de lo que luego entenderíamos como, más que un movimiento artístico, una “forma de pintar”: El Realismo Escenográfico. Ahora, y después de varios estudios al respecto, uno de sus creadores, nuestro colaborador y crítico de arte “Ángel Brichs”, nos presenta un capítulo “inédito” de su próximo ensayo, ahora en fase de edición, intitulado “EL SUPRARREALISMO”, para ayudarnos así a entender como valorar los logros de esta novedosa tendencia:



8. El camino hacia la Suprarrealidad

En la actualidad, en el mundo, la gente vive inmersa dentro de una realidad simbólica que engloba cualquier acto, por ridículo que parezca. Hace pocos días, el presidente de Estados Unidos George W. Bush estuvo en Bagdad dando una rueda de prensa en la que fue agredido por un corresponsal, el cuál, después de insultarle repetidas veces, tuvo tiempo de lanzarle dos zapatos antes de que ser inmovilizado. Por suerte, el presidente, no sufrió ningún daño, haciendo gala de su agilidad, al esquivarlos. Este ataque, por suerte frustrado, fue motivo de polémica durante varios días, y aún sigue siéndolo por todo tipo de colectivos, por no decir en los países árabes (hasta un magnate Saudí ha ofrecido algunos millones de dólares por ese par de zapatos). Este es el vivo ejemplo de lo que anunciábamos al principio. La humanidad, ahora y siempre ha estado englobada desde sus principios en una simbología constante que entraña motivos y causas que de alguna manera afectan o están de relevancia en la vida y obras del Hombre. Por tanto, igual que reflejamos en el capítulo anterior con el cuadro “The language of Earth”, mostrando el efecto catalizador que ofrece la pintura literaria, al incluir en el lienzo un texto que es metáfora y un dibujo, que es el ideograma de ese texto, obteniendo esa atención del público hacia él. Y no por que el texto sea asombroso, sino porque el dibujo da por él todas las explicaciones. El público capta al instante su significado. Lo comprende todo a la perfección. El artista ha conseguido el objetivo propio de su obra al conseguir que el público se refleje en ella. Pero, vayamos más allá; ¿por qué el espectador se deja impresionar? ¿por qué entiende lo que sucede al instante? La explicación que podemos dar al respecto tiene mucho que ver con los impulsos sensitivos de que hablábamos al principio, pues más que todo, el ver una imagen, en este caso la representación de una realidad: la miseria de los países que sufren inundaciones, conseguimos, gracias al sentido de percepción del conocimiento humano, unir todo el contenido que engloba toda la obra en un mismo acto y “rápidamente”. Si preguntáramos a cualquier espectador, en una galería de arte, delante de esa pintura literaria, lo que representa, todos nos responderían correctamente, e incluso mucho nos dirían que han visto esa imagen en la televisión o en una revista.



La realidad supera a la ficción. Todos comprendemos, pero si objetivizamos el arte sobre algo atemporal, categórico, anecdótico, siempre daremos en el clavo, siempre nos entenderán. Es este el camino tan buscado, es este el camino hacia la Suprrarealidad, que, sin perder su connotación artística, impacta e impregna al público con un simbolismo, para conducirlo donde se quiere. Sin subjetivismos vanos, que sólo reflejan una espontaneidad alucinógena y desproporcionada dela mente de su autor, sino algo objetivo, en definitiva, la estandarización de la idea, pero, a diferencia de lo que pudieran parecer sus antagónicos (el hiperrealismo y el realismo) que solo reflejaban una representación de algo, frecuentemente un costumbrismo o un objeto inanimado, el Suprarrealismo, consigue esa trascendencia sumiendo a la persona que admira la obra dentro de la realidad , su realidad. Éste es pues el sentido de la Suprarrealidad. No es la recreación de lo barroco ni del perfume helenístico de la herencia romántica ni los entresijos de la mente lo que busca esta forma pictórica sino la misma esencia de lo que somos, rapidez, frugalidad, impacto de los sentidos hacia una misma cosa: la vida misma.


La Suprarrealidad y sus connotaciones sociales. Formas del Suprarrealismo.

Toda expresión pictórica tiene puesto su barómetro en diversas variantes formales de las que se sirven sus artistas para expresarse. El surrealismo fue creado con el objetivo de hacer la revolución a todo lo existente hasta la fecha. Pero al igual que el realismo con el impresionismo y el expresionismo fue derivando hacia otras tendencias como el cubismo y el dadaísmo. El Suprarrealismo, no obstante huye de esa satelización del arte. Es en sí el movimiento más discreto, ya que a diferencia de todos los movimientos artísticos que han existido hasta ahora, que han querido representar una forma especial de poder creativo dentro de la sociedad, este último solo quiere unirse a ella. Y como al mismo tiempo quiere emplear a la sociedad consiguiendo captar su estado de ánimo, tanto del espectador como del personaje de la obra, eso debemos articularlo en base al sentido común, a esa conciencia de lo risible, de la circunstancia, como antes se ha mencionado.
La perfección no es la representación de lo perfecto, algo atemporal, frío y sin mácula ya que eso no es más que la robotimia del arte. La perfección no es más que la imperfección de todo aquello que nos rodea. No nos fijamos en lo que está bien, sino en todo aquello que vulnera un orden establecido, en aquello que está mal (un error de un político, las bufonadas de un famoso, la moralidad, la pobreza del Tercer mundo, el dinero fácil, la estafa, un robo, un asesinato, el terrorismo, las guerras, el Sida). ¿Por qué crear un mundo aparte con el trabajo que tenemos con el en que vivimos? ¿No es más elocuente ser un vehemente artístico que un académico del arte? ¿Para quién hacemos el arte, para nosotros o para el mundo? La única forma que yo veo de hacerlo es siendo real, pero yendo más allá de lo real, alterando al público, produciéndole impacto lo que ve, hasta pudor si queremos decirlo así. Sólo así conseguiremos el fin deseado, sólo así conseguiremos abarcar todo el arte del que todos formamos parte.

Por lo general, podemos describir las formas artísticas del Suprarrealismo, abordando diversos ámbitos de nuestra sociedad, como en un periódico. Tales son:




La Política
La Salud
Las relaciones humanas
La economía
La docencia o lo académico
El arte
La Naturaleza, la fauna y la ecología
El espacio y el universo.
La ciencia
El deporte


Y se preguntarán, ¿dónde está el humor? El humor no existe sin mundo. Lo cómico no tiene cabida en un mundo sin conceptos y ésos ya se han enumerado. El suprarrealismo es la noticia pictórica de nuestra realidad. Pero no una vulgar fotografía ni una escenografía barata sino la realidad y simbolismo interno de nuestra estancia terrenal. Por ejemplo, si hablamos de política y economía a la vez podemos verlo en un cuadro en el que se ve un grizzly (oso pardo americano) que sale de los doseles del edificio del Dow Jones Buiding de Wall Street persiguiendo a unos brookers desnudos, mientras al otro lado de la calle les espera una multitud enfurecida, entre los que destaca al futuro presidente Obama. Mientras que si se habla de salud, podemos sugerir un cuadro dónde se distinguen una cola interminable de personas en el Hospital de la Vall de Hebrón de Barcelona después de lo del Carmel, mientras que un Ronaldinho en el banquillo partido sí partido no da cuenta de un FC Barcelona derrotado en lo que respecta a deporte.

No es por tanto la escena lo que cuenta, sino lo que vemos en ella, es decir, nuestras conclusiones, nuestros pensamientos, en una palabra, lo que somos y lo que no pensamos, y yendo más allá, anunciando a todo el mundo lo que somos, aunque a veces no nos atrevamos a decirlo.



Copyright:


Del fragmento del libro, imágenes e información para el artículo:
©Ángel Brichs






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