¿Qué lecturas os seducen más?

martes, 3 de agosto de 2010

Notas al margen: algunos poemas de Ángel Brichs


Errores que no tienen nombre


Aprovechar mi juventud
es algo que no he hecho,
al menos, no como otros.
Mi carácter obtuso y mi personalidad ingrávida,
mezcla de un éter mal compuesto,
ha coadyuvado mi tormento
mi búsqueda de mi mundo interior,
mi soledad.
Un deseo irrealizable
me impulsó a situaciones complejas
y a padecer algunas relaciones,
autodestructivas
sexuales, de adicción
a las drogas, a la mano, al alcohol.

Pero no es fácil afrontar el destino
cuando buscas terminar;
cuando ves que todo lo que te rodea
es una mentira,
una irrealidad;
la vida se vuelve tormento,
tus deseos: locuras,
y tu visión de las cosas
y de tu mundo,
una solemne mortaja
que teje las alas de tu corrupta posición,
tu futuro inexistente,
sumiéndote como estéril deseo
de tus particulares sabores:
un prozac y trabajar sin descanso.
Es luego, cuando ves que éso,
precisamente, te domina,
siendo tú, el bicho amargo de tus tribulaciones,
un auténtico comparsa
que vaga sin rumbo ni objetivo
por los paraísos del alma,
tejiendo autoterapias sin fundamento,
para hacer creíble aquello que nunca tendrá lógica,
vistiendo un mundo introspectivo
que amenaza con derrumbarse,
en todo momento,
y tú, solo ante él,
buscas la manera, la forma, el camino
que te llevará a huir de todo,
de tu familia, de tu trabajo,
de tus pocas canas y perfil de adulto,
para regresar a esa juventud
más interesada que soñada,
para volver a ser joven
ya que alguien ya fuiste,
eres y vas a ser;
es sólo lo que pides,
un pequeño retiro
para tu espíritu,
un espacio de pureza
que es de él
y no tuyo,
que es aquella parte que rehuyes
a todas horas,
que te despierta por las noches,
que no te deja dormir,
no te deja soñar
ni ser ni existir.

Dos caras opuestas,
faces mitológicas,
como las de Jano, que,
como tormento de un Polifemo
se ceban en tu físico, en tu persona,
tanto en el exterior como en el interior y,
mutuamente, amenazan tu derrota
excepto porque te propusiste un día
igual que ahora, de nuevo,
que buscarías ésa tan ufana renovación
de tu ser, de tu existencia,
mas no de tu intelecto
ya que éste es el único que te mantiene a flote
de las desgracias que has vivido
en tus carnes, en tu sangre, en tu boca.
Y al fin y al cabo ves que, unos errores sin nombre
no son el ocaso de una vida,
ni la tuya ni la de nadie,
siempre que algo puro la salve.

Creo, gozar de ese favor divino
ya que la inspiración, dicen,
no es un vehículo cien por cien humano;
me costó diez años descubrirlo,
aunque hoy sé que lo he hecho,
y no lo voy a dejar escapar,
nunca más,
y aunque, en ese aspecto haya evolucionado
respecto a un pasado también vivido
por esa faceta mía que me ha salvado
de un destino fatal, más de dos veces,
sé que ahora no hay vuelta atrás.
El pasado, pasado está;
el futuro, es mi aventura,
y es en estos términos que
comenzar de cero
no es vergüenza alguna para mí.

He observado, he vivido y por fin, he renacido,
todo lo vivido hasta aquí, ya no me importa,
que lo escriba el destino,
yo escribo lo mío,
que es lo que me soporta y me ayuda
a mí mismo y me hace la vida más creíble
más llevadera, y más real,
personal, física, experimental.

Creo, gozar de ese favor divino
de ese amor fraternal
por las ciencias, del arte:
la poesía, la música, el cuento
es todo lo que soy,
y no pienso renunciar a ello.
Pienso ser yo mismo
como nadie ni como yo.
Ya he trazado el paso más elevado,
¿adivináis cuál es?
Lo estoy escribiendo ahora.

Mi conciencia ha sido, por fin, alterada.
Al fin, tras tanto buscar, he hallado,
me hallado a mí mismo,
y en tal precepto, he conseguido renacer;
sólo falta ya evolucionar, crecer, vivir
pudiendo ser joven de nuevo
aprovechando todo el tiempo, el nuevo;
el perdido ya no existe,
tú has resucitado,
no hay vida anterior, sólo la que ahora
rigen tus manos y fluctúa en tu cerebro.
Tú la dominas, te dominas a ti,
ella ya no,
y éso te satisface,
te ayuda a vivir
a soñar, a crear,
a desterrar unos errores
desconocidos ya,
y por consecuencia directa
a escribir sobre tu destino,
un límite ahora franqueado
del que sólo tú decides,
entre un texto y otro
como lo quieres vivir.












A veces pienso

que no existo
que yerro, sin rumbo,
por paraísos olvidados
de mi mente
de mi razón
de mi inconsciencia
de mi vivir.





Pliego velas


y sujeto el esquife
las jarcias me ayudan
y yo, vago lisonjero
sabiendo mis amigos:
levante y marejadilla
juegan en mi equipo,
navegando a mi favor.















Delhi

Ciudad de los mil cultos,
viajera intemperante,
gran madre elefante
que saludas al viajero y
confundes al amigo.
Ciudad de las cuatro religiones,
ciudad de la distancia,
de los templos, jardines y palacios
de la plaza exótica y
de puertas que todo lo abren,
ciudad de diplomáticos
exceso cromático,
especie impura y abstracta,
pestilente y agraciada,
donde la opulencia cohabita con la miseria,
donde el dinero vale igual que la vida;
ciudad sin esperanza
gran urbe del agotamiento,
de la polución y la mentira,
de los negocios y de los jóvenes placeres
dotada de un olor inconfundible
que te indica dónde estás,
te recibe cuando llegas
y te ignora con tu marcha.
Pero, mientras estás
sabes algo: yaces en el centro de un imperio
al que saludas para corresponderlo
y sin buscar respuestas
hallas mundos etéreos,
complejas realidades.
Por fin has comprendido:
ella te ignora
tú la omites,
ella lo ve
y te abre sus puertas;
ya no eres viajero sino amigo, y
en el curso del viaje
ella te habrá poseído
y tú, dejado;
ya no puedes hacer nada,
la victoria es completa,
has salido derrotado
y ella, contigo;
nombre de un nuevo romance le pones
de la novedad, histórica
de la vida y de los pueblos,
del Raj y sus colonos,
unión de pensamientos,
de ideas, de fines,
de misterios
sin resolver;
de pasiones idealizadas
de romances infructuosos
y amistades peligrosas;
ella se defiende, se alza
y ataca,
su mordedura es fatídica
su beso, mortal,
pero sigue siendo la puerta
de civilizaciones
de gente
de mundos
por descubrir. Aunque gélida
amante que no te quiera nunca
te hará sufrir
y aceptará como esposo,
querrá hacerte llorar
y tú llorarás con ella
de melancolía, de tristeza,
mas el impacto que te cause
te despertará de tu sueño,
el cual, en tus devaneos,
sueño será y nada más.

Sólo Delhi
la Nueva y la vieja
te saludará cual mujer impía
a la que tú no podrás nunca tocar,
igual que en harén extraño
cuando te invitan pero no eres convidado;
es luego cuando ves que estás de paso
y toda belleza indescubierta se quedará así, sin descubrir.
No importa, otros vendrán
y la redescubrirán, por ti, no por ella
que está y siempre estará,
ya que en ella reside la inmensidad del fuego
de las almas que la visitaron
y de todos aquéllos que, ansiando conquistarla
nunca lo hicieron del todo,
ya que ella es de ella,
y de sus valores, distintos a los tuyos
y tú de ella.



En toda su dimensión
extiende sus brazos a todo el que anuncia su llegada,
pero nunca los cierra fraternal,
ella no es diplomática
ni civilizada
es muy diferente
y siempre lo será. Sobre todo de ti y
de todo lo que representas.
Así es ella, esplendorosa, fútil, engreída,
pero no hostil ni resentida. Mas
nunca golpeará tu puerta
ni te desvelará por las noches;
deberás escoger,
ella nunca te perseguirá,
deberás descubrirla, visitarla,
y fruto de la experiencia, conociéndola,
sabrás quién es y tal vez, un poco más,
quién eres tú.




Copyright:

Poemas:
Ángel Brichs©

Imágenes:
"Obras variadas"
Autores: Josep Cárceles©, Giuseppe Sticchi© y Abi Pap©

Publicados en este blog bajo el consentimiento de los autores:
www.literaturadart.blogspot.com




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