"Los personajes de Padrós me parecen entresacados de un film de Elia Kazan y, en algún momento adquieren carácter testimonial de la generación que perdió a Marilyn, James Dean, Dios y posteriormente el "Ché". Y detrás de las pérdidas y de la historia que nos cuentan está Antoni Padrós en un film de auténtico carácter independiente." Enrique Vila-Matas (escritor)
Notturno Malefico
Su rostro apareció con el maquillaje cuarteado, desdibujado y sudoroso a través de las arrugadas sábanas. Almohadones de satén negro, que decorados con motivos japoneses olían a pesados perfumes orientales. Con sus afiladas uñas ribeteadas de negro, rascó con énfasis sus grasientos y rizados cabellos rojizos. Notó un molesto picazón por todo su cuerpo, resecas migajas de pan se clavaban en sus blancas, traslúcidas y fofas carnes. Con una pereza de siglos apartó las sábanas y un caliente hedor a orines inundó la estancia. Estiró el brazo con notable pesadez y cogió un cigarrillo egipcio del desordenado cajón de la mesilla de noche. Ésta era de un marcado estilo fálico, el cigarrillo era de color de cielo y tenía la boquilla dorada. Sus ojos se iluminaron una décima de segundo, seguramente pensó que era bello. De nuevo hurgó en el cajón. Rosarios, crucifijos, corales, polveras, preservativos, un manifiesto del Opus Dei, la mano de su último amante, el ministro de la guerra, la tarta de cumpleaños de su quince aniversario. –¡Al fin las cerillas!– suspiró. Encendió el cigarrillo y cerró los ojos.
Pensó que era demasiado tarde para lavarse, además tenía hambre. Un pedo largo y más bien tonto, se le escapó con lentitud dominical. Algo desagradable y marrón le salpicó las pernas –Hoy me pondré las medias negras– murmuró, mientras llenaba su boca glotona de peladillas.
A través de la ventana se filtró un hilillo de luz que fue a posársele indiscreto en el culo.
Samuel entró en la estancia y dijo socarrón -¡qué bonito culo tienes!- mientras aquella aureola de luz seguía posándose en el trasero de su amante.
Gertrud, bajando los ojos, se tapó sin azorarse, casi con delicadeza, y con un falso pudor dijo: -Bonjour mon chéri.
Samuel miró con odio aquel lascivo cuerpo que torpemente se le insinuaba bajo las sábanas. De un tirón abrió los espesos cortinajes. Un imperceptible polvo se desprendía de ellos, mezclándose con un Sol blanco que inundó la estancia. Gertrud sintió morirse, una espuma verdusca salía a borbotones por su boca y nariz, aquella luz penetraba su cuerpo, su rostro aparecía surcado de miles de pequeñas arrugas, sus ojos azules y diminutos estaban llenos de espanto. De nuevo sintió que se moría y gritó: ¡Quiero morir! Quiso esconderse entre los almohadones. Al fin consiguió taparse la cabeza con la sábana, tiró con fuerza de ella, quedando nuevamente su trasero al aire y al Sol. Fue en aquellos precisos momentos cuando Samuel pensó seriamente en deshacerse de ella. La observo con profundo asco y dijo con un amable tono de voz, -Querida, como siempre, ¿quieres que te sirva el chocolate en la cama? –Ella asintió con un débil, -Oh! Yes, my dear boy- mientras seguía allí, en la cama, empeñada en rascarse el trasero.
Seguía aquella pesadez, aquella pestilencia cerrada. El Sol parecía atravesar aquel techo hecho de ángeles y oscuras guirnaldas de rosas que bajaban lentamente, escurriéndose entre las doradas o amarillas flores de lis quemadas por el polvo, hasta posarse asfixiante en el tapizado suelo, de un rojo descolorido por el Sol. Platos sucios, montones de colillas exóticas, rosarios de azabache que centelleaban desde el suelo. Gertrud al fin debió conseguir ponerse una media. La otra colgaba de un gracioso orinal de porcelana, pero era demasiado tarde: un fuerte chasquido salpicó toda la estancia de un líquido pardusco, casi rojo: su brazo colgaba inerte de la cama, blanco y frío, su mano aparecía llena de escamas de licor seminal, mientras reposaba con dulzura sobre un gran charco de sangre.
Al terminar este relato y con lágrimas en los ojos, que no traté de enjugar, di gracias al Altísimo y me retiré a mis aposentos, con la esperanza de soñar con la misteriosa desconocida, la Marquesa Gertrudis Von Papen, cuyo nombre me atormenta día y noche. Quizás mañana, quizás en alguna frívola recepción de embajadores o tal vez en algún palacio episcopal la suerte me sea propicia, y logre atisbar su belleza angelical resurgir de sus propias cenizas.
Algunas notas sobre el autor...
En la imagen: Antoni Padrós -con las manos en alto- en el rodaje de Shirley Temple Story
"Le film catalan Shirley Temple Story, de Antoni Padrós (1975-76) était une sorte de "happening" dans la programmation du festival. A. Padrós a un tempérament de cinéaste délirant."
Leos Carax
Encontrarán la biografía completa del autor consultando el siguiente enlace:
http://literaturadart.blogspot.com/2009/12/antoni-padros-i-el-seu-cinema.html
Artículo e introducción:
con la colaboración de:
Del relato e imágenes:
Publicado en este blog con el consentimiento del autor:
No hay comentarios:
Publicar un comentario