¿Qué lecturas os seducen más?

domingo, 14 de marzo de 2010

El efecto deseado (relato)



'Me tenía completamente desconcertado. No sabía qué estrategia tomar ni qué camino seguir. Estaba, como se dice a veces, en blanco.'
Ángel Brichs



Después de los besos, uno y dos, los que depositas o te depositan en las mejillas, poco sentido físico de la realidad es lo que sueles hallar. Te desvaneces. La cordura no va contigo. Toda capacidad de razonar adecuadamente se invierte por completo y un sentimiento atemporal, instintivo, primitivo y sinestésico, como la pintura musical de Kandinsky, te invade y te penetra. Esos son los primeros enfoques que le das a una posible relación antes de predecir el futuro que te espera. Se trata de haberla conocido; son sólo los primeros instantes, no puedo decir de pasión mas sí de suspense e intriga, la que todo cuerpo de mujer puede causar en un hombre; puede causar en ti. Pero no consiste en un algo material sino de un deseo inconcebido, un todo inmaterial que trasgrede a la razón y la existencia. Si nos pudiéramos quedar en ese instante, indeterminado, indefinidamente, ¿qué daríamos a cambio? Ése que es sinónimo de un infantilismo de lo más primitivo y, a su tiempo, mezcla de un mundo epicúreo y fantástico que nos abre las puertas a una desconocida dimensión y sutil concepto: el amor. Por desgracia, todo lo que viene luego trasnocha efusivamente, como un porrazo no demasiado elegante, todas las expectativas que nuestra mente veleidosa nos había trazado.

Muchas son las chicas que he conocido en mi humilde y corta vida pero, lo cierto es que ninguna de ellas había conseguido sorprenderme de forma continuada. Eso a veces puede parecerme, a simple vista, bueno, pero os lo aseguro esta vez no lo fue.
A menudo me han dicho que soy más frío que un témpano de hielo, hasta se han atrevido a nombrarme como 'el hombre de hierro' pero, más allá de todas esas habladurías yacía el temperamento de la joven que había conocido.
Siempre he sido o, al menos, me he considerado un hombre educado; nunca le haría una faena ni estropearía una velada romántica con una mujer. La haría reír, sería sugerente, simpático y a la vez, para que ella captase mi atención, distraído.
Sin embargo, de nada sirven estos conceptos si la fémina adopta una postura de esas que se llaman 'a contra todo'. Y la verdad, el todo era muy grande, de enormes proporciones, salvaje y frío como la tundra siberiana en la que esa amazona campestre había habitado.

No hay peor disyuntiva en tu vida que creerte algo de forma intensa y repetitiva, maquinal. Te nubla la mente, te atrapa, no te deja pensar con cordura y, finalmente, te convierte en un vegetal en vida, y eso no es precisamente bueno. Luego, te escudas en un autoinventado desequilibrio emocional que te complace y te preserva de aquello que no puedes o mejor, no quieres solucionar por tus propios medios. Te cierras en banda, te sojuzgas en una marea de pensamientos vacuos y malsanos que oprimen tu pecho hacia una sinapsis terrorífica, la de tu propia existencia y la del medio en que te hallas: la sociedad. Es tu enfrentamiento con este concepto lo que puede plantearte los síntomas de las más insensible de las ingravideces humanas: el síndrome de Pigmalión.
A mí me gusta mucho el 'carpe diem', pero más escribir sobre él, que no besarlo, por eso la dejé.



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Copyright:


Del relato:
Ángel Brichs©


Imagen:
Abi Pap, 2010©


Publicado en este blog bajo el consentimiento del autor:



1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola, Àngel. No soc molt bó fent crítiques. Només se que m'agradat.
jordi leal

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